“¿Qué hacer con la Villa 31? ¡Lanzallamas!”
Franco Rinaldi

Por Fabio Basteiro y Roberto Reinoso (*) | El joven odiador fue desplazado de su candidatura por sus numerosos insultos y expresiones de odio hacia homosexuales, mujeres, desaparecidos, judíos y “negros” de las villas. Pero ningún medio masivo mencionó las agresiones que dirigía contra los trabajadores aeronáuticos y la línea de bandera. Se entiende, porque esas empresas periodísticas a menudo también practican un clasismo que demoniza a asalariados con total impunidad. Y también tienen a este sector laboral “de cliente”.

Franco Rinaldi llevaba varios años vomitando sus brulotes fascistas en las redes sociales sin que hubiera mayores reacciones de condena. Sus problemas comenzaron el fatídico día en el que accedió a su candidatura a legislador por Juntos por el Cambio para las elecciones 2023, en un destacado primer lugar. La interna, una especialidad de sus rivales de la UCR, lo fagocitó, y fue bajado de las listas por las denuncias de C5N y Lousteau. El canal informó que Rinaldi era ñoqui de la Auditoría General de la Nación desde 2014 con un sueldo de 439 mil pesos (ya en ese año el entonces titular del organismo Leandro Despouy había sido denunciado en la Justicia Penal por instalar a éste y otros ñoquis).

Lousteau salió a criticar, tarde, pero con oportunismo de puntero, los videos en los que Rinaldi recomendaba usar lanzallamas contra la villa 31 y otros donde atacaba a los distintos colectivos antes mencionados. El resultado fue la caída del candidato, pese a que inicialmente su soporte Jorge Macri había defendido a quien podríamos llamar “el Lanzallamas”, aunque su ideario no esté muy cercano a los climas de la novela de Roberto Arlt.

El Lanzallamas también eligió a los trabajadores aeronáuticos como destinatarios de sus fobias político-sociales. Irrumpió con un libro en el que mostraba celo por el gasto público que provocaba Aerolíneas Argentinas, lo que no le había impedido disfrutar su zona de confort como ñoqui de una repartición pública. Accedió en el organismo de control (AGN) a información reservada para atacar públicamente a la línea de bandera. A partir de ese libro, y sin otra experiencia en la actividad aerocomercial, fue erigido por los medios como “especialista aerocomercial”, lo que les permitió durante años llevar a sus estudios a una “palabra autorizada” para atacar a Aerolíneas. El Lanzallamas estuvo a la vanguardia del “frente anti Aerolíneas Argentinas” que se gestó en esos años y que sigue operando para demonizar a los aeronáuticos y la compañía aérea.

Consultado con regularidad por TN y LN+ sobre todo lo que tuviera que ver con aeropuertos nuevos, aviones extranjeros retenidos por la justicia, aeronáuticos con reclamos salariales, tarifas de pasajes, vuelos sanitarios en pandemia, políticas oficiales para las líneas aéreas, dotación de tripulaciones por avión, virtudes de las compañías low cost, evolución de la “revolución de los aviones”, etc., el hombre no le hacía asco a ningún tema y tenía respuestas para todo, sin dudar.

El “experto” mostró en estos años virajes y contradicciones que ponían en duda su idoneidad. Una: en 2017 apuraba al gobierno para que avance con la desregulación: “para que haya low cost en Argentina, se deben dar por lo menos tres factores determinantes de la regulación del mercado aerocomercial, que el Gobierno ha dicho que no va a desregular. En primer lugar, la banda tarifaria; en segundo, los convenios colectivos de trabajo y, el tercero, la derogación del decreto 671, que está inserto en el Código Aeronáutico y que tiene vigencia en Argentina. El mismo impone una cantidad de horas de descanso para las tripulaciones que vuelen con matrícula argentina. Pero, además, el Gobierno ha decidido que no les va a permitir a las empresas extranjeras que hagan vuelos locales en la Argentina o que puedan contratar tripulaciones de otros países. Por todo lo dicho, decir que va a haber low cost con este marco regulatorio y legal es como decir que el fútbol se puede jugar con pelota ovalada” (El Economista, 24/8/17).

Finalmente, el gobierno hizo parte de lo que reclamaba, y eliminó los pisos tarifarios en julio de 2018. El Lanzallamas, al reclamar “guerra” de tarifas, destrucción de los Convenios de Trabajo y eliminar los regímenes de descansos de las tripulaciones y la introducción de mano de obra barata con incorporación de tripulantes extranjeros, aparecía como vocero de los sectores más radicalizados del empresariado aeronáutico, ansiosos por lograr la desregulación total de la actividad. Pero al cabo de un año, cuando ya se sentía la desfinanciación de las líneas aéreas por la reciente irrupción de la “guerra de tarifas” que él había demandado, explicaba la nueva crisis de forma aséptica y distante, sin hacerse cargo de las consecuencias destructivas para las finanzas de las compañías aéreas de sus propias “recomendaciones” del año anterior: “en el marco de una economía en recesión, la actividad se expandió de manera irracional. Esto llevó a que una mayor cantidad de empresas pierdan cada vez más plata (…) Hoy prevalece la sobreoferta, porque el nivel de consumo se desplomó y todo indica que seguirá bajo” (Reportur, 23/8/18).

En 2018 publicó un artículo en Clarín (13/3/18) donde criticaba el aeropuerto El Palomar que había improvisado Dietrich por ser “precario y peligroso”. Pero al cabo de dos años se lo veía en su cuenta de Twitter rechazando el cierre de ese aeropuerto: “No habilitaron El Palomar. Sigue la siniestra política aerocomercial. Les falta coraje y fortaleza para decir en público y abiertamente lo que de verdad quieren: ninguna empresa privada volando cabotaje” (26/10/20). No reveló el Lanzallamas si hubo motivos de peso que lo llevaron a cambiar su opinión de “experto”.

En el tuit anterior, además de defender el funcionamiento de El Palomar, acusaba al gobierno también de no querer empresas privadas en el mercado de cabotaje. Esta idea de que se estaba montando un monopolio por parte de la línea de bandera fue una fake martillada en forma recurrente durante 2020 y 2021 también por el diario La Nación y su periodista especializado en ataques a Aerolíneas, Diego Cabot. Rinaldi parece haberse sumado a esa campaña, que buscaba condicionar cualquier intento de desmontar la fuerte desregulación en la actividad que había dejado el ministro de Transporte Guillermo Dietrich. Pero el diario y el “experto” quedaron fuera de juego en este pronóstico, porque 2022 y 2023 fueron años de afirmación y crecimiento para las low cost, como ellas mismas se encargaron de informar oficialmente (más pasajeros, nuevas rutas y más aviones).

Como si no fuera poco, mostró problemas para entender las competencias jurisdiccionales. Por ejemplo, cuando amenazó con apropiarse del Aeroparque Jorge Newbery si accedía a alguna posición de dirección en la Ciudad de Buenos Aires. Dijo: “Yo mañana entro a la jefatura de gobierno porteño. Lo llamo a Martincito Eurnekian para que esté mañana a las 10 en mi oficina. Viene Martín: ‘maestro, se tienen que ir de Aeroparque, ya’”. Aquí, Rinaldi muestra alarmante desconocimiento: esas decisiones son competencia del gobierno de la Nación, y no de un gobierno municipal. El Aeroparque Jorge Newbery forma parte de un Sistema Nacional de Aeropuertos. Y existe un organismo de control de los aeropuertos que se llama ORSNA, Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos.

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 Aerofobias

Un diccionario mínimo, reducido, de algunos de sus ataques a los aeronáuticos y a Aerolíneas.

2013. Rinaldi llevó adelante una airada defensa de LAN cuando el ORSNA (Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos) quiso disponer del hangar que la aérea chilena utilizaba en Aeroparque. Al extremo de delirar con que Lan era una empresa nacional: “LAN Argentina es eso, una aerolínea argentina establecida en el país”, dijo (Infobae, 25/8/13).

2014. En distintas entrevistas, hizo algunas advertencias. En Radio Mitre: “Aerolíneas es una empresa que sólo está abierta porque la financia el Estado”. A Majul le confió: “Aerolíneas es una empresa inviable”.

2016. Durante el gobierno de Macri, Rinaldi fue vehemente lobista de las low cost, y así se pudo entender mejor el sentido de sus ataques contra la línea de bandera. Las elogiaba diciendo que “son compañías que gastan lo menos que pueden en términos de servicios porque lo que ofrecen son pasajes a precios que produjeron una revolución en todo el mundo” desde los estudios de la TV Pública con tono amable. Muy distinto al aire de indignación que tenían sus comentarios sobre Aerolíneas Argentinas.

2017. Ante un conflicto gremial de los sindicatos del sector, reforzó la campaña de que los empleados de la actividad eran “privilegiados”: “La reducción de costos es central”, dijo. “Y eso atenta contra los privilegios del trabajador aeronáutico clásico en la Argentina” (Radio Mitre, 7/9/17), agregó, abogando por un aeronáutico precarizado, despojado de los derechos de sus Convenios de Trabajo. La clásica operación propatronal de presentar los derechos laborales como “privilegios”.

2020. En plena pandemia, proclamó que los vuelos a China tenían fines distintos al traslado de insumos sanitarios: “Todos los vuelos de Aerolíneas a China son un robo encubierto. Van 15 personas cuando podrían ir 3. ¡Y van a bagallear, van a robar! Van a traer productos para Mercado Libre” (cuenta Twitter de @juanpimaz).

2022. Pidió una reforma laboral que elimine conquistas del sector y debilite a las organizaciones sindicales: “Creo que el problema no es la cantidad de gremios, sino el poder que tienen, que es básicamente producto de que los sucesivos gobiernos no se deciden a enfrentar el problema de modificar el Código Aeronáutico para que se produzca una reforma laboral que permita cambiar convenios colectivos de trabajo y que desempodere a los sindicatos”.

2022. Contra los Pilotos: en ocasión de un diálogo entre dos pilotos por el orden de aterrizaje de sus vuelos que arribaban a Aeroparque, fue consultado y contestó categórico: “hay una gran indisciplina de los pilotos, tienen que hablar poco y menos en los procesos críticos como el de este episodio. Es muy importante que los pilotos estén concentrados para evitar complicaciones” (Perfil, 18/10/22). Empoderado por los grupos mediáticos, intervenía también como experto en normas de la cabina.

 

Un oscuro día de justicia

 Los ataques a los aeronáuticos y su situación de ñoqui no escandalizaron a los medios dominantes. Pero los aeronáuticos tuvimos un desagravio a estas agresiones y dislates, porque fue un trabajador y activista aeronáutico quien realizó una paciente compilación y difusión de los videos hater del Lanzallamas, lo que permitió una mayor visibilización social con los consiguientes repudios. Al exhibir el odio rinaldiano a los distintos colectivos desde su cuenta de Twitter, el compañero @GDoggBA dió una enseñanza acerca de cómo intervenir en las redes para convertirlas en arma de autodefensa de los trabajadores aeronáuticos.

Un mes antes del escándalo de las denuncias, desafiante y premonitorio, Rinaldi le había dicho a la periodista María Oliván: “a mí no me cancela nadie, no lo voy a permitir”. Finalmente, el domingo 16 de julio, en los estudios de TN se quejó amargamente de cómo había sido volado de la lista de Jorge Macri. El Lanzallamas, nada menos, habló de linchamiento, ensañamiento, crueldad y cancelación. Demasiada victimización, teniendo en cuenta el irritante ciclo de embestidas que ejerció desde sus redes. Antes del vuelo final, reculando en sus pergaminos de odiador para esquivar la inminente estocada final, había balbuceado unas disculpas “por si alguien se sintió ofendido”. Lo hizo a tal extremo que pareció exponerse a perder la simpatía de las afiebradas mentes haters que lo seguían en redes celebrando sus insultos y amenazas.

Igualmente, ya aplastado por los acontecimientos, es muy probable que en el futuro el Lanzallamas siga operando junto al inorgánico pero machacoso “frente anti Aerolíneas Argentinas” compuesto por empresas periodísticas, empresarios de la aviación privada, lobistas y políticos que viajan gratis por la misma línea de bandera que atacan (casos recientes de P. Bulrrich y su pupilo, el diputado Luciano Laspina), seguirán embistiendo contra la línea de bandera, jugando para que los “fondos de inversión” capturen el 65 % del jugoso y creciente mercado nacional de pasajeros que vuela con ella.

* Fabio Basteiro y Roberto Reinoso, trabajadores aeronáuticos, autores de ¿Por qué fracasó la revolución de los aviones?, Red Editorial.

Foto principal: Juan Carlos Casas en La Política Online

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