Por Néstor Espósito | La defensa del ex secretario de Obras Públicas del gobierno 2003 -2015 José Francisco López desnudó una faceta -que hasta ahora no había trascendido- del alegato de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola en la causa por la obra pública en Santa Cruz: la trampa.

Los fiscales, según denunció durante su alegato el defensor oficial de López, Santiago Finn, se las rebuscaron para incluir como parte de la acusación un elemento que el propio Tribunal Oral Federal número dos les había rechazado. Y está, justamente, vinculado con López.

El 23 de setiembre de 2021, los jueces Rodrigo Giménez Uriburu, Sebastián Basso y Jorge Gorini desestimaron un pedido de los fiscales para incorporar como prueba las declaraciones que López había efectuado en calidad de “arrepentido” en la Causa Cuadernos.

López, el ex funcionario que figurará en los libros de historia como “el hombre que intentó ocultar bolsos con nueve millones de dólares de la corrupción en un convento”, tiene múltiples procesos penales abiertos. En uno de ellos, justamente el de los bolsos, está condenado a siete años y medio de prisión por enriquecimiento ilícito. En Cuadernos, cayó en el revoleo de “sortijas” que propuso el fiscal Carlos Stornelli: se acogió al régimen del arrepentido y si bien no aportó gran cosa, terminó siendo funcional al plan del difunto juez Claudio Bonadio.

Cuando los fiscales intentaron utilizar esa declaración como imputado colaborador para robustecer su alegato, que ya comenzaba a demandar ayudas extras para sostenerse jurídicamente, el tribunal rechazó su incorporación por lectura argumentando que “la utilidad de los legajos de los arrepentidos debía estar limitada a aquellos procesos en los que se hubieran prestado”.

Los fiscales desobedecieron la orden e igualmente, según denunció el defensor oficial de López, echaron mano a esas declaraciones para acusar no sólo a López sino para justificar la supuesta existencia de una asociación ilícita por la que pidieron 12 años de prisión para la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

¿Cómo lo hicieron? Durante las casi tres horas que duró su alegato, el defensor oficial Finn lo explicó con sencillez: “Grande fue la sorpresa cuando en el alegato estas declaraciones indagatorias que conformaban el legajo de arrepentido, que habían sido excluidas expresamente por el tribunal, fueron incluidas. La explicación fue burda: se leían los documentos de los procesamientos, que citaban -además parcialmente- las declaraciones indagatorias”.

Jueces, fiscales y abogados suelen hablar en los juicios penales de la “buena fe procesal”. De hecho, el Código Penal establece en causas con trasfondo económico o patrimonial que la violación a ese principio es un delito. Se llama “estafa procesal” y consiste en que cualquiera de las partes de un expediente emplee medios hábiles para conseguir mediante engaños que un juez cometa un error en su resolución. Ello debe traer aparejado bien un ánimo de lucro, bien un perjuicio patrimonial, o ambas cosas.

En este caso, según denunció Finn, los fiscales no podían utilizar los documentos en los que quedaron registradas las declaraciones de López como arrepentido. ¿Entonces qué hicieron? Fueron a buscar otros documentos: las resoluciones de Bonadio y las confirmaciones de la Cámara Federal sobre esas mismas decisiones, en las que para fundamentar los procesamientos fueron mencionados fragmentos de la declaración del ex secretario de Obras Públicas bajo el régimen de la ley 27.304.

En lo formal, no utilizaron lo que el Tribunal Oral les prohibió usar.  En lo real, encontraron un atajo para burlar tal prohibición. Algo así como que a un equipo de fútbol le prohibieran usar la camiseta de Boca Juniors y, entonces, ingresaran al campo de juego con una remera azul y un pañuelo dorado anudado en derredor del cuerpo a la altura del pecho.

El defensor oficial Finn pidió la nulidad de esa prueba. Y definió la conducta de Luciani y Mola como “incorporación ilegal” de un elemento de cargo para fortalecer la acusación, que viene sufriendo un traspié tras otro en cada uno de los alegatos de las defensas. Ello ocurre, aunque esa situación esté invisibilizada en los medios que transmitieron poco menos que en cadena nacional las nueve jornadas de casi 80 horas en total utilizadas por los fiscales para la acusación.

De acuerdo con la defensa de López, la conducta de los fiscales viola el Artículo 18 de la Constitución Nacional: “Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo. (…) Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos”. También viola otras leyes y artículos del Código Penal y de procedimientos, pero con la afrenta a la ley suprema basta y sobra para la descalificación de la conducta.

Para Finn, “es una nulidad absoluta, porque viola la garantía de negarse a declarar o declarar lo que quiera”.

La defensa de López señaló otras circunstancias que parecen robustecer la idea de la mala fe procesal. Si la acusación de los fiscales precisaba fundamentarse con la palabra del ex secretario de Obras Públicas en sede judicial, pudieron haber recurrido a la indagatoria que prestó en este mismo proceso, el de la Causa Vialidad, en 2016. Cuando en la etapa de juicio un imputado se niega a declarar, pero sí lo hizo durante la instrucción de la causa, la acusación suele pedir que se “incorpore por lectura” lo que dijo cuando la investigación estaba en su etapa inicial. Luciani y Mola no pidieron esa declaración. Acaso porque López se había defendido. Y un imputado que niega los cargos en el ejercicio de su defensa es menos atractivo que uno que bajo presión se acoge al régimen del arrepentido y admite la comisión de delitos.

El resumen más tierno de esa situación compleja quedó reflejado en una frase que pronunció el abogado de Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Beraldi, durante su segunda jornada de alegato en este mismo expediente. En un momento determinado, tras describir también él conductas de los fiscales en las que demostró que habían tergiversado el sentido de la prueba (y en consecuencia, habían mentido), les preguntó: “¿por qué son tan malos?”.

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Néstor Espósito: @nestoresposito

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