Por Carlos Saglul | El poder más concentrado no necesita mostrarse. Vive cómodo en la oscuridad. Sólo se conocen sus personeros. Los gerentes circunstanciales de políticas que persisten más allá de la suerte de sus representantes. Ricardo Zinn, autor intelectual del Rodrigazo, hombre de Martínez de Hoz, mentor intelectual del joven Mauricio Macri, quizá estuvo entre estos elegidos hasta que el avión en que viajaba cayó producto de una avería sospechada de atentado.

El Rodrigazo

Se cumple  en estos días un nuevo aniversario del denominado Rodrigazo, casi sinónimo del “ajuste” para los argentinos. En junio de 1975 el Peronismo en el gobierno rompe con su tradición y designa a Celestino Rodrigo al frente del Ministerio de Economía. Es quien lleva adelante el primer ajuste salvaje que prologará al Proceso de Reorganización Nacional. Junto con José López Rega cargará con la furia popular que no dudará en movilizarse para terminar expulsándolo del poder. En cambio, casi nadie recuerda al verdadero autor del plan que sirvió de ensayo a lo que vendría después con la dictadura, ya que demostró al poder económico concentrado y sus aliados, que sólo un genocidio podía llevar  a buen puerto un ajuste de esa magnitud. Nos referimos a Ricardo Zinn.

Para que no queden lugar a dudas del lugar ocupado por cada uno, es sintomático que apenas establecida la dictadura Rodrigo vaya preso  mientras Zinn se transformó en uno de los principales asesores de Martínez de Hoz, como lo fue luego de Carlos Menem y Domingo Cavallo.

Nacido en 1926, Zinn se recibió de contador público nacional en la Universidad de Buenos  Aires si bien públicamente siempre se presentó como “economista”. Antes de su experiencia en los despachos públicos fue ejecutivo de las empresas Sasetru, Socma y presidente de Sevel, todas ligadas al Grupo Macri. Para la biógrafa del actual presidente, Gabriela Cerruti, fue además mentor intelectual del delfín del clan y actual jefe de Estado de la Argentina.

Noche de brujos

La política que llevó adelante desde el Ministerio de Economía José Ber Gelbart a partir de 1973 mantuvo controlada la inflación y logró una equidad creciente en la distribución de la riqueza. Luego que el denominado pacto social saltó por los aires, muerto Juan Perón, el economista -quizá el mejor cuadro comunista local en materia económica- quedó a merced de José López Rega, quien desde el Ministerio de Bienestar Social ya controlaba al resto del gabinete. Lo sucedió Alfredo Gómez Morales, un ortodoxo que redujo el control de precios y realizó una moderada devaluación.

Las reservas siguieron bajando, se deterioró el precio de las exportaciones. Los laboratorios farmacéuticos con los precios congelados anunciaron que estaban al borde del cierre. En las góndolas de los supermercados escaseaba desde el papel higiénico hasta el aceite. El ministro que era respaldado por radicales y justicialistas no tardó en caer. Un hombre de López Rega iría en su lugar.

Celestino Rodrigo llegó a la ceremonia de jura en Casa de Gobierno viajando en la Línea A del Subte. Había acordado la escena con algunos periodistas para dar una imagen de transparencia y austeridad. Cuatro días después anunció el peor ajuste que había conocido la historia del país. “Toda política de distribución de ingresos mediante salarios es una farsa”, afirmó.

El conjunto de medidas anunciadas por el ministro, que asumía en un gobierno “peronista”, no fueron como pretendió hacer aparecer en los medios, “un intento de frenar  a la inflación”, sino una gigantesca transferencia de recursos del sector asalariado y la pequeña burguesía a “los dueños de la argentina”.

El plan que presentaba Rodrigo tenía en su un autor, Ricardo Zinn, un antiperonista convencido que había colaborado con cuanta dictadura sufrió el país y tenía un objetivo central, destruir lo que quedaba, luego de proscripciones y dictaduras,  del modelo iniciado en 1944.

Entre las principales medidas se verificó una devaluación del 160%, incrementos en los combustibles del 181% y aumentos del 76% en la mayoría de los servicios. A los trabajadores se les ofreció para compensar un incremento del 38%.

La respuesta de los sindicatos al ajuste no se hizo esperar. Con las comisiones internas y los delegados activando a las bases, la denominada “burocracia sindical” no tuvo más que amenazar con un plan de lucha. Se lograron aumentos del 130% que fueron inmediatamente derogados por decreto presidencial.

El secretario general de la CGT, Casildo Herreras, y el titular de la Unión Obrera Metalúrgica, Lorenzo Miguel, lanzaron un plan de lucha. La medida de fuerza se extendió a todo el país, fundamentalmente por los gremios combativos de Córdoba, Mendoza y de la zona sur como Propulsora Siderúrgica y Astillero Río Santiago, el cinturón industrial de zona oeste, Peugeot y Volkswagen. El comandante en jefe del Ejército, Numa La Plane, se negó a reprimir. Los militares pidieron la renuncia de López Rega quien se fue del país y pocos días después renunció Rodrigo.

Rodrigo escapó a escondidas de Casa de Gobierno. Los militares aprovecharon para sacarse de encima a López Rega y desenmascararlo como jefe de la organización del terrorismo de Estado, Alianza Anticomunista Argentina. A partir de ese momento, el genocidio queda bajo el mando castrense.

El parto de la patria financiera

La devaluación de Rodrigo es inseparable del nacimiento de la “patria financiera”, uno de cuyos apotegmas fue “mayor devaluación mejor ganancia”. Con el uno a uno del menemismo y “la estabilidad”, igual siguieron ganando en base a la diferencia entre  tasas locales e  internacionales. Contrajeron créditos baratos  afuera para depositarlos a los intereses locales. La mayor parte de la deuda externa no fue otra cosa que auto-préstamos de las multinacionales y sus socios locales. Ganancia pura que pagan los más pobres. Tras el Rodrigazo, el futuro ministro de Economía Martínez de Hoz habló en la Bolsa de Comercio y admitió que no era posible cambiar el rumbo económico sin represión. El golpe ya estaba en marcha.

Celestino Rodrigo fue detenido por los golpistas y pasó varios años preso. Zinn no hizo nada por su ex jefe pese a sus aceitadas relaciones con los militares. Estaba demasiado ocupado trabajando para Alfredo Martínez de Hoz. Escribió dos libros gemelos “La segunda fundación de la República”, fue responsable del denominado Plan de Entidades Financieras y nexo entre el gobierno militar y el Grupo Macri, e impulsor del Centro de Estudios Económicos (CEMA).

Zinn fue el verdadero precursor del neoliberalismo. En su libro “El Rodrigazo”, Néstor Restivo y Raúl de la Torre subrayan: “La idea de generar una estampida inflacionaria que licuara la deuda de las grandes empresas, casi toda en moneda nacional, que rompiera el control de precios que regía desde 1973 y que beneficiara sobre toda a las compañías exportadoras, vía devaluación. La explosión era adrede. Si venían los gremios y pedían el 80%, Zinn decía que había que ofrecerles el 100%. Vienen los gobernadores y algo le vamos a tener que dar, así que por qué demorar las ejecuciones”. Muchos testimonios recuerdan “en el plan monetario que estábamos preparando nos pedían que agregáramos cifras siderales por las dudas”.

Cuando terminó la dictadura, hombre de la Ucedé, Zinn tuvo fuertes relaciones con la Fundación de Investigaciones Latinoamericanas (FIEL), la Asociación de Bancos  Argentinos y colaboró en La Nación. Murió en 1995 junto a José Estenssoro, de quien era asesor en la privatización de YPF, en un accidente aéreo sospechado de atentado.

La foto
Son escasas las imágenes Zinn. La fuente de la que publicamos es www.cari.org.ar, web del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, según se definen en su sitio web “el primer think tank en habla hispana”. La foto es de agosto de 1987 en el marco del seminario “La Constitución Argentina y la Constitución de los Estados Unidos”, organizado conjuntamente por el CARI, la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, la Asociación Argentina de Derecho Constitucional, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, la Comisión Fulbright Argentina, la Fundación Carlos Pellegrini (que Zinn presidía) y el Instituto Cultural Argentino-Norteamericano, realizado en conmemoración del Bicentenario del Congreso Constituyente de Filadelfia.