Por Gladys Stagno | En junio de 2019, con las elecciones encima, Mauricio Macri salió a anunciar lo que vendió como un poroto que se había anotado su mandato, quizá el primero y único: la firma del acuerdo Unión Europea (UE)-Mercosur, cuyas gestiones se habían extendido a lo largo de veinte años.

Pero la semana pasada, el canciller uruguayo Francisco Bustillo aseguró que el anuncio fue, como mínimo, apresurado. “El acuerdo no está cerrado, está acordado el cuerpo central del mismo, pero quedan cuatro o cinco temas muy importantes”, señaló en un contacto con periodistas, según el diario uruguayo El Observador.

Por otro lado, según publicó el semanario oriental Búsqueda, en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados uruguaya el canciller sostuvo que aquel anuncio respondió a que el gobierno de Macri necesitaba mostrar un logro previo a las elecciones argentinas.

“Esto salió por las necesidades de Macri de colgarse una medalla para las elecciones en materia de política exterior pero también de las necesidades de Cecilia Malmström, que era la comisionada de la UE en materia comercial en ese entonces, que también terminaba a fines de ese año el mandato y también se quería colgar esa cucarda”, explica Javier Echaide, especialista en Derecho Internacional, miembro de la Asamblea Argentina Mejor sin TLC y de ATTAC Argentina, movimiento internacional que combate la mundialización liberal y trabaja por alternativas sociales, ecológicas y democráticas.

Y agrega: “Desde junio de 2019, cuando se anunció la firma del acuerdo, comenzó el ‘ni’. Que en realidad se había hecho un anuncio pero que no estaba firmado, que lo que había era un ‘compromiso’. Muchas veces se busca el impacto de los titulares y ahora salta esto, que es algo que los que venimos siguiendo las negociaciones ya sabíamos. El acuerdo está, pero es bastante pedregoso el camino para que se ratifique”.

En efecto, un tratado de libre comercio (TLC) no se hace efectivo hasta su ratificación, algo para lo que aún el TLC Mercosur-UE debe atravesar varios pasos. “Formalmente, el acuerdo estaría, y lo pongo en condicional, firmado. Hay una carta fechada el 4 de septiembre de 2019, después del anuncio de Macri, de Malmström desde Bruselas diciendo que se había alcanzado un acuerdo el 28 de junio -detalla el especialista-. En este momento la etapa que está atravesando este tratado es el legal scrubbing, que sería una revisión legal sobre el texto, donde siempre puede aparecer un Caballo de Troya como ya ha sucedido con otros TLC”.

 

Al final no era un logro

Echaide también es uno de los autores de El Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Estudio integral de sus cláusulas y efectos. En él, junto con Luciana Ghiotto, analiza las consecuencias que traería para el bloque latinoamericano en general y para Argentina en particular un TLC con Europa. Para ellos, la hipotética ratificación del tratado que Macri anunció como un logro se parece más a una pésima noticia.

Entre las conclusiones de su trabajo –producto del análisis minucioso de las más de 400 páginas que se publicaron sobre el acuerdo que se negoció en secreto y a espaldas de la ciudadanía- se destaca que no hubo, por ejemplo, estudios de impacto, es decir que no se tuvieron en cuenta sus efectos ambientales y sociales.

También se ponen en evidencia las asimetrías económicas entre ambos bloques, y lo que significaría para el nuestro. “El acuerdo entre el Mercosur y la UE también provocará el desmantelamiento de las cadenas de valor regionales que han funcionado desde la creación del bloque. Una parte importante de la compra brasileña de productos industriales y de consumo argentinos y uruguayos será reemplazada por la compra de productos europeos. Para Argentina, esto será desastroso, ya que Brasil representa el 16% de las exportaciones totales de Argentina (en 2018), lo que constituye el principal destino de las exportaciones del país”.

Además, este informe publicado en febrero de 2020 detalla que la mitad de los beneficios que las empresas de la UE podrían obtener con el acuerdo se derivarían de la reducción de medidas sanitarias y fitosanitarias, criterios de bienestar animal y áreas libres de plagas.

En el mismo orden, la expansión del modelo agrícola y de la cría intensiva de ganado mediante el uso de corrales de engorde (feedlots) que supone el TLC para el Mercosur redundaría en un aumento de la emisión de gases de efecto invernadero, una expansión de la deforestación, y mayor incomodidad animal que resulta en un caldo de cultivo para las enfermedades animales y humanas. Asimismo, no contribuye a garantizar la implementación del Acuerdo de París sobre Comercio y Desarrollo Sostenible que intenta revertir el cambio climático.

 

Negocio para pocos

Por otro lado, destaca el perjuicio para las pymes del Mercosur, que deberían competir de igual a igual con corporaciones europeas.  “Los sectores de exportación que participan de las cadenas globales de valor son los que ganan con estos acuerdos, porque están enganchados con el negocio. Quien compra acá, trabaja acá, produce y consume acá, que son los sectores desplazados del acuerdo, van a pagar cosas más caras, se van a sobreendeudar, van a tener peor acceso al mercado internacional. Van a poder comprar zapatillas más baratas pero no van a poder vender lo que están generando. Son las corporaciones de capital más abultado las que tienen más espalda para participar de estas autopistas económicas”, analiza Echaide.

La semana pasada el Parlamento Europeo se reunió en Bruselas para debatir este acuerdo y de sus conclusiones y las declaraciones del canciller uruguayo se desprende que nadie ve posible que la ratificación del TLC se logre este año.

En lo que refiere al bloque, en la actualidad Uruguay quiere que se firme, igual que Paraguay y Brasil. Es Argentina el país más reticente. “Esto tiene que ver con el sector industrial argentino, principalmente. Incluso adentro del propio Gobierno hay una divisoria de aguas. Cancillería está de acuerdo, Producción no”, cuenta el analista.

Puesto a pensar sobre un acuerdo comercial que le sirviese realmente al país y a la región, Echaide sostiene: “Para mí no hay un acuerdo posible que nos beneficie en los términos en los que se negocian y se firman los TLC. Este acuerdo que hace más de veinte años que se viene negociando, se está tratando ahora con la misma lógica, la misma cabeza y las mismas circunstancias de hace veinte años atrás. Como si nunca hubiera pasado ni una pandemia, ni otros tratados de libre comercio en América Latina. Y hay otros TLC firmados, como el NAFTA en México, y las consecuencias para México no fueron buenas”.

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