Por Rosario Hasperué* / Edición Canal Abierto | “Tengo 40 años, soy viejo”, dice Cheick Guye, referente de la comunidad senegalesa en La Plata. Hace seis años que está en la Argentina, lo recuerda con exactitud, desde el 2 de junio del 2014.

“Desde que estoy en el país siempre he vivido en La Plata”. Llegó porque acá estaba su tío. De Senegal hizo escala en Madrid, luego viajó hasta Ecuador y de allí comenzó a bajar hacia la pampa húmeda, en una ruta que hacían todos sus compatriotas antes del cierre de fronteras por Covid.

“No tenía el visado para entrar en la Argentina, el visado que tenía era para entrar en Ecuador”, explica. Antes de venir a este país estuvo seis años en España: “ahí tuve muchos problemas y tenía que volver a Senegal. Estuve en Senegal un año y medio y tuve la necesidad de salir otra vez, y hablé con mi tío que estaba acá, donde algo se puede ganar para sobrevivir y ayudar a la familia, porque nosotros, la comunidad senegalesa que emigra, no emigramos por cada uno, sino por una sociedad donde siempre el hijo mayor, o el más grande de la familia, si no tiene la oportunidad de conseguir trabajo en Senegal tiene que salir para buscar en otro lado y juntar dinero para que la gente pueda vivir. Porque toda la familia que tengo ahí, lo que comen, su gasto mensual, lo tengo que conseguir yo”.

Cheick se pone nervioso y le sale un tic. Por eso patina algunas letras en su español, que pronuncia con esfuerzo.

En su pueblo de origen quedaron su mamá, sus hermanos, su mujer y dos hijos. “Bastante familia, todos dependen de mí y mis hermanos que estamos afuera. Al final de mes los que estamos afuera juntamos dinero para que ellos puedan tener alimentos y lo que haga falta: la luz, el gas. Para que estén bien por lo menos un mes, cada mes tenemos que conseguirlo. Por eso estamos afuera, porque nos cuesta conseguir esto en Senegal”, relata

Su pueblo se llama Ben Farach, es de la región de Louga, al sur del país africano. “Mi pueblo es chiquito, no hay nada, solamente hay agricultura, y sólo son tres meses, junio, julio, agosto y en septiembre se termina -explica-. Los nueve meses que quedan no se hace nada, el que quiere trabajar tiene que salir a una ciudad. Los más grandes se pueden ir a conseguir un laburo, pero ahí los laburos no son tan buenos para mantenerte vos y tu familia. Por ahí tenés que tener mucha suerte que te permite eso, pero casi no hay, por eso salimos a migrar, a buscar afuera”.

 

La venta ambulante no es una elección

“Uno viene a un país y no tiene documentos y por ser extranjero te cuesta conseguir un laburo, pero no nos gusta estar en la calle, no nos gusta la venta ambulante, yo prefiero tener un laburo en blanco y a la mañana salir a trabajar y a la tarde ir a descansar, y que nadie te moleste. Pero si uno no encuentra lo que quiere, tiene que hacer con lo que tiene”, explica Cheick

Senegal no tiene embajada en Argentina ni Argentina la tiene en el país africano. “No tenemos adónde recurrir, la única embajada que a veces nos representa es la de Senegal en Brasil, y no nos representa en todo, en algunos casos. Lo hace a través de una asociación que está en la Ciudad de Buenos Aires”.

Cheick consiguió su DNI como argentino. Pero aún así no puede conseguir trabajo en blanco: “No, qué va, buscás en casi todos lados y muchos no te quieren tomar, antes de tomarte van a tomar a un argentino o a alguien de piel blanca”.

En La Plata se encuentra una de las comunidades senegalesas más grandes del país, son alrededor de 220 migrantes. Algunos empezaron a trabajar en blanco en la construcción “gracias al ‘Pata’ Medina” dice Cheick. Pero cuando detuvieron al sindicalista de la UOCRA “echaron a todos”.

 

La venta ambulante no es delito

  • “Sabemos que no es algo legal pero no es un delito, por eso lo hacemos. Tampoco somos tontos para ir haciendo delitos, si lo hacemos es porque sabemos que lo único que podemos perder es la mercadería, pero no hay un delito por vender en la calle. Cada uno va por su cuenta. Cuando llegué acá, mi tío me dio mil pesos y con eso fui a Once a comprar mercadería y después me puse a vender, cada uno lo hace por su cuenta”.
  • “Ahora vivo con mi hermano y mi sobrino pero no llega nadie más, porque la frontera de Ecuador está cerrada. A veces vas a departamentos donde hay cuatro o cinco, a veces siete. Se vive con los que se entienden mejor y los que son más familiares”.
  • “Obvio que se extraña. Yo tengo dos hijos y mi mujer, mi mamá, mis hermanas. Extraño mucho. Si fuera por mí y si tuviera el dinero para que a mi familia no le falte nada, el día de mañana me voy y no vuelvo más. No quiero estar acá, estoy acá porque no quiero que le falte nada a mi familia. No es que me gusta estar en Argentina o en Europa, me gusta más mi tierra. Si lo que consigo acá lo pudiera conseguir en Senegal no salgo más”.
  • El objetivo es estar acá para juntar plata y volver para intentar hacer algo, un negocio, algo para poder quedarme al lado de mi familia”.

Primera entrega de una serie de entrevistas a trabajadores senegaleses -una de las comunidades migrantes más relegadas en nuestro país- que comienzan a afiliarse a la CTA Autónoma  La Plata-Ensenada con el acompañamiento del equipo de migraciones del Sindicato Joven CIS-CTA.

 

*Secretaria de Comunicación y Difusión de la CTAA de la provincia de Buenos Aires.
*Fotos: AG La Plata

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