Redacción Canal Abierto | Se cumplen 30 años de la edición de El amor después del amor, trabajo que significó un puente por el que el Fito Paéz transitó de la cultura rock a la música popular. El abanico de invitados engloba desde sus próceres con los que ya había compartido banda y disco Charly García y Luis Alberto Spinetta, coetáneos como Fabiana Cantilo, Andrés Calamaro y Daniel Melingo, pero también artistas ajenos al mundo del rock como Lucho González, el Chango Farías Gómez y nada menos que Mercedes Sosa, quien ese mismo año había incluído una versión de Y dale alegría a mi corazón en su disco Sino, que el rosarino había grabado en Teercer mundo, su disco anterior.

El disco marcó una ruptura con el recorrido que Paéz había hecho hasta el momento. Ya no era la joven promesa que había logrado editar su primer disco solista con 21 años y codearse con sus ídolos de la adolescencia recién  llegado a Buenos Aires. También desterró la oscuridad que emanó tras el asesinato de su abuela y su tía y que cristalizó en Ciudad de pobres corazones y cuya onda expansiva alcanzó a Ey y Tercer mundo. Atrás quedaba también un exilio fallido, anunciado tras la salida de este último disco.

Todas las crónicas de la época señalan al inicio de su relación con Cecilia Roth en ese verano en Punta del Este como el big bang del disco que al momento de cumplir veinte años marcaba el récord de ventas –situación que, si se tiene presente la caída de este mercado, se debe mantener una década después.

Fito Páez y Cecilia Roth
Fito Páez y Cecilia Roth

Es ese mismo 1992 cuando la producción de discos de vinilos se interrumpe. Ese formato encorsetaba la duración de los álbumes, que no podían superar los 40 minutos para con una calidad más o menos aceptable. En pleno apogeo del 1 a 1, el CD termina de imponerse como formato estándar junto el casette, que también permitía una mayor duración. Así es como el disco de Páez también inaugura la década de los discos largos, con duraciones que superaban la hora.

A lo largo de los 14 tracks que componen el trabajo, Páez despliega un catálogo de sus inquietudes del momento: su nuevo romance, su interés por el séptimo arte (tanto la película Thelma y Louise como el título de su futuro film La balada de Donna Elena) o sus vivencias como músico.

El amor después del amor aparece en el momento en el que el rock empieza un proceso de masificación y desghettificación. Es por esos años en los que los recitales masivos comienzan a ser moneda corriente y escenarios como Obras, hasta entonces el máximo lugar al que un número musical local podía aspirar, empiezan a quedar chicos y convertirse en espacios corrientes para las bandas del momento.

Esta situación, sumada al éxito del disco, hizo que la gira de presentación lo llevara a tocar en todo el país con picos en Buenos Aires de 10 funciones en el Gran Rex en una primer presentación y tres Vélez en el transcurso de los dos años que duró la gira.

El contundente suceso trajo como contrapartida menor el descontento de un sector de su público que entendió ese éxito, el abandono de la poética sufrida de antaño y la presencia en espacios mediáticos no rock friendly por esos años como si fuera una traición a principios no declarados.

A 30 años de aquel disco, el cantante anunció que realizará una reversión con nuevos músicos invitados. Al igual que en su edición original, promete que la misma abarcará un amplio espectro. Entre los músicos anunciados aparecen también algunos que han sido referencia para él como Elvis Costello o Caetano Veloso (que incluyo Un vestido y un amor en Fina estampa, su disco homenaje al cancionero latinoamericano) pero también nuevos exponentes de la música popular latinoamericana como Bizarrap o Nathy Peluso. También en parangón con lo ocurrido entonces, el sólo anuncio cosechó críticas en las redes, juzgando un disco que aún no ha sido grabado.

 

 

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