Publicada originalmente el 29 de junio de 2026
Por Gladys Stagno | “Una parte creciente del cuentapropismo argentino se da en casas, ferias, salones de uñas y ventas por Instagram. Y tiene cada vez más cara de mujer”.
La afirmación es de Daniel Schteingart –director de Argendata, el proyecto de producción y análisis de datos del centro de investigación Fundar–, quien pone de relieve un fenómeno creciente que aparece escondido en las estadísticas de empleo y que responde a fenómenos de época.
El fenómeno tras los números
Los datos publicados días atrás por el INDEC muestran que la informalidad laboral ya alcanzó el 44,2% y que el trabajo registrado perdió aproximadamente 52.000 puestos netos en seis meses. Esto no es nuevo: “En 2012-2015, el 52% del empleo era asalariado formal. Hoy esa cifra es 45%, la menor en veinte años”, cuenta Schteingart.
Luego agrega: “En cambio, ganó peso el empleo asalariado informal y, sobre todo, el empleo no asalariado (cuentapropismo). En 2026, el 28% del empleo es no asalariado, el máximo en al menos 25 años”.
Ahora bien, los cuentapropistas no son necesariamente monotributistas (que son formales). Según detalla Argendata, la mayoría “ni siquiera emite factura”. Y en ese grupo es donde crece la cantidad de mujeres.
Mientras en 2012 sólo el 34% del empleo no asalariado eran mujeres, hoy son el 42%, y subiendo. En las modalidades asalariadas, en cambio, la feminización sube bastante menos. Y tampoco crece su participación en las aplicaciones de transporte, como Uber o Rappi, donde el universo es mayoritariamente masculino. “¿Qué está pasando entonces? Mujeres que se insertan al mercado laboral como nunca antes buscan empleo, pero como no hay opciones en el segmento formal, se ‘fabrican’ el empleo”, asegura Schteingart.
En relación a las razones, el especialista ensaya dos: el deterioro de los ingresos familiares, que obliga a las mujeres a generarse ingresos extra; y la estrepitosa caída de la tasa de natalidad, que “libera” a algunas de ellas de los trabajos de cuidado.
Convendría no descartar una tercera opción: que el segundo fenómeno fuese, en parte, consecuencia del primero. Dicho más claramente: que los ingresos no alcanzan y las parejas eligen tener menos hijos ante la incapacidad de mantenerlos y, sobre todo, de dedicar tiempo a la crianza, tiempo que deben asignar a trabajar para sobrevivir.
Fabricarse el trabajo
Ahora bien, con una economía estancada desde hace más de diez años, y un modelo que destruye empleo formal, ¿de qué trabajan estas mujeres cuentapropistas?
“Casi un 40% en comercio, principalmente de alimentos y ropa. Mujeres feriantes, comerciantes y, cada vez más, que venden desde su casa por internet –detalla el titular de Argendata–. Un 14% adicional trabaja en ‘Servicios comunitarios y personales’, principalmente, servicios de peluquería y tratamiento de belleza (…). Otro 13% trabaja en ‘Industria manufacturera’. No es empleo en la fábrica, sino emprendimientos de fabricación artesanal de bienes: alimentos de distinto tipo, ropa, artesanías (…). Y otro 13% son servicios profesionales y empresariales. Acá se trata de mujeres profesionales que trabajan freelance (abogadas, contadoras, marketing, consultoría, etc.)”.
Sobre esto último, el estudio presentado a comienzos de mes ante la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados y elaborado por la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), tiene bastante que decir.
El análisis encabezado por las investigadoras Déborah Daich y Estefanía Martynowsky se centra en explorar el vínculo entre “trabajo sexual y plataformas digitales” y llegaron a algunos hallazgos muy interesantes.
Van algunos: El primero, que la mayoría de quienes realizan trabajo sexual en plataformas son mujeres cisgénero (el 83%), jóvenes (la edad promedio es 31 años, pero el rango es 19 a 50) y sin hijos (76%) ni personas a cargo; el segundo, que en general son trabajadoras con un nivel educativo medio y alto (la mayoría presenta estudios terciarios y universitarios); y el tercero, que el 54% de los y las encuestadas combina la venta de contenido sexual y erótico con otros trabajos (el 40% son, además, trabajadoras del sector formal). Y el cuarto, que la mayoría (72%) de quienes optan por el trabajo sexual en plataformas lo hacen por necesidad.

