Publicada originalmente el 19 de junio de 2026
Redacción Canal Abierto | Florencia Peña, actriz y conductora de “El show del verano” en Luzu TV, anunció al aire el fallecimiento del padre de Lionel Messi. Rumores sobre el estado de salud del padre del capitán de la selección argentina circulaban desde el día anterior. Tras conocerse que no era una situación real, se aclaró al aire y la producción periodística se hizo cargo del error.
El tiempo pasa, los formatos se renuevan, la tecnología hace sus aportes. La irrupción de las plataformas vino a simplificar el acceso a la palabra, revolucionar el consumo de información y tensionar las prácticas profesionales. Pero hay lógicas que no cambian y el hilo se sigue cortando por lo más delgado.
Tras el linchamiento mediático de la actriz que encarnó a Moni Argento, las autoridades de Luzu emitieron un comunicado en el que anunciaban el despido de los trabajadores involucrados en el hecho.
El dueño del medio, Nico Occhiato, salió a poner tierra de por medio con un tuit. Luego, el comunicado oficial: “Desde Luzu TV lamentamos profundamente lo ocurrido al aire en el programa El show del verano. Para nuestro canal es inadmisible la difusión de información sensible sin la debida verificación previa. Por ese motivo, las autoridades de LUZU TV han tomado la decisión de desvincular a todos los responsables y Florencia Peña tomará la decisión de dar un paso al costado. Reafirmamos nuestro compromiso con una comunicación responsable, respetuosa y rigurosa”.
Los trabajadores, a la calle. La actriz, a la hoguera. El dueño, a salvo. Como corresponde.
Para entender lo que pasó, Canal Abierto recurrió a dos voces autorizadas: Pascual Calicchio, periodista con larga trayectoria y ex secretario general de la Defensoría del Público, y Mariana Mandakovic, secretaria adjunta de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) y de la CTA Autónoma. Ambos señalan el mismo diagnóstico: el error no es un accidente, es la consecuencia de un sistema que precariza, flexibiliza y exprime a los trabajadores de prensa.
“Me parece que lo principal es la precarización que está sufriendo el gremio periodístico”, sostiene Calicchio. Y aclara: “Más allá de que sea un medio nuevo, ese error lo podría haber cometido cualquiera. Es algo habitual, sobre todo en la búsqueda obsesiva de la primicia”.
Mandakovic profundiza en el dato concreto: “El básico de la actividad está por debajo de la línea de la indigencia. Hay precarización laboral, flexibilización y pluriempleo. Hoy un trabajador o una trabajadora de prensa tiene que tener al menos tres empleos para poder llegar a fin de mes”. Y añade una reflexión que resuena con la de Calicchio: “En ese contexto, sabemos que el hilo siempre se va a cortar por lo más delgado, por el trabajador o la trabajadora, cuando en realidad a los medios no les importa producir esa información de calidad que es tan necesaria y que es parte de la función social que tenemos los periodistas”.
Calicchio describe el clima previo al error: “Los grupos de WhatsApp de periodistas ardían con este tema: circulaban versiones encontradas, unos decían que el padre de Messi había muerto, otros que era una mentira absoluta, algunos que estaba muy grave y lo habían mandado a su casa porque no había nada que hacer, y otros que solo era una infección urinaria. Esas fueron todas las versiones que escuché en la mañana”. Y agrega una clave: “Todos se preguntaban ‘¿por qué nadie lo dice?’. En este caso particular nadie dijo nada, salvo Florencia Peña. Creo que fue por miedo a meterse con Messi; nadie quería adelantarse”.
Mandakovic alerta que el problema es estructural: “Venimos planteando nuestra preocupación por la abundancia de información que no está chequeada, que no tiene el rigor que exige producir información de calidad: investigar, chequear las fuentes, asegurarnos de que sean plurales, poner en contexto lo que dice una fuente, corroborar. Esos son los pasos y el rigor que nosotros, los trabajadores y trabajadoras de prensa, sabemos cómo aplicar”.
Ambos coinciden en que la inmediatez y la competencia por la primicia son enemigas del oficio. Calicchio lo sintetiza: “La sanción, en estos casos, no va a ayudar a que los periodistas trabajen mejor. Distinto sería si hubiera una mentira organizada para dañar a alguien, pero acá lo veo más como fruto del apuro por la primicia”. Mandakovic, por su parte, señala el contexto del streaming: “Si además tenemos que competir con figuras que no son del ámbito del periodismo pero que también difunden porque, en el streaming, se trata de generar un espectáculo permanente, ver qué es lo que mide y a partir de ahí conseguir un título que después circulará por todas las redes, la verdad es que se hace muy difícil plantear esas exigencias mínimas que deberíamos tener”.
Sobre el comunicado de Luzu TV, Calicchio es contundente pero mesurado: “Leí el comunicado y me parece que se lava un poco las manos, porque habría que preguntarse si hubo capacitación previa, si el canal tiene códigos claros que los trabajadores deban respetar, o si todo es una reacción para despegarse del escándalo”.
Mandakovic va un paso más allá y pone el foco en lo que el comunicado no dice: “Lo que se pretende derogar son esas condiciones de trabajo que deben tenerse en cuenta y que los periodistas necesitan para poder realizar la tarea como corresponde”. Y advierte sobre el trasfondo político: “Cuando se pretende derogar el Estatuto del Periodista Profesional —que tiene fecha: el primero de enero de 2027, porque se consiguió una prórroga; si no, ya habría quedado derogado con la reforma laboral—, justamente lo que se ataca son las condiciones que nos permiten trabajar con rigor”.
Calicchio propone que esta situación deje como enseñanza que la solución no pasa por el castigo sino por la prevención: “Los ejes centrales tienen que ser la capacitación, el diálogo y la reflexión sobre la práctica periodística, y sobre todo, el tema de la precarización. Porque de ahí se desprenden la mayoría de los errores que cometen los periodistas hoy”. Y recuerda su experiencia en la Defensoría del Público: “La mayoría de las veces no era por mala intención del periodista, ni por ganas de agredir o agraviar. Siempre tenía que ver con la precarización. Por eso intentábamos llevar los casos al diálogo, a la capacitación y a la responsabilidad de las empresas”.
La dirigente de FATPREN coincide y agrega una demanda concreta: “El problema no debería terminar en el despido de compañeros, sino que deberíamos poder protegerlos para que puedan decir ‘no’ a producir cualquier información sin tiempo para chequear o preparar una entrevista. Lo que necesitamos es que se nos garanticen las condiciones de trabajo necesarias para cumplir la función social que tenemos: producir información de calidad”.
Y cierra con una advertencia que resuena más allá del caso puntual: “Si a esto le sumamos un gobierno nacional que nos ataca permanentemente y nos dice ‘soberbios’, la verdad es que se hace muy difícil plantear esas exigencias mínimas que deberíamos tener”.
El despido de trabajadores y la salida de Florencia Peña dejan en evidencia una vez más que, cuando el sistema mediático falla, los costos no los pagan los dueños, ni los inversores, ni quienes diseñan las lógicas de producción, sino los trabajadores. Los que corren de un lado al otro por salarios magros y son la carne que se echa a la picadora cuando la misma lógica que los empuja a esas prácticas muestra sus costuras.

