Por Melissa Zenobi | Laura tiene sólo 8 años cuando su papá cae preso y debe instalarse junto a su mamá en “La casa de los conejos”, junto a Diana, embarazada de Clara Anahí, y su marido Cacho.  Como una espectadora de primera fila, Laura verá cómo un ingeniero prepara un embute donde funcionará la nueva imprenta del Evita Montonera. El escondite está tapado con conejos con los que Laura se pasa el día jugando.

Tras el largo exilio en Francia, Laura Alcoba escribe las memorias de su infancia en el libro que llamó “La casa de los conejos” (Alfaguara, 2007) y que Valeria Selinger llevó a la pantalla grande en un largometraje  homónimo protagonizado por Darío Grandinetti, Guadalupe Docampo, Paula Brasca, Mora Iramaín García y Miguel Ángel Solá.

“Leer el libro me pareció una evidencia de que tenía que hacer con él una película por dos cosas: la principal es esa nena y su silencio. Una niña que crece sabiendo demasiado, y sabiendo que para sobrevivir debe callarse. Y eso me identificó”, reconoce Selinger en diálogo con Canal Abierto. “La segunda razón es más evidente, es la que tiene que ver con la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo, con la recuperación de la identidad y del paradero de los bebés apropiados durante la última Dictadura”, agrega.

La guionista y directora afirma que la fuerza de esta historia – que ya se vio en 15 países y obtuvo premios en FICCSUR, Queens World Film Festival, FECIP, y en el Festival Internacional de cine de Guayaquil- es justamente su carácter universal: “Sin lugar a dudas es un tema universal que ocurre dentro de un momento trágico de Argentina. Pero es eso, el contexto. Es la historia de una niña que vive en medio de un mundo de adultos que terminan en cierto modo siendo más infantiles que la misma niña”.

¿Cómo fue el proceso de construcción del guión? ¿Trabajaste con Laura? ¿Tenés vínculo con ella?

-Cuando leí el libro, en seguida me dieron ganas de adaptarlo al cine, y pensé que sería bueno hacerlo junto con Laura Alcoba. Pero ella me dijo que no, que su trabajo había terminado con la escritura del libro y que si quería hacer una película tendría que hacerlo yo sola. Sin embargo ella estuvo muy presente, leyó cada una de las versiones del guión, que fueron muchas. Nos juntamos con Laura días antes de que empiece el rodaje y ella me tiró unas cuantas ideas, intercambiamos, pulimos juntas una serie de detalles.

Pero la contribución no fue sólo de Laura, sino también de sus padres. Su madre, por ejemplo me contó anécdotas que dieron lugar a algunas de la película y que son cosas que no pertenecen al libro.

El libro de Laura recrea la historia justamente desde los ojos de una niña. Imagino que ese fue un gran desafío en un mundo tan adultocentrista ¿No?

-Nunca se me ocurrió contar la película desde otro lugar que no fuera la mirada de esa niña porque esa niña es el tema y el punto central en esta historia.

La película se basa en el vínculo de Laura con Diana ¿Cómo fue construir esa relación desde el guión y la dirección?

-El libro también, de hecho se abre y se cierra como una carta a Diana. Para esto fuimos a ver y entrevistar a Chicha Mariani porque era importante que nos contara cosas de Diana y de Cacho para que Paula creara su personaje.  Para mí era importante que hubiese desde la dirección y del guión un triángulo claro entre la madre, Laura  y Diana. Una especie de contrapunto entre Diana y la madre. La nena está en el medio de ambas. Además la nena era un puente con la futura maternidad de Diana. Una maternidad que, por la fatalidad de los hechos, harán que finalmente sea más larga con Laura que con Clara Anahí. Tanto desde el guión como desde la dirección me manejé entonces con escenas de la vida cotidiana: hacer los deberes, tareas de la casa, momentos y tiempos muertos. Diana funciona para la nena como su cable a tierra. Eso es lo que me importaba.

Además del libro de Laura Alcoba ¿Acudiste a otras fuentes o testimonios?

-A mis propios recuerdos y a charlas con la madre y con el padre de Laura, con Chicha Mariani. Leí también algunos libros sobre Montoneros, pero no encontré en esos libros lo que realmente buscaba. Vi películas como la de Cedrón, por ejemplo, volví a ver películas como La hora de los hornos o documentales de Raymundo Gleizer para empaparme de esa época.

La película recibió muchos premios en festivales de distintas partes del mundo ¿Qué se siente llevar tan lejos una historia tan importante para las y los argentinos? 

-Para los argentinos es muy posible que la película tenga una importancia particular pero no por eso en el extranjero se ve como una historia extraña, por esto que señalo como un tema con una verdadera universalidad que yo creo que es lo que deben tener todas las películas. Una vez estaba escribiendo un documental muy personal, y se lo hice leer a un cineasta muy conocido, que me dijo: está bien, pero ahora, tenés que elevarlo, hacer que esta historia se vuelva universal para que interese al público.

Ya se vio en 15 países: ¿Qué te pasa con el hecho de que ahora vaya a verse en nuestro país?

-Mucha emoción. No quise que en Argentina se estrene en festivales que se tuvieron que hacer online. Soñaba con un estreno en cines y llegó el momento. Estoy muy emocionada y ansiosa de ver cómo la recibirá el público argentino. La semana pasada tuve la primera proyección con público presencial en Francia y fue mágico ver la sala llena y un debate con el público tan activo e interesado. Me encantaría que pase eso también en Argentina.

Sería imposible entender esta historia en toda su magnitud sin la lucha de Chicha Mariani, que dejó su vida en la búsqueda de Clara Anahí ¿Es un homenaje a ella? ¿Te hubiese gustado que la vea? ¿Qué crees que hubiese dicho?

-Me hubiese encantado que Chicha pudiese ver la película terminada y me hubiese encantado que Chicha hubiese podido abrazar a su nieta. Chicha era una persona hermosa, solo escuchar su cálida y tierna voz era un deleite. Como dije esta es una historia de una infancia particular. Como eco, en tela de fondo, está el embarazo de Diana Teruggi. La lucha de Chicha fue un modelo para el mundo entero.

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