Por Federico Chechele | Semanas atrás la vicepresidenta Cristina Kirchner difundía una carta con definiciones fuertes sobre la actual gestión, entre ellas se destacó el agite interno al señalar que “… hoy maltratan a un Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los ‘defectos’ que me atribuían…”.  Ayer, el peso del mensaje se cobró la primera víctima, María Eugenia Bielsa, ministra Desarrollo Territorial y Hábitat, dejó su cargo.

Quizás se compensó con la más fácil. Bielsa estaba al frente de un ministerio cuyo trabajo se tiene que traducir en obras, se tiene que ver. Y en épocas de billetera corta y en medio de una pandemia, en 11 meses era difícil que se pudiera desarrollar una gestión acorde a las imperiosas necesidades habitacionales. Los planes Procrear, Argentina Construye, el Plan Nacional de Suelo Urbano y Argentina Construye Solidaria, apenas comenzaron.

A Bielsa le faltó lo que le sobra Jorge Ferraresi, su reemplazante. El intendente de Avellaneda tiene espalda política, es uno de los pocos alcaldes del conurbano identificado al kirchnerismo duro, es vice del Instituto Patria y tiene territorio, conocimiento clave para estar al frente de la cartera que le otorgó el presidente Alberto Fernández.

Se movieron las fichas y ganó el kirchnerismo. En términos futbolísticos podría ilustrarse como Instituto Patria 1 – Casa Rosada 0. Sin embargo, no es el primer intendente que elige el Presidente para su gabinete. A Ferraresi hay que sumarle a Gabriel Katopodis, de San Martín, hoy Ministro de Obras Públicas y a Santiago Maggiotti, de Navarro que acompañará a Ferraresi en Habitat. Además hay que sumarle a Mario Meoni, exintendente de Junín, ladero de Sergio Massa, que hoy ocupa el ministerio de Transporte.

Alberto Fernández se recuesta en los intendentes, espacio que reclamaron en la provincia de Buenos Aires y que les niega el gobernador Axel Kicillof. Un juego que tiene muchas fichas para mover en el futuro, más teniendo en cuenta que el año que viene hay elecciones y los jefes comunales se harán escuchar. Por el momento, ya les pidieron al gobernador y al Presidente que se permita la reelección indefinida de los intendentes, vetada por una ley de 2016, quizás el único cambio significativo y estructural de la exgobernadora María Eugenia Vidal.

Con el pedido de renuncia a Bielsa no termina la depuración de los “funcionarios que no funcionan”, y lo más probable es que sea solo el comienzo. Quizás por ello, el Ministro de Trabajo, Claudio Moroni – otros de los apuntados- saltó del despacho de Av. Leandro N. Alem y empezó a recorrer los territorios para mostrase más activo.

Otro tanto ocurrió con Felipe Solá, el Ministro de Relaciones Exteriores, que le mostró los dientes a Luis Almagro, Secretario General de la OEA, a través de un tuit: “Lo que ocurrió en Bolivia no hubiese sido posible sin la anuencia de la OEA. Su función es denunciar golpes, no patrocinarlos”. Desde el kirchnerismo duro lo acusan de envalentonarse con el diario del lunes, tras el triunfo de Luis Arce en Bolivia y la derrota de Donald Trump en Estados Unidos.

Y si algo le faltaba a Gustavo Béliz, el Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la Nación, para seguir en duda dentro de la estructura de la Casa Rosada, era contagiarse del COVID-19 y trasladar una hisopada en cadena que incluyó al presidente de la Nación. Es de público conocimiento el cuestionamiento de Cristina Kirchner hacia Béliz, que en su momento tuvo que exiliarse políticamente en Estados Unidos.

Días atrás, una conductora de un canal de noticias entrevistó a Aníbal Fernández, quien se regocijó explicando varias cuestiones de la coyuntura política. Al finalizar, la conductora cerró la nota comentando “qué bueno sería tener un jefe de gabinete que comunique como él”.

Recibí más periodismo de este lado

Archivo historico