Redacción Canal Abierto | El ala local del Movimiento Cultura Viva Comunitaria realizará este domingo su primer festival nacional. Como los tiempos de pandemia y aislamiento lo mandan, será en formato virtual y podrá accederse de manera libre y gratuita a través de los perfiles de Facebook y YouTube de la organización.

El objetivo de la jornada es visibilizar el trabajo que organizaciones de cultura comunitaria realizan en distintos puntos del país. Allí se nuclean millares de centros culturales, grupos de teatro y danza comunitarios, radios populares y distintas experiencias que abordan el quehacer cultural desde los territorios.

Las medidas de aislamiento dispuestas para enfrentar la pandemia de coronavirus impactaron fuertemente en la actividad de estos espacios, ya que fue una de las primeras actividades restringidas y se descuenta que será la última en habilitarse plenamente.

“A partir del contexto de la pandemia en todo el país, muchas organizaciones culturales de tipo popular y comunitario tuvieron que adecuar su laburo en los distintos barrios y provincias y reconvertirse a distintos tipos de tareas que tenían que ver con la pandemia. Muchos empezamos a hacer ollas populares, por ejemplo”, explica a Canal Abierto Eduardo Balán, integrante de El Culebrón Timbal de Moreno.

El evento se conforma a partir de videos con expresiones artísticas y de presentación de cada colectivo. La duración de cada uno de estos fragmentos no excede los 5 minutos, a fin de que puedan entrar la mayor cantidad de experiencias sin que la duración del festival sea demasiado extensa.

Como a la mayoría del pueblo argentino, el 2020 del Movimiento de Cultura Viva Comunitaria Argentina fue un año de barajar, dar de nuevo y buscar estrategias para reinventarse en medio del contexto generado por la emergencia sanitaria. “Para este año teníamos la agenda de un encuentro nacional en Paraná y el lanzamiento de una serie de iniciativas que tenían que ver con la capacitación territorial, eventos y cosas en el espacio público, más bien de tipo semimasivas: festivales, talleres… Pero en los primeros meses de la cuarentena nos dimos cuenta que todas esas cosas no se iban a poder realizar. Además, había otras urgencias, como el tema alimentario. Así que se empezó un trabajo territorial, pero de otro tipo“, narra Balán.

A pesar de la adversidad descripta, Balán no pierde el optimismo y plantea que el festival es “una iniciativa para que de alguna manera este año podamos celebrar que estamos haciendo acciones de conjunto y que la cultura viva comunitaria está efectivamente viva en todo el país. Esto es algo que se notó también en esta situación de cuarentena. Como parte de la cantidad de organizaciones populares que en el territorio están haciendo un trabajo esencial que es el vínculo con la familia, el tema de las huertas, el tema de colaborar con los planes que a veces los gobiernos impulsan de detección de casos de covid en el territorio, la atención de los adultos mayores en cada comunidad. Así que lo del festival fue una iniciativa que surgió específicamente en el contexto de la pandemia. Por eso el tema de la virtualidad. Es poder aprovechar la tecnología para poder comunicarnos de este modo“.

Y sobre el formato que la situación sanitaria obliga, plantea que “en la virtualidad revalorizamos la cuestión tecnológica un poco a la fuerza porque efectivamente no existen otros medios de comunicación y realmente para mantener la impronta de un proyecto colectivo se hizo necesario explorar estas tecnologías. Pero yo pienso que en ese sentido hemos incorporado una serie de códigos y lenguajes que hasta hace poco eran un accesorio y hoy tienen u valor estratégico”.

Sin embargo, Balán afirma que “en el tema específico de cultura comunitaria nosotros tenemos un lema que es una celebración de la proximidad. Frente a la cultura del capitalismo, en el que la proximidad sirve en la medida que se compite, la cultura comunitaria es la celebración de la proximidad por la proximidad misma. Entonces, en una situación de pandemia en el que la proximidad es una situación de peligro, estamos jaqueados en nuestra esencia. Porque efectivamente, en la cultura comunitaria la cuestión del afecto, la cuestión de los sabores, la cuestión del abrazo y del cara a cara es todo parte central de lo vincular. Yo creo que a medida que aparezca la vacuna y la cuarentena se pueda ir abandonando va a ser una hermosa noticia para todo lo que tiene que ver con la cultura comunitaria. En ese sentido, me animaría a decir que va a haber una especie de euforia de la cultura comunitaria. A medida que la cuarentena se pueda ir abandonando, creo que como pueblo tomamos nota que efectivamente lo que le da vida a nuestra vida en comunidad es eso que compartimos en la proximidad. Así que creo que va a haber una euforia de poder volver a celebrar cosas, volver a ocupar el espacio público y disfrutar la cercanía con los demás”.

“Lo que si me parece un tema importante es que también en estos meses todo el movimiento de cultura comunitaria y otras organizaciones también tomaron nota de una cuestión que es que efectivamente para que pueda crecer un proyecto de cultura comunitaria hay que empezar a analizar el tema de la concentración en las grandes ciudades. Porque a la cantidad de males que tenían las grandes concentraciones demográficas en las ciudades, ahora se agrega el tema de que en situaciones de pandemia nuestros conglomerados urbanos son mataderos, en los que la gente está mucho más en peligro de contagiarse. Así que vuelve a ocupar el centro de la escena la necesidad de un repoblamiento estratégico en Argentina, fundación de comunidades de 25 a 30 familias, la cuestión de la producción agroecológica, de proyectos culturales que puedan acompañar esas intenciones. Entonces, todo el tema tierra, dominial y de proyectos comunitarios en el escenario de la pandemia se pusieron en debate”, concluye.

 

 

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