Publicada originalmente el 23 de junio de 2026
Redacción La Tinta* | “Si el mundo quiere venir a cortarnos las piernas, le vamos a demostrar que acá se juega con pelotas”. La frase, pronunciada por un joven Maradona recreado con IA, aparece durante las polemiquísimas pausas de hidratación (cooling breaks) de los partidos que inauguró este Mundial como parte de una campaña publicitaria de la empresa BetWarrior, una plataforma de apuestas online. En el anuncio, el Diego, hecho a semejanza de un mundo que no le pertenece ya, mira a cámara y te mete fichas para que apuestes.
El pasado jueves, el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren) solicitó el análisis de la publicidad de BetWarrior, emitida por canales de televisión abierta, redes sociales y otras plataformas, ante el presidente de CONARP, Fernando Hoffman; el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), la Defensoría del Público y la Asociación del Fútbol Argentino.
La denuncia es por violencia simbólica y mediática: “La campaña publicitaria de BetWarrior junto a la Selección Argentina es una incitación a dos de los peores flagelos que lastiman a nuestra sociedad actualmente: los micromachismos y la ludopatía”.
Se dijo que el Mundial de Qatar 2022 fue el evento con mayor volumen de apuestas online de la historia hasta ese momento. Según reportes que se hicieron a posteriori, las apuestas crecieron entre un 40% y un 70%, particularmente en el live betting, lo que demostró un nuevo comportamiento de quienes son usuarios de esas plataformas. Ahora se supone ―y no hace falta indagar tanto― que se superará ampliamente a la edición anterior. Más equipos, más partidos, más opciones de apuestas: los goles y el resultado final son las protagonistas, pero también quién los hace, cuántos goles, los jugadores y sus rendimientos, o las tarjetas amarillas, los córners, las lesiones o cambios obligados. La oferta de mercados se diversificó y sofisticó.
Una profe estaba dando su clase en 4° año y, de repente, uno de sus alumnos se puso mal después de mirar el celu: “Me acerqué porque fue notorio el cambio en su rostro. Me dijo que estaba mal porque perdió en uno de los partidos, pero no quiso contarme más”. En ese cole, no anticiparon lo que podrían implicar las apuestas en este Mundial; ahora, un poco sorprendidos, están pensando cómo abordar el tema. Juan tiene 18 años y nos cuenta que juega con sus amigos en la app Prode Máster —una de las tantas que hay—. No apostaron dinero y lo hacen porque “es divertido ver todos los partidos, hinchar por un país en cada partido, hinchar por tu resultado”. Y aclara que se enteraron después de la opción de Mercado Pago, porque, si no, seguro lo jugaban ahí “porque te da una recompensa”.
Perder es lo más fácil y lo más probable que pase en la mayoría de los casos, el tema es qué genera eso cuando no es solo un juego y cómo se tramita. No solo están apostando menores, también lo hacen personas adultas, pero acá nos interesa pensar en ese universo juvenil que, en este mundial, parece combinar hincha con apostador. Azul, que apuesta desde la primaria ―en esa época, alfajores o figuritas, ahora, vino y empanadas―, dice: “Siempre que ves un partido, elegís un bando para sentir que algo tuyo está en juego y que podés ganar o perder vos también. Ahora que nuestra atención vale tanto, Galperin se metió en el medio para convertir nuestra costumbre en ganancia. Entonces, el problema es que ahora nos fogonean emociones para sacarnos plata”.
Fernando Aguilar Mansilla es referente del Consejo Federal por el Derecho a Jugar en Córdoba, vive en Río Cuarto y participa del Colectivo Apasa de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Al consultarlo sobre el tema, nos dice: “Lo que se busca es instalar una cultura de la apuesta, con o sin dinero, como una forma de configurar el disfrute y los sentidos. Este fenómeno avanza, en parte, porque no existen políticas públicas que regulen, lo que coloca el derecho a jugar en un estado de vulnerabilidad social. El otro conflicto es que, si niñxs y jóvenes están en riesgo, también lo están sus familias. La problemática, por lo tanto, es estructural”.
Bet or not bet
Los prodes del Mundial no son una novedad, más bien, son tradición en espacios de trabajo, entre amigues, un juego que le sumaba un poco más de mística al evento deportivo que mueve pasiones. Pero este año, la Copa del Mundo cambió sus lógicas y, por defecto, también este juego, que al parecer nos reunía un poco entre el azar y mucho más para hablar de fútbol. Ahora es una diversión que enriquece a multimillonarios. Los circuitos para apostar son múltiples; hay muchísimas apps, pero que solo son plataformas para ingresar los datos y hacer las predicciones, grupos que hacen sus apuestas por WhatsApp, sitios web de apuestas como, por ejemplo, todas las que promocionan influencers o la misma Copa en su pausa de hidratación, en acuerdos comerciales establecidos por la FIFA.
En esta Copa, la empresa de la que es propietario Marcos Galperin lanzó una novedad: un prode del Mundial. La Asociación de Loterías, Quinielas y Casinos Estatales “acusó a la empresa Mercado Pago de operar como casa de apuestas sin habilitación; la compañía de Marcos Galperin hizo su descargo; finalmente, la firma cambió las condiciones y cerró la controversia”, diciendo que “Fixture 2026” es una experiencia gratuita destinada exclusivamente a mayores de 18 años y que se puede jugar gratis. Lo que te ofrece es la posibilidad de sumar puntos, competir por premios y cupones tanto para Mercado Libre como Mercado Pago. Aducen que los premios diarios se obtienen mediante una trivia de conocimiento general y que no hay fines recaudatorios. Lo que comúnmente se explica como economía de la atención.
Según la Encuesta Nacional sobre Apuestas Online y Adolescencia: construyendo entornos seguros en las escuelas secundarias, del Observatorio Humanitario de la Cruz Roja, con medición del 2025 con encuesta cerrada en 231 escuelas en 16 provincias, con un total de 11.421 encuestas a adolescentes entre 13 a 18 años. El dato principal es que “6 de cada 10 adolescentes están expuestos al juego online, por participación directa (16%) o vínculos cercanos que apuestan (45%), y que el vínculo con las apuestas online comienza a los 13–14 años y aumenta de forma sostenida hasta los 17–18 años, siendo los varones los que apuestan tres veces más que las mujeres y presentan mayor frecuencia e intensidad de juego”.
Aguilar Mansilla sostiene: “Lxs jóvenes son grandes consumidores del Mundial, no solo por lo que generan los partidos, también por la compra de camisetas, álbumes de figuritas, el seguimiento de influencers y youtubers”, entre otros. Y detalla: “Hincha y apostador son dimensiones que van de la mano en el desarrollo actual de la industria del fútbol, que aprovecha la pasión que genera el ‘ser hincha’, esa dimensión afectiva que, per se, no produce rendimiento económico. Por eso, generan nuevos dispositivos de consumo en la cultura de esta industria y las apuestas virtuales aparecen como una modalidad emergente, que se expande con el crecimiento de las billeteras virtuales y el uso de los celulares entre niños y jóvenes”.
Para el especialista, los riesgos están claramente asociados “con las implicancias en la salud mental, las posibilidades reales de generar conductas adictivas vinculadas a la ludopatía. Además, instala la idea de que las apuestas generan ‘dinero fácil’ y la reproducción de una cultura de la inmediatez. El incremento de jóvenes que apuestan refleja el mundo de incertidumbre que están experimentando. Es importante trabajar en los discursos en que la responsabilidad recae únicamente en la conducta individual y situarla en el plano de la responsabilidad social. Esto requiere poner el tema en agenda y debate, investigar y exigir políticas públicas que regulen este funcionamiento”.

