Redacción Canal Abierto | Con la nueva misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que arribó hoy al país, el Gobierno buscará renegociar la deuda de 44.000 millones de dólares que penden como espada de Damocles sobre las finanzas nacionales.

Según anticipó el ministro de Economía, Martín Guzmán, el plan argentino es lograr un acuerdo de facilidades extendidas. Y esto, para el sociólogo e investigador del Conicet en la Unsam y Flacso Pablo Nemiña, “solamente nos está hablando de la estructura financiera del acuerdo, nada dice acerca del contenido”. 

En efecto, el plan del gobierno de Alberto Fernández es convertir el préstamo stand-by, acordado por el macrismo, en uno con vencimientos a largo plazo. “Ese es el principal incentivo para el Gobierno hoy: que los desembolsos que consiga los vaya a repagar en un plazo que va desde cuatro y medio a diez años, mientras que el stand-by se paga entre tres y cinco años”, explica Nemiña, coautor del libro Neoliberalismo y Desendeudamiento. La relación Argentina – FMI.

¿Eso es lo mejor que se puede obtener de un acuerdo con el FMI en esta situación?

-Lo que se acaba de anunciar es sólo el marco en el cual se va a negociar. Este marco lo que dice es que Argentina está priorizando extender los plazos de repago a cambio de aceptar algún tipo de condicionalidad estructural. Parece razonable. Generás una curva de repago mucho más accesible. Está apelando a generar las bases para reestablecer el crecimiento.

También lo que está sugiriendo es que estos acuerdos tienen una carga de condicionalidad estructural más alta. Las reformas estructurales son las reformas previsional, fiscal, laboral, etc. Cuanto más se pide más concesiones hay que otorgar.

¿Es posible un acuerdo con el FMI que le saque la soga al cuello a las finanzas nacionales sin ceder ante las presiones para hacer un ajuste en las políticas públicas y reducir el déficit fiscal?

-En términos sustantivos hay bastantes más puntos de acuerdo entre el Gobierno y el FMI de lo que uno puede suponer. Eso tiene que con que el Fondo Monetario viene mostrando, por lo pronto discursivamente, una cara más heterodoxa, más concesiva y más contemplativa con la situación de la Argentina y los países en desarrollo afectados por la pandemia.

Se habla de un Fondo “más bueno”…

-Hay montones de ejemplos para contradecir esto, históricos y recientes, pero discursivamente el Fondo se muestra diferente. Después veremos cuánto de esto se traduce en acciones concretas. Pero ya es un punto de partida interesante.

Algunos le adjudican gestos de ortodoxia económica a Guzmán en los últimos tiempos, ¿coincidís?

-Hay algunas visiones, tal vez un poco extremas, de la heterodoxia que dicen que no hay inconvenientes en que vivas con déficit fiscal. Es cierto siempre y cuando vos emitas una moneda que sea demandada por los actores económicos locales, que todavía no es el caso de la Argentina. El día que los actores económicos ahorren en pesos, demanden pesos para sus transacciones y registren sus excedentes en pesos, esa será otra situación. Como no la es hoy, eso genera una restricción, un margen más estrecho para hacer política económica, en especial monetaria y fiscal.

Lo que el Gobierno está diciendo es: la Argentina va a crecer, porque nos va a traccionar todo el mundo. En esa etapa de crecimiento aprovechemos para ir reduciendo progresivamente el déficit fiscal. Dada esta restricción estructural, vamos a ir hacia un sendero de equilibrio fiscal muy razonable en términos de no ahogar el incipiente crecimiento y, mientras tanto, vamos a generar las bases para que aumente la confianza en la moneda nacional, sea demandado el peso, y en el futuro eso permita tener un déficit fiscal sin tener los inconvenientes monetarios que suelen afectar a la Argentina.

¿Cuáles son los puntos álgidos a discutir?

-Creo que hay acuerdo entre el FMI y el Gobierno con respecto a que Argentina tiene que propender hacia una situación de equilibrio fiscal. La discusión en todo caso va a ser más cualitativa y temporal. Cualitativa es: ¿cómo va a reducir el déficit? Es probable que el Fondo haga más hincapié en reducir gasto más que en aumentar ingresos y es probable que el Gobierno trate de hacer un mix: reduciendo gasto pero también aumentando ingreso, esto es gravando patrimonios, etc.

La cuestión temporal que es: ¿cuál va a ser el sendero de equilibrio fiscal? Cuanto más rápido quieras alcanzarlo, partiendo de un déficit de 7 puntos, el esfuerzo fiscal es mayor y te puede ahogar el crecimiento. Es posible que ahí haya otra discusión.

Lo mismo con la reforma previsional. El Gobierno manifestó, y está sobre la mesa el interés, que hay que hacer algo con el régimen previsional porque así como está es insustentable. La discusión va a pasar por qué tipo de reforma previsional. Lo mismo con la reforma fiscal. 

Es insustentable porque una parte enorme del mercado laboral es informal…

-Ahí se vincula con otra reforma, que es probable que el Fondo incorpore y con la cual creo que el Gobierno tiene más diferencia, que es la reforma laboral. Si el Fondo la pusiera en la mesa de negociación es posible que se genere más tensión. Otra incertidumbre son las tarifas de servicios públicos. El Fondo va a plantear reducir subsidios, sobre todo a energías contaminantes (petróleo, carbón, gas). Tiene como efecto mostrar un “Fondo verde”. Todas las instituciones financieras internacionales están yendo hacia la green economy. La discusión es formas, trayectorias, temporalidades, compensaciones.

¿Hay, entonces, más flexibilidad de la esperable por parte del FMI?

-No es Unicef, es el FMI. Es un organismo que sigue estando dominado por los países centrales, donde Estados Unidos sigue teniendo poder de veto. No obstante, hay dos cuestiones que llevan a matizar esta idea: la idea de la ownership, que vendría a ser “la propiedad”. Lo que dice el FMI es que para que los programas de reforma funcionen estos tienen que ser sentidos como propios por parte de los países. Si los países firman programas que después son resistidos políticamente en la ciudadanía, terminan fracasando. Por lo tanto lo que hay que hacer es generar coaliciones de apoyo a esos programas.

La segunda es que eso les da a los países, por una parte, una responsabilidad: si firmás, te hacés cargo. Pero también les da cierto margen a los gobiernos para personalizar los acuerdos y las reformas en función de la realidad política local. Para escalonar, secuenciar y hacer una discusión más fina de las reformas, algo que en los 90 era menos viable.

Siempre concebimos al FMI como un organismo que garantiza la subsistencia del statu quo, que los países centrales lo sigan siendo y los países periféricos, también. Si éste es un Fondo que entiende las particularidades de las economías pequeñas y acepta darles aire para el crecimiento, ¿cuál es su rol ahora?

-Esa es una cuestión que está en discusión en la academia ahora. El FMI, después de la crisis de 2008, atravesó cambios importantes. El primero de ellos es que fue reposicionado por el Grupo de los 20 como el organismo financiero central en la coordinación y en el monitoreo de las políticas macroeconómicas y financieras. Lo que no tiene es capacidad de condicionamiento para todos, sólo para quienes firman acuerdos.

Estamos en una economía internacional donde los grados de cooperación son más bajos. Es una economía un poco más unilateral, en la cual los países han procurado mantener y aumentar los márgenes de autonomía. Y es un mundo con el ascenso de China, donde los países centrales empiezan a enfrentar ciertas competencias. Eso se empieza a traducir al interior del Fondo. En estos últimos dos años el Fondo se sintió más a gusto trabajando con China que con los Estados Unidos, con un Donald Trump que era unilateral. Porque China es un país que viene promoviendo una agenda de globalización, de cooperación internacional más marcada que Estados Unidos.

Este Fondo Monetario es un organismo que procura reproducir el statu quo, lo que pasa es que el statu quo está en cambio. Hay nuevos poderes en ascenso, en especial China. Se está disputando la hegemonía económica y financiera internacional y eso necesariamente impacta en el FMI.

¿Y eso cómo impacta en países como el nuestro?

-A los países en desarrollo les abre desafíos y oportunidades. El desafío es que no hay un líder único, con lo cual vos tenés que negociar con dos. Y eso, al mismo tiempo, es una oportunidad que te abre algunos márgenes para obtener espacios de negociación.

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