Por Agencia CTA | Andresito es una localidad ubicada al norte de Misiones, a pocos quilómetros de las Cataratas del Iguazú. Allí se producen 50 millones de kilos de yerba por año, y la mayor parte de su población trabaja en esa cosecha y en la limpieza de los campos. Es en la organización de estos trabajadores y trabajadoras rurales donde nace el Sindicato Único de Obreros Rurales (SUOR Misiones).

En este contexto de pobreza y precarización laboral, el SUOR se propuso abordar la erradicación del trabajo infantil en el territorio, acompañando el cuidado de las hijas e hijos de las mujeres que diariamente trabajan en el campo:

“Si no tienen donde dejar a sus hijos y los llevan al campo, dejan el colegio y sin saber leer ni escribir terminan como mano de obra asegurada para estas mismas patronales”, explicó Ana Cubilla del Nuevo Sindicalismo Rural.

Fueron las mujeres del sindicato quienes se organizaron en torno a esta problemática histórica y consiguieron un espacio -en calidad de comodato- para el cuidado y acompañamiento de las familias que trabajan en el campo. Con manejos mafiosos, el principal contratista Juan Carlos Portillo, con el aval de la UATRE y por orden de las patronales empresarias tomó ese mismo espacio y sacó de manera violenta a quienes estaban acondicionando el predio.

Se trata de un local que consiguió SUOR para abrir allí un espacio de cuidado de hijas e hijos de las trabajadoras rurales, con el objetivo de erradicar el trabajo infantil, acompañando a estos chicos y chicas a que puedan terminar la escuela y pensar en acceder a la universidad.

Si bien en Argentina el trabajo de menores de 16 años está prohibido por ley, y se penaliza a los empleadores, la última Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), elaborada por el INDEC reveló que 206.635 niños y niñas de entre 5 a 15 años trabajan en zonas rurales.

El desalojo comandado por Portillo incluyó amenazas de muerte con un fuerte odio racista y misógino: “Nos gritaban negras de mierda, las vamos a matar”, contó Cubilla y explicó: “La reacción es fuerte porque tocamos intereses muy grandes. Con esta iniciativa estamos cortando un círculo que lleva décadas funcionando así en la provincia. En estos chicos y chicas lo que ellos ven es mano de obra analfabeta y esclava”, explica.

“Necesitamos nacionalizar esta problemática, porque lo que está en juego es el futuro de nuestros hijos y si van seguir siendo mano de obra segura y esclava o si van a poder estudiar”, dijo Ana Cubilla y ratificó: “vamos a avanzar en la justicia, porque tenemos los papeles y el predio nos corresponde a nosotras”.

Libertad y democracia sindical

“Las patronales del campo tienen intereses que ya conocemos, y quien debía hacerle frente es la UATRE, que hoy tienen la representación mayoritaria de los trabajadores del campo junto con RENATRE y OSPRERA. Pero ellos no solo no defienden los derechos de las y los trabajadores rurales sino que son cómplices de estas patronales”, denuncia Cubilla, y explica que así ocurrió en relación a las tercerizadas –que son ilegales-, y también en el conflicto con la Resolución 125 del 2008.

Esta connivencia de los distintos poderes en la provincia le dio origen al SUOR, que hoy tiene presencia en varias provincias e integra la Federación de Trabajadores de la Actividad Primaria, que en estos días define su incorporación a la CTA Autónoma: “Peleamos por nuestros derechos como trabajadores y trabajadora, pero también tenemos un proyecto más amplio, como la erradicación del trabajo infantil, y la justa distribución de la riqueza”.

 

 Publicado originalmente en Agencia CTA / ACTA

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