Por Nahuel Croza | Este domingo, a lo largo de todo el Brasil, se produce la primera contienda electoral desde los comicios que llevaron a Jair Bolsonaro a la presidencia. Son elecciones locales en 5.569 municipios en las que se elegirán nuevos y nuevas intendentes y concejales, y en las que casi 148 millones de personas están en condiciones de votar. También será el primer test electoral para medir la fortaleza del bolsonarismo a lo largo y ancho del gigante Brasil.

En un país en que la pandemia del COVID-19 ha producido más de 160 mil muertes y en la que la narrativa negacionista de Bolsonaro ha incluido desde minimizar a la enfermedad como una “gripecita” hasta –recientemente en una conferencia de prensa– quejarse por la atención mediática que recibe la pandemia y rematar con un comentario homofóbico señalando que “Tenemos que dejar de ser un país de maricas”, el presidente Bolsonaro cuenta con un 40% de respaldo de la opinión pública según los sondeos.

Al igual que en el caso de Trump, parece que la prédica negacionista prevalece sobre la realidad de los seis millones de contagios en un amplio sector de la sociedad brasileña. Pero es justamente allí, donde el pensamiento progresista se horroriza, a donde los Bolsonaro-Trump apuntan para desviar la atención y hacerse fuertes. Precisamente, el primer mandatario brasileño llevaba varias semanas sin producir exabruptos públicos, podríamos decir que el “país de maricas” es su leitmotiv, su grito de guerra, de cara a las elecciones del domingo.

Sin embargo, no hay que dejar de ver, como señala un artículo de intelectuales de la Universidad de São Paulo (USP) en Folha De São Paulo, que “la pandemia abrió una ventana de oportunidad para el gobierno. Con la aprobación por parte del Congreso (y pese a la resistencia del ejecutivo) del estado de calamidad y el presupuesto de guerra, le dio la chance al gobierno de realizar concesiones reales a la población, sin que eso significara un rompimiento con el mercado”. En otras palabras, mientras el ministro Guedes avanza con las reformas neoliberales y achica estructuralmente al Estado, el Congreso le dio la oportunidad a Bolsonaro de colocar dinero en los hogares pobres en el marco de la pandemia y de las medidas de aislamiento que impedían el trabajo y el derecho de circular libremente a las que, por otro lado, el presidente se oponía férreamente, luchando con los gobernadores e incluso con sus ministros de Salud –recordemos el affaire con su ministro Luiz Henrique Mandetta, removido; luego con Nelson Teich, que renunció luego de unas pocas semanas, y, finalmente, el nombramiento del general Eduardo Pazuello.

El volumen de los recursos destinados al programa de auxilio de emergencia con transferencias de renta a sectores populares llegó a 65 millones de personas (una tercera parte de la población) y superó a lo destinado al programa Bolsa Familia, heredado del lulismo. Estas políticas le ganaron el favor de los sectores empobrecidos al tiempo que perdía la simpatía de los de renta más elevada.

Bolsonaro junto a su vicepresidente, el general Hamilton Mourão.

Para analizar este escenario Canal Abierto dialogó con Lucas Paolo Vilalta, doctor en Filosofía de la USP, coordinador de proyectos de educación en derechos humanos y de Memoria, Verdad y Justicia del Instituto Vladimir Herzog y profesor invitado de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) en el curso de posgrado “Derechos humanos y luchas sociales”.

 

Lucas ¿qué está en juego en las elecciones del próximo domingo, más allá del cambio de algunos prefeitos y vereadores?

-En Brasil hay más de 5.000 ciudades en las que se eligen prefeitos (intendentes) y vereadores (concejales). Es un clásico aquí decir que en las elecciones municipales se definen qué fuerzas políticas de instancias superiores –tanto la presidencia como los gobernadores estatales– se consolidaron y cuales perdieron fuerzas. Como se diseminó el poder e influencia federal en la pequeña política de las ciudades. Pero esta elección tiene mucho más alcance y tiene una multiplicidad de factores y diversidades. En ellas los partidos hacen todo tipo de alianzas, incluso inimaginables.

Hay ciudades importantes como São Paulo –con 9 millones de votantes–, Río de Janeiro, Porto Alegre, que tienen una relevancia muy grande para la discusión federal y en esta elección lo que está en juego es si el bolsonarismo se consolida como una corriente que tiene fuerza o si esa centralidad de una figura populista pierde fuerza porque no viene acompañada de una estructura de partido con construcción de hegemonismos como lo hizo el PT con Lula.

Por esa razón, por más que se fortalezca la figura de Bolsonaro, el bolsonarismo se debilita porque no tiene una centralidad para congregar en la figura del líder que pueda capilarizarse, distribuirse, crecer en las ciudades y pueblos.

Bolsonaro está más fuerte, pero el bolsonarismo como fuerza política centralizada se diluye y empieza a mostrar una multiplicidad de disputas y discusiones de sus distintas caras: el militarismo, el conservadurismo extremo, los evangélicos queriendo imponer sus prácticas al Estado, etc. Entonces, es una fuerza política que se multiplica perdiendo centralidad y fuerza. Creo que eso es algo que en el terreno electoral va a hacerle perder mucho impacto.

 

Tras la liberación de Lula, esta será la primera prueba electoral para el PT. ¿Qué se espera tanto en resultados electorales como de horizonte político del PT tras esta elección?

-Hay que mirar en detalle lo que va a ocurrir en el Nordeste, pero en las principales ciudades el PT perdió mucha fuerza y ganaron espacio otras opciones de izquierda como el PSOL (Partido Socialismo e Liberdade, cuya principal figura es Guilherme Boulos).

El PT no hizo una verdadera renovación de figuras ni de candidatos. Lo que probablemente pase, aquí en São Paulo por ejemplo, es que los partidos de izquierda más radical, que acompañan las luchas cotidianas, ocupen el espacio que ocupaba el PT y que partidos más de centro, como el PSB (Partido Socialista Brasileiro) o PDT (Partido Democrático Trabalhista, liderado por Ciro Gomes), se queden con votos del centro.

El PT va a quedar muy debilitado por su falta de renovación y por el ataque de los grandes medios. Los medios borraron al PT del escenario público. Lula hace una declaración y no sale en ningún lado, están bloqueados. El petismo sigue dialogando con sus redes pero la presencia de Lula se diluyó absolutamente.

El PT está intentando renovarse pero me parece que casi no tiene las condiciones. Tiene una incapacidad muy fuerte de comunicar aunque empieza a dialogar con las narrativas de las luchas.

Bolsonaro será evaluado en esta elección. La opción Bolsonaro ya debería haber quedado suficientemente descartada y caídas las maniobras que incluyeron lavajatismo, antipetismo y anti-izquierda para construir su acceso al Planalto. ¿Qué se juega para Bolsonaro este domingo? ¿Se podría abrir el camino al impeachment?

Bolsonaro sigue siendo una opción para algunos sectores. El discurso anti-izquierda perdió un poco su fuerza pero el discurso de odio, el discurso agonístico que genera un enfrentamiento nosotros-ellos permanece pero sin tanto correlato mediático.

La pregunta que se plantea ahora es si el bolsonarismo se sostiene como un populismo con pueblo o sin él y qué tipo de pueblo va a convocar en sus bases. Bolsonaro comenzó a hacer un cambio y a hacer cosas más direccionadas a los pobres que a las élites. El perfil de la gente que lo sostiene ahora es cada vez más de los sectores populares.

Bolsonaro tiene alrededor de un 40% de apoyo popular y tiene acuerdos con el centro político. La democracia de Brasil está hecha en base a hacer acuerdos políticos con las oligarquías, los bancos, los grupos de poder representados en eso que llamamos el centro fisiológico –ya que no importa quien venga hay que dialogar con él–, que ahora está con Bolsonaro. No va a haber un impeachment, no es viable mientras tenga el apoyo de ese centro.

 

Desde la izquierda y los movimientos populares ¿se hizo alguna lectura, algún aprendizaje tras el acceso de Bolsonaro al poder con apoyo popular?

-Hemos hecho muchos aprendizajes, de todo tipo. Pero para poder crear opciones al bolsonarismo y al lulismo tenemos que advertir que sus gobiernos se sostuvieron con políticas populistas. Y el populismo casi que fue inevitable en la versión conciliatoria de Lula, o en la versión agonística, conflictiva, de odio de Bolsonaro. El populismo es el aglutinante del asunto.

Cuando miramos en detalle, vemos que el discurso progresista tiene un límite muy grande en su manera de comunicar la complejidad de las luchas. Hay avances, pero tenemos que enfrentar ese límite. Podemos incluso ganar en algunas partes pero, para alcanzar como izquierda el ámbito federal de este país-continente, tenemos que elaborar un dispositivo de comunicación que logre comunicar esa complejidad con los valores del pueblo. Es un problema.

Guilherme Boulos, candidato del PSOL a la intendencia de São Paulo.

¿En qué ciudades podrían lograr un crecimiento importante fuerzas de izquierda? ¿Cómo es la campaña de Boulos en Sao Paulo?

-Las fuerzas de izquierda están teniendo un crecimiento, sabiendo que el enorme espacio perdido por el PT debe ser ganado y recuperado con nuevas claves, distintas a las petistas.

La campaña de Boulos –candidato del PSOLtiene una gran llegada a la clase media, a la gente que votó y construyó el ascenso de Lula en el 2003. Es muy parecido a lo que ocurrió con el PT en los años 90 y 2000. La campaña electoral es muy buena, todo lo que está haciendo es muy bueno. No están haciendo un discurso de minorías, identitario, para una izquierda cerrada. Están creciendo mucho porque están sabiendo hacer comunicación. Hablan de opresiones identitarias estructurales haciendo conexión con lo problemas clásicos del trabajo, la salud, la educación y con los contemporáneos ligados al neoliberalismo y la exploración de los medios digitales.

El márketing político de Boulos y Manuela Davila –candidata del PCdoB (Partido Comunista do Brasil) en Porto Alegre– es muy bueno, y tienen posibilidades de ganar. Como no hay una figura central en disputa del bolsonarismo, está el terreno allanado para el avance de Boulos y para un discurso bien elaborado desde la izquierda.

Boulos está convenciendo a la gente, incluso desde el centro y la derecha, lo empiezan a escuchar. Los prejuicios empiezan a caer y hay una sensación de inconformidad de las capas medias con lo que el centro está proponiendo. Obviamente no quieren una radicalización, pero hay escucha para puntos básicos. Sobre las cuestiones de vivienda, salud, transporte, seguridad, me parece que Boulos elaboró propuestas que dialogan con todos los sectores.

Esa izquierda está haciendo un trabajo muy cuidadoso en ese sentido, traen en la medida justa la cuestión identitaria y de reivindicación frente a la opresión, pero como forma de sensibilizar a otros sectores. Es un cambio bastante importante.

Lucas Paolo Vilalta:
Doctora en Filosofía de la USP. Desarrolla su investigación doctoral sobre las tecnologías de la información digital y filosofías alternativas de la información en la Universidad de São Paulo (USP). Es coordinador de proyectos de educación en derechos humanos y de Memoria, Verdad y Justicia del Instituto Vladimir Herzog. Profesor de Nuevas tecnologías, redes sociales y temáticas de la información (Universidad UniSant’Anna) y es profesor invitado de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) en el curso de posgrado “Derechos humanos y luchas sociales”. Publicó ensayos sobre filosofía de la información, nuevas tecnologías, ética y filosofía política, estética e historia de la música, y sobre derechos humanos y justicia de transición. Es autor del libro Confissões de um texto solipsista ou persona ad hoc (2014) y de Bolsonaro, la bestia pop junto a Bruno Cava (Red Editorial, 2018).

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