Redacción Canal Abierto | En las últimas horas se conoció que alrededor de 50 enfermeros del Hospital Durand de la Ciudad de Buenos Aires renunciaron al servicio por los bajos niveles salariales y condiciones laborales precarias. Lo mismo sucedió en el Hospital Rivadavia, que perdió una cifra similar de trabajadores.

Si bien la masividad de las renuncias sorprende, las mismas se vienen dando desde hace más de dos meses. Las excesivas horas de trabajo, la demanda en pandemia y las malas condiciones laborales explotaron a un personal que venía sin experiencia y fue designado a terapias por el gobierno de la Ciudad.

“El año pasado ingresaron 134 enfermeras y enfermeros a trabajar por la pandemia. Se logró un plantel de 170, de los cuales 48 renunciaron. Fueron renuncias paulatinas”, explicó Rodolfo Arrechea, coordinador nacional de Salud de ATE y enfermero del Hospital Rivadavia.

Al mismo tiempo explicó que “si bien el número de enfermeros nunca es suficiente ante una situación así, la cantidad con la que contamos hoy está bien, siempre y cuando no exista mucho contagio dentro del hospital porque cuando se contagian los compañeros, aunque sea leve hay que aislar los servicios”.

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Por su parte, Fabiola Reynoso, licenciada en enfermería y delegada adjunta de ATE en el Hospital Rivadavia, comentó que la mayoría era gente joven y con menos experiencia en la profesión.

“Por otro lado está la falta de reconocimiento, saber que están arriesgando su vida porque nuestro día a día es así. Todos tenemos un bolsito con ropa y otras cosas de primera necesidad por si en algún momento nos contagiamos y tenemos que aislarnos porque la mayoría prefiere no volver a su casa. Tenés que tener desarrollada cierta fortaleza para todos los días estar enfrentando a la muerte. No es fácil para ninguno en todo el equipo de salud en general”, agregó la enfermera.

La velocidad del Covid pegó con fuerza en sistemas de salud desguazados y con poca información sobre este virus que al día de hoy sigue siendo desconocido en muchos aspectos. “Uno cuando empieza va familiarizándose con ciertas prácticas, los que llevamos más años tratamos de agarrar alumnos y eso facilita el trabajo. Pero en un momento como este, el trabajo es mucho más exigente y no hay demasiado tiempo para adaptarse, para poder entrenar a alguien. Eso tuvo mucho que ver con las renuncias”, sostuvo Reynoso.

Otro factor determinante fue el económico. “Nuestros sueldos son muy bajos. Yo soy licenciada, tengo 27 años de antigüedad y cobro $45.000, que todos sabemos bien que no alcanza para nada, con eso no se vive”, informó Reynoso mientras admitió que eso es desmotivante para quienes recién comienzan.

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