Por Leonardo Vázquez | Rafa no era un combatiente mapuche, no integraba la RAM (movimiento que el Gobierno, todavía, no ha dado muestras concretas de que alguien integre, a pesar de insistir con su peligrosidad; los mejores grupos de tareas de las fuerzas de seguridad de nuestro país no han logrado apresar a ningún terrorista ni capturar arma alguna de esta supuesta organización violenta), sino que participaba de un colectivo social de Bariloche, y acompañaba los reclamos territoriales de su familia, todo con una sonrisa que sin dudas encerraba -encierra- el pecado que lo llevó a la muerte: vivir con alegría, contradiciendo el destino de miserias que el sistema reservó para los de su clase.

Hasta que los guardianes de lo ajeno se cruzaron en su camino, “Rafita” integraba, desde el año pasado, el Colectivo de Comunicación Popular Al Margen, uno de los diferentes espacios que conforman la CTEP en Bariloche. Y participaba de El Semillero, una de las líneas de trabajo de la organización orientada a la promoción de derechos, que funciona en el barrio Nahuel Hue, donde “el Rafa” tenía su casa. Allí funciona un centro de formación socio-laboral en el que existe una carpintería, que para los pibes con conocimientos más avanzados es un espacio productivo que permite comercializar las cosas que hacen. La agrupación además desarrolla actividades deportivas y recreativas, talleres de fotografía, y distintas instancias de contención en los barrios pobres del alto barilochense.

Rafael murió por un balazo de las fuerzas federales el 25 de noviembre de 2017, mientras acompañaba a su tía en una recuperación que fue atacada ferozmente por más de 300 efectivos, por orden del juez Gustavo Villanueva, en la zona del Lago Mascardi. Otros dos comuneros fueron heridos con balas de plomo pero lograron refugiarse en los montes.

En la búsqueda de contrarrestar el efecto eliminador de la campaña del desierto macrista, Canal Abierto habló con su compañero Alejandro Palmas, para conocer de cerca al joven que la prefectura asesinó desarmado, y por la espalda, como corona de flores presidencial para el velorio de Santiago Maldonado, que se realizaba ese mismo día en 25 de Mayo: “el Rafa es muy autónomo desde los 15 años, un poco por su historia familiar fue construyendo su propia vida de adulto, con 21 años ya vivía solo, armó su propia casita en un terreno”, dice Alejandro de Al Margen. “En esa búsqueda de autonomía abandonó la escuela, transitó por la experiencia de los talleres de formación de oficios y aprendió herrería, carpintería, y con ese aprendizaje agarraba changas, soldaduras, arreglos. Con eso y una beca del municipio la iba piloteando”, aclara, dando por tierra las versiones sobre el mega financiamiento del terrorismo internacional a los mapuches patagónicos.

El lunes siguiente al homicidio, Bullrich y su par en Justicia, Germán Garavano, emitieron un virulento mensaje defendiendo el operativo represivo y advirtiendo que el Gobierno no reconocerá ni siquiera órdenes de judiciales en su afán de garantizar los desalojos en los territorios ancestrales recuperados: “Nosotros no tenemos que probar nada. A la versión que nos da la Prefectura le damos carácter de verdad. Las fuerzas de seguridad fueron enfrentadas por un grupo violento. Nosotros les vamos a dar claras instrucciones a nuestros efectivos. No van a aceptar ninguna orden ilegal, antijurídica, que invierta el Estado de Derecho”, aseguró Bullrich.

A Rafael sus compañeros lo recordaran como alguien que andaba “siempre buena onda, simpático y muy carismático”. “El velorio y el entierro fueron terribles por la cantidad de pibes y pibas que se juntaron, porque era muy querido, siempre estaba con una sonrisa, aun en esta adversidad de su historia de vida muy jodida, de su origen bien pobre, pese a eso siempre tenía una actitud bien propositiva”, destaca Alejandro.

Nahuel Hue, en la periferia de Bariloche, es un barrio abierto, de casas con terreno, conformado hace menos de 10 años mediante una toma de cientos de familias en la búsqueda de resolver el déficit de vivienda. Casi no cuenta con servicios, tiene poca infraestructura y como se estableció en una zona muy baja sufre constantes y graves inundaciones. El último año llegó un programa de mejoramiento barrial que recién ahora está iniciando obras de cloacas y desagües. No hay gas, la mayoría de la gente vive a leña y el alumbrado público solo existe en la entrada y en la calle principal. Como casi todas, la casa del Rafael tiene letrina, no tiene baño ni agua caliente.

El asentamiento está poblado mayormente “con parejas jóvenes, con un gran porcentaje de hombres dedicados a la construcción y otros que trabajan en los hoteles en el turismo, pero con un índice muy alto de desocupación y subocupación. La gran mayoría de los habitantes son de origen mapuche”, señala Alejandro, en línea con lo que sucede en toda la región, donde los sectores humildes son, en gran parte, descendientes de los pueblos originarios.

Como tantos otros, Rafael Nahuel se atrevió a desafiar a su suerte y fue feliz sobreviviendo en el saqueo y la exclusión,  espalda con espalda con los suyos, y mirando a los ojos a su propia identidad. Seguramente por eso será recordado aun cuando el nombre de Patricia Bullrich solo sea una triste arcada en la historia de nuestro país.

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