Redacción Canal Abierto | El fuego que afecta a la reserva “Corazón de la isla”, a unos 30 kilómetros del municipio de Tolhuin, es considerado uno de los desastres ambientales más graves de los últimos años en la región.

Desde que se inició el primer foco incendio hace 13 días -según las autoridades, por la irresponsabilidad de alguien que habría apagado mal un fuego-, ardieron cerca de 10 mil hectareas en el centro de Tierra del Fuego. Es decir, el equivalente a cuatro veces la superficie de la ciudad de Ushuaia.

“Desde la capital de la provincia, a poco más de 100 kilómetros, la escena parece la de la erupción de un volcán”, describe el presidente de la Federación de Bomberos Voluntarios de Tierra del Fuego, Hugo Canseco, quien asegura que “la intervención de los equipos fue temprana, pero coincidió con ráfagas de viento de 90 kilómetros por hora que expanden los focos y dificultan la utilización de medios aéreos”.

A esto se sumó la fuerte sequía que afecta al país y también la región, donde no se producen precipitaciones considerables hace cuatro meses.

En 2020 los incendios forestales aumentaron un 13% en todo el mundo. Y en septiembre de ese año, el segundo país más afectado por estos eventos fue Argentina. Los hubo en once provincias, aunque los focos principales fueron el Delta del Paraná y Córdoba. En esta última, ese año se prendieron fuego unas 350 mil hectáreas (la Ciudad de Buenos Aires tiene una superficie total de poco más de 20 mil).

Aún más grave fue la situación que un año atrás sufrió Corrientes, cuando ardieron más de 800 000 hectáreas, lo que equivale a aproximadamente el diez por ciento de la superficie de esta provincia.

Lo que está sucediendo en este momento en Tierra del Fuego parece indicar cuan lejos estamos de revertir esta tendencia.

Meses atrás veíamos cómo el fuego se propagaba por Entre Ríos y Santa Fe, volviendo irrespirable el aire de ciudades como Rosario. “Las causas fundamentales tienen que ver con el modelo de producción y sus efectos sobre el clima, que es lo que prácticamente no aparece en los debates: se reconoce la necesidad de apagar las quemas, la urgencia de los incendios, pero mientras no profundicemos en las causas que radican en el modelo de producción instalado, siempre volverá el fuego”, señaló a este medio Mauricio Cornaglia, de la Multisectorial Paren de Fumigarnos y recientemente electo secretario de Ambiente de la CTA Autónoma rosarina.

Hace aproximadamente dos años el Congreso argentino aprobó una ley que protege los ecosistemas del fuego accidental o intencional y prohíbe la venta de terrenos incendiados en plazos que van de 30 a 60 años, para evitar prácticas especulativas y emprendimientos inmobiliarios. “Los incendios forestales tienen causas, pero también nombres y apellidos”, afirmó en aquel entonces a Canal Abierto el diputado nacional Leonardo  Grosso.

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