Por Federico Chechele | Cuando dentro de varios años se revise la historia lo más probable es que nos encontremos con que estos años que estamos transitando se ubiquen en el lugar más mediocre desde el retorno de la democracia. Ni el más malo ni el más dañino, el más vulgar. Por la mentira reiterada transformada en verdad, por la desfachatez de los enunciados y por el pornográfico rol de cierto sector del periodismo. Una tríada que siempre estuvo presente, pero que en la era de la tecnología y las redes sociales brota minuto a minuto de manera agotadora.

Mañana se define mucho más que las bancas que se ocuparán en el Congreso de la Nación y en las legislaturas provinciales, se trata de marcarle la cancha al Gobierno o reiterarle un voto de confianza. De un lado con pronóstico positivo y del otro advirtiendo que el programa de la oposición es voraz, sin ninguna metáfora. Un voto más antimacrista que por las bondades de la gestión actual.

Desde Juntos por el Cambio, encabezado por Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, al borde de discursos golpistas, tratan de deteriorar la imagen del Gobierno insultando, agrediendo y acusando. Evidentemente, con algún sector de la sociedad les funciona, sobre todo cobijados en los medios hegemónicos que explotan su poder de insistencia y repetición. Válido mientras no se pasen de los parámetros lógicos, pero se pasan.

Cuando el domingo pasado Macri reconoció que el dinero del FMI financió la fuga con la memorable frase “la usamos para pagar a los bancos comerciales que se querían ir porque tenían miedo de que volviera el kirchnerismo”, la tibieza se apoderó del arco político. Parte de la culpa recae en el propio Gobierno que apáticamente salió a responder a través de las redes sociales de algún que otro funcionario de primera línea. Estaba el arco vacío y la tiraron afuera. Después vino el brutal asesinato al kiosquero en La Matanza y casi se arma una revuelta popular fogoneada por los medios de comunicación. Así construyeron su fortaleza.

Pero no todo el fuego mediático produce lo que busca. Cuando se gestiona mal no hay refuerzo televiso que alcance. Eso le pasó a María Eugenia Vidal que, a pesar de tener una provincia blindada, perdió por 15 puntos o con Mauricio Macri, el único presidente que quiso ser reelecto, y no sólo no pudo sino que ni siquiera se acercó ni al ballotage.

Porque la sociedad se pronuncia según sus exigencias. En los barrios populares, si no tenes agua, cloacas y no te alcanza para comer el voto se orienta por sus propias necesidades y saben más que cualquiera a quién no votar. Los demás sectores de la sociedad votan por pretensiones propias, válidas, pero un escalón por debajo de lo que es la penuria.

Por eso los números que maneja la Casa Rosada para la elección de mañana no son muy auspiciosos. Por más que la apuesta es achicar la distancia en la provincia de Buenos Aires (están en condiciones de votar 4 millones de personas más que en las PASO y la derrota fue por 400 mil votos de diferencia), de llegar a descontarse la diferencia, el objetivo es instalar el resultado como un éxito en lugar de recoger el guante de la derrota y empezar de nuevo. Al cierre de la campaña, casi la totalidad de las encuestadoras vaticinan una derrota del oficialismo en territorio bonaerense, sólo algunas plantearon un empate técnico y ninguna un triunfo nacional.

Porque el Gobierno le sigue debiendo respuestas concretas a la sociedad. La escases del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), el prolongado cierre de escuelas y la ASPO sellaron un posicionamiento contundente en las elecciones Primarias y la reacción no estuvo a la altura. Peor aún, de las PASO a hoy los sectores más vulnerables están en peores condiciones y la crisis política interna desatada en septiembre dentro del Frente de Todos no terminó de zanjar las diferencias que están a la vista de todos.

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A cuatro días de las elecciones el Gobierno anunció que la inflación superó el 3,5% y se llega al domingo con un 41,8% acumulada. Cualquier persona vinculada a la Casa Rosada podría haber propuesto hacer el anuncio el lunes próximo, pero la falta de cintura política es abrumadora. Es cierto que son sólo cifras, la inflación se padece todos los días y más en los sectores populares donde la mayoría de los recursos están destinados a los alimentos, rubro de mayor crecimiento. Una trampita no modificaba nada, pero ni eso.

Ante este escenario, la Casa Rosada ya hizo trascender que a partir del lunes se convocará a los sectores de la oposición para concretar un “gran acuerdo nacional”. Nada novedoso. Un paquete de leyes para que el Congreso se transforme en un escenario de diálogo.

A pesar de todo, habrá que esperar hasta el domingo. La inmensidad de la democracia nos revela que cada persona representa un voto, y siempre hay esperanzas.

 

Ilustración: Marcelo Spotti

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