Ciudadanos: aquella noche (¿mañana?, ¿tarde?) del verano (¿invierno?, ¿primavera?, ¿otoño?) del 2015 (¿o sería allá por el 2017?), cuando asumí la responsabilidad (¿la necesidad, acaso las ganas de trascender, amarrocar, o por ahí jugar, competir?) de presidir (¿gerenciar, administrar, estructurar, comandar?) este maravilloso país (¿factoría, concesionaria, entidad financiera?) habitado por maravillosos ciudadanos (¿clientes, deudores, productores de materia prima?), les anticipé que el cambio iba a ser duro (¿cruel, perverso, brutal, inhumano, atroz, despiadado, desalmado, bárbaro, feroz, implacable, insoportable, insufrible, lacerante, sádico, sanguinario, violento, salvaje?) Pero oigo voces que me dicen cosas (sí: garca, imbécil, zopenco, abstruso, tilingo, gato, mentecato, babieca, insulso, ganso, egocéntrico, enajenado, iletrado, lameplatos, resentido, servil. Digamos: truculento)
También puede ser
Avanza la búsqueda de enterramientos en Campo de Mayo durante la dictadura
9 minutos para leer
Más reclamos internacionales por violaciones a los derechos humanos y sociales
8 minutos para leer

