Redacción Canal Abierto | “Cuando egresé de esta escuela tuve la enorme sensación de que el mundo sería mucho más hostil allá afuera. Éste siempre fue un refugio, una segunda casa. Mi mejor manera de enfrentarme a la adultez fue creer que las cosas pueden y deben ser cambiadas. Somos protagonistas de esta historia y si no hubiese aprendido eso en los pasillos de esta escuela no habría hecho esta película. Siento que un día la tristeza del mundo se nos coló y nos arrebató por detrás y de alguna manera esta es la historia de lo que hicimos con tanta tristeza”.

El texto del párrafo anterior es la alocución elegida por la realizadora Luciana Gentinetta como punto de partida de su película “Algo se enciende” que se estrena hoy en el Centro Cultural San Martín. Su voz dice esas palabras sobre imágenes de archivo tomadas durante su paso por la Escuela Normal de Banfield. A esa misma institución educativa concurría Anahí Benítez, hasta su asesinato en 2017.

Esa primera escena engancha con una imagen de una actualidad que no dista en muchos años a las expuestas anteriormente en la que un compañero de Anahí ingresa en la escuela y va hacia su aula. En el trayecto pasa por un mural en el que se recuerdan a los estudiantes del colegio detenidos desaparecidos por la última dictadura militar. Desde ahí comenzará el relato propuesto por Gentinetta sobre el femicidio de Anahí y cómo impactó en sus compañeros.

Articulado de manera coral, son estas las voces que llevarán adelante la narración desde el día en que su amiga no llegó a su casa, los momentos de la búsqueda, el desenlace irreversible y las movilizaciones posteriores pidiendo verdad y justicia frente a un proceso judicial flojo de papeles. No entran en el relato familiares de la víctima, docentes o autoridades escolares ni voces policiales o judiciales.

“Es una cuestión muy orgánica que tiene que ver con mi conexión como egresada de esa escuela. Tiene que ver con volver a la escuela, después de haber estado hace un par de años, como realizadores de cine y con un equipo que también son egresados de ahí. Me parece que hay una enseñanza que nos atraviesa a las personas que estudiamos en esta secundaria que tiene que ver con que hay un constante aprender sobre nosotros”, explicó al respecto la realizadora a Canal Abierto.

“Se perfectamente que el puntapié de la película es un femicidio. Eso atraviesa la película, atraviesa la narrativa, pero el tema de la película es hablar de nosotros, de lo que nos pasó“, agrega. Y es precisamente ese nosotros desde el que se para el punto de vista del documental.

Pero en determinados momentos el nosotros de los compañeros de Anahí deja paso al yo enunciado por la directora como ex alumna de la misma escuela que sus protagonistas. “Debo decir que esa decisión la tomé arengada por los productores de la peli porque nuestra discusión se dio sobre que era importante dejar en claro yo soy egresada de la escuela y que la escuela desde mi punto de vista ha sido constitutiva de mi personalidad y de mi vida en la adultez. Entonces ese archivo tiene que ver con marcar un poco ese paso a la adultez”, explica Gentinetta.

“Y haber vuelto a la escuela y contar una historia, pero como realizadora y como profesional tienen que ver más que nada también con generar respiros dentro de esta historia. No solo con lo que tiene que ver con el femicido, sino con cuestiones de la vida de uno, con cuestiones que nos constituyen“, agrega.

También reflexiona que “entre mi archivo personal y todo lo que sucede en el resto de la película que cuentan los chicos y demás, el link es que ambos estamos en nuevas etapas de la vida, donde ya los chicos en la película en algún momento van a egresar y yo en algún momento volví a la escuela desde al lado del realizador. Entonces, incluir ese archivo implicaba conectar desde el lugar de que estamos en diferentes etapas, pero hay un punto que nos es transversal a los personajes de la película y a mí y también, a parte del equipo técnico con el que cursé la secundaria y con el que nos conocemos desde toda la vida”.

“Ahí hay un intento de hacer el cine entre los amigos y reconocer que las historias que tenemos al lado. Por ahí no hay que salir a buscarlas a otros lugares, sino que nuestras propias historias también valen, también pueden ser contadas y también pueden interpelar a otro”, concluye Gentinetta

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