Por Melissa Zenobi | En la presentación de su último film, Good luck to you, Leo Grande, la película que llegará a Argentina a fines de este año, la actriz Emma Thompson puso en el centro de la escena el cuerpo de las mujeres y la dificultad que implica para muchas desnudarse en cámara. En este largometraje interpreta a una mujer de 55 años, viuda, en busca de un primer orgasmo, para lo cual acude a un trabajador sexual.

“Para ustedes los alemanes, la desnudez puede ser más normal. Pero los británicos tenemos que luchar contra nuestro puritanismo. Si me paro frente a un espejo, estoy siempre moviéndome o acomodándome pedazos de carne. No puedo simplemente mirarme. ¿Por qué haría eso? Es horroroso”, reflexionó Thompson.

Asimismo, explicó que las audiencias en todo el mundo no están acostumbradas a ver cuerpos sin tratamiento en las pantallas: “Solo estamos acostumbrados a ver cuerpos que han sido entrenados”, dijo y afirmó que ella sabía que Nancy –su personaje- no era una persona fitness: “No iba a ir al gimnasio, comería demasiadas galletas, tendría un cuerpo normal de una mujer de 62 años que ha tenido dos hijos”.

“A las mujeres nos han lavado el cerebro toda nuestra vida para odiar nuestros cuerpos. Todo lo que nos rodea nos recuerda lo imperfectas que somos y que todo está mal en nosotras. Tienes que mostrarte de una determinada manera”, sostuvo la actriz, que además agregó: “Intenta ponerte frente a un espejo y no moverte. Solo aceptar y no juzgar… es lo más difícil que he tenido que hacer. Hice algo que no había hecho nunca como actriz”.

Un mensaje cada vez más necesario

El perfil @mujeresquenofuerontapa celebró el alcance del discurso de Emma Thompson: “Por suerte cada vez somos más hablando de esto y es interesante que se sumen las voces de quienes pertenecen a una industria que nos sigue haciendo daño. Nos quieren hacer creer que somos cosas inalterables en el tiempo, pedazos de algo que debe encajar en un molde único para todas, diseñado para que no entremos. Diseñado para odiarnos y humillarnos desde niñas”.

Te puede interesar: Hermana, ¡soltá la panza!

“Nos quieren hacer creer que nuestro único valor reside en entrar en ese molde, aunque nos tengamos que cortar en pedazos. Exponernos todo el tiempo a imágenes de cuerpos ‘trabajados’, ‘transformados’ nos ha hecho demasiado daño. Hackear esa representación hegemónica de las mujeres es urgente. Desde acá lo venimos haciendo desde hace muchos años. Necesitamos vernos y ver a las que se nos parecen”, indicaron en una publicación que tiene más de 350 mil vistas y recupera el video subtitulado Thompson en los premios.

Hacia una pedagogía del límite

Bajo la consigna #HermanaSoltáLaPanza, en los meses previos al verano, Mujeres Que No Fueron Tapa, propuso una campaña para hackear la operación bikini. Con esta iniciativa, miles de mujeres y personas de la diversidad sexual comenzaron a subir fotos a sus redes sociales y a compartir imágenes que antes no se atrevían.

Te puede interesar: Una campaña para poner a las panzas en el centro de la escena

Las distintas publicaciones incluían mensajes de lo más estremecedores en relación a la valoración de los cuerpos. “Cuando tenía 12-13 papás me decían que trate de evitar la merienda porque era muy grandota y “quedaba feo”. A los 19 tuve anorexia con amenorrea durante casi un año y problemas óseos. Se sorprendieron y dijeron que era mi culpa por tener la mente débil”. “Mi ex pareja varias veces me dijo “Mirate sos un desastre. Nadie más te querría con este cuerpo, deberías agradecer que te quiero, no me gusta estar con gente gorda”.

Mensajes que describen la violencia simbólica constante que viven las mujeres. Sin embargo, su circulación está multiplicándolos, empoderando cuerpos y cambiando el eje de discusión. De esta manera se va generando una nueva pedagogía en relación a la violencia que se ejerce cotidianamente sobre los cuerpos no hegemónicos. En esta nueva etapa de la campaña #HermanaSoltáLaPanza, aparecen: “reflexiones iniciales a partir de todas las historias de humillación y violencia que sufrimos en el contexto de la familia, en la que se usa el ideal de belleza como excusa para violentarnos porque lo que nos “califica” como “buenas mujeres” en esta sociedad es encajar ahí”.

“La belleza como excusa para someternos. La belleza para pegarnos en donde más nos duele y dejarnos heridas que costará años sacar.  ¿O acaso no nos educan en la idea de que lo único que tenemos para dar es belleza?”, explican desde MQNFT, que  proponen además pensar que los varones también tuvieron que aprender a hacer esto: “Y no, no sos vos el problema hermana, ni tu cuerpo, ni el color de tu piel, el problema es vivir en un mundo que nos necesita humilladas y de rodillas para robarnos el poder”.

Sea a través de las redes sociales, en espacios organizativos, en lugares de trabajo, con las amigas, los espacios colectivos son los que están permitiendo poner límites a los mandatos, a las opiniones violentas y a ser aquello que se espera: “Vamos a aprender juntas, a hacer eso que no nos enseñaron y no quieren que aprendamos: Poner límites. Decir hasta acá”. 

Recibí más periodismo de este lado

Archivo historico