Por Carlos Fanjul | EL PELO DEL HUEVO

Pensaba en estas horas en la increíble fruición con que el periodismo deportivo analiza -y sufre, como lo hace cualquier otro hincha- los difíciles avatares que les toca atravesar a Boca y River en estas semanas. Abundan las referencias a la superposición de partidos y la consecuente cantidad de bajas que la doble competencia viene acarreando, en esos dos planteles repletos de figuras de todas partes. Incluso, en tantos casos, de valores que les sacan a los rivales más frágiles que precisamente son los que deben enfrentar.

Esta especie de alabanza constante hacia el que acumula todo, y de desprecio o ninguneo al que poco tiene, se parece demasiado a lo que retumba en nuestros oídos cada vez que se habla de políticas sociales, o de igualdad de oportunidades en una sociedad profundamente desigual.

Cuando las lágrimas atraviesan la pantalla del televisor a uno le surge algo así como una pregunta existencial: ¿Y entonces que tendría que decir la gente de Arsenal, o Argentinos, o los rosarinos que también encaran las competencias coperas con planteles  solo completados  con un montón de Gonzáles, Rodríguez o Fernández de la guía?. También Vélez y Lanús que por allí pelean y sufren la avalancha de partidos y que tampoco aparecen en esos debates estelares.

A todos se le cayeron soldados, o porque los golpeó la pandemia, o por el esfuerzo desigual que realizan para sostenerse en la doble pelea. Pero parecieran no existir.

El fútbol, y la prensa que vive hablando del fútbol, solo tienen ojos para algunos.

Cuando uno era chico, únicamente ocupaban las tapas ‘los cinco grandes’. Y esto fue así hasta que primero Estudiantes, y luego Vélez, Chacarita, Quilmes y los rosarinos fueron anotándose con títulos entre las décadas del ’60 y ’70, cuando las apariciones de las tácticas y las estrategias trataron de equilibrar un poco las diferencias entre grandes y chicos.

Pasado el tiempo las distancias son muchísimo más grandes que en aquellas épocas y uno repasa a los distintos medios, escritos, radiales o televisivos, y siente que hasta los hinchas de Independiente, Racing y San Lorenzo acumulan también motivos como para sentirse desplazados de la atención cotidiana.

Solo se habla, (y se sufre) de Boca y de River…De ‘Bover’, el protagonista excluyente de todo.

Tanto, que lo que hay en la actualidad se asemeja más a programas partidarios de los únicos dos grandes que importan, que a espacios de periodismo deportivo.

“Rollheiser ya llegó a Japon”, tituló el diario Olé, para anunciar que la selección Sub 23 jugaría con los nipones. Al día siguiente, casi lo único que le importó fue decir que la promesa millonaria solo había ingresado 10’ sobre el final de un partido, ganado por otros jóvenes albicelestes de segundo orden para el matutino.

‘Lanús cayó ante Gremio, y esto le interesa a Boca, ya que ahora pondría suplentes’, se pudo leer por ahí la semana anterior. Ni la vida de los granates, ni la Copa Sudamericana importaban un corno, ante esa posibilidad ventajosa para los de la ribera.

O sea, te omito y si no puedo omitirte, solo te menciono en función del otro.

Esta bien, soportamos que los omitan, ¡pero no los humillen por favor!

Porque así cansan. Aburren. Indignan. Se repiten. Destratan, con tanto abordaje peyoratrivo. Todo sirve, incluso forzar alguna noticia para no aflojar con la necesaria angustia existencial de ‘Bover’, que es la que vende.

Claro que uno entiende que juntando a los hinchas de uno y otro, la audiencia –los que ahora seguramente estarán insultando a este escriba- ronda el 70 por ciento de las pasiones futboleras del país.

Está claro. Pero surge rápidamente la idea de que por allí, desparramados, andamos el tercio restante de la olla. Si, ya sé, tercio conformado por variadísimas procedencias, intereses y pasiones diversas. Pero igual, un tercio del total…

Son el 70, ¡pero no el 99 por ciento!

Todo tan parecido a lo que ocurre en política, que esto bien lo pudo estar escribiendo, y seguramente de mejor manera, cualquiera de los otros cumpas de Canal Abierto.

Las cartas se juegan de esta misma manera, más allá de que a millones nos parecerán marcadas, hasta que se pegue un volantazo de verdad en el ejercicio del periodismo.

O, como sabiamente decía el maestro Eduardo Galeano citando a un proverbio africano: “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”.

Penal sospechoso

 “Este equipo ganó el partido de ida, con un penal que… (titubea), ninguna cámara mostró. Así que… no se… piensen lo que quieran”

El relator siembra la duda en medio de un partido correspondiente a la Concacaf Champions League, que suena como la Champions de allá, pero es la del centro y el norte de América.

Sin embargo –uno razona mientras busca en crónicas del partido mencionado- parece que el árbitro estaba bien ubicado. Y, por lo que dicen varios portales, nadie protestó el fallo, aceptando por su correcta la sanción.

-‘Todo muy lindo, pero no lo pudimos ver’, imagina que responde el relator desde el aparato. Además, con cara de ‘flaco ¿quien sos vos para dudar de mi duda?’.

-‘No te das cuanta que si no estuvo en la tele es como si no hubiera ocurrido’, se figura uno que avala una constelación de televidentes que le cierran la boca.

Vamos a un corte…

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