Por Pablo Bassi | ¿Para qué les sirve a los trabajadores conocer la vida de siete empresarios argentinos que dominarán los negocios en un futuro no muy lejano? ¿Es sólo tiempo de fortalecer la resistencia o también de conocer más a fondo la burguesía?

“Está bueno pensar, analizar y debatir las contradicciones que tienen a su interior. Hay una tendencia a pensar que los empresarios son buenos o malos, que tienen los mismos intereses. Este libro establece sus diferencias para debatir un modelo de país: qué hacemos con los Braun, qué hacemos con los Constantini, los Tomasevich, cuál es más interesante como aliado estratégico”, dice Hernán Vanoli, uno de los directores de la revista Crisis, en esta entrevista con Canal Abierto.

El libro del que habla lo escribió junto a Alejandro Galliano, ex director de Panamá y sociólogo. Se llama Los dueños del futuro y narra a través de siete dinámicos perfiles el origen de la fortuna de estos hombres, revela conversaciones con algunos de ellos, los retrata, explica el negocio y las trampas, nos lleva a las últimas tres décadas de historia argentina y echa luz sobre el mundo del trabajo para los próximos años.

“Vienen acumulando durante las últimas tres décadas y en perspectiva, de acuerdo al rumbo de los negocios, muestran una enorme proyección. Creo que su mejor capital es haber interpretado la época, surfeado en un contexto embravecido y haber salido victoriosos”, aporta Galliano.

Sólo dos de estos siete empresarios se encuentran entre los diez argentinos más ricos, según la dedicada revista de finanzas Forbes. Son Marcos Galperín, CEO de Mercado Libre, en el sexto lugar con 1600 millones de dólares, equivalentes a suponer que por cada día de vida fue acumulando una suma cercana a 1,9 millones de pesos. Y Eduardo Constantini, dueño de Consultatio, en el octavo lugar con 1200 millones de dólares. La suma de sus riquezas acumula 16 mil millones de dólares.

Según Vanoli y Galliano, cada uno de los siete es representativo de una nueva anatomía de acumulación nacional, no sólo por desempeñarse en sectores que concentran rentabilidad y promesa de crecimiento, sino por haber encontrado su camino al costado de los modelos económicos truncos: el del granero del mundo, de la industrialización por sustitución de importaciones, el del librecambio y las privatizaciones.

Pertenecen a una generación de la burguesía posterior a la que se benefició directamente con los grandes contratos con el Estado y la venta de las empresas públicas. Excepto Federico Braun (dueño de La Anónima) y Federico Tomasevich (colocador de deuda), ninguno heredó su empresa y aun los herederos debieron transformar su forma de hacer negocios a partir de las crisis de los últimos cuarenta años.

Podría decirse que se encuentran entre los que escriben el relato de la Patria Contratista y el “emprendedor”, como individuo creativo y voluntarioso que logra sacar un proyecto adelante y así enriquecerse al tiempo que la sociedad se beneficia de sus innovaciones.

De algún modo, Los dueños del futuro se plantea como continuidad del libro que Luis Majul escribiera en 1992, describiendo a esa burguesía en transición entre la vieja oligarquía y los contratistas del Estado desarrollista, y los privatizadores menemistas con olor a acero, cemento y petróleo: Macri, Rocca, Bulgheroni, Born y Fortabat.

Además de Galperín, Constantini, Braun y Tomasevich, nuestros entrevistados pincelaron a Gerardo Bartolomé (Semillas Don Mario), Hugo Sigman (Laboratorios Elea) y Martín Migoya (Globant). 

¿Los dueños del futuro no son asimismo dueños del presente?

-Galliano: El título apuesta a que van a ser empresarios aún más poderosos.

-Vanoli: Pensamos en aquellas áreas del proyecto económico en curso que, en un futuro, serán más preponderantes que otras. No pensamos en poner a ensambladores de Tierra del Fuego, sino a uno que exporta soja o a otro que tiene una puntocom. Lo que no significa que en la actualidad no sean grandes jugadores: Constantini, por ejemplo, es un jugador total.

¿Cuál es esa nueva anatomía de acumulación de la que, según ustedes, cada uno de ellos es representativa?

-G: Desindustrializada, pero con fuerte presencia de sectores dinámicos que no necesariamente son nuevos.

-V: La mayoría está vinculada a la intermediación y los servicios. No  hay entre sus representantes un rey del acero ni un mago de la tecnología hogareña. Configuran una economía pos peronista, pos industrial, de consumo segmentado.

Radiografía de la nueva burguesía

Hugo Sigman es uno de los mayores empresarios farmacéuticos y de vanguardia en el desarrollo de biotecnología. Tiene una red de firmas presentes en América, Asia y Europa. Diversificado, el hombre cría cocodrilos en el Litoral y produce éxitos cinematográficos. Es un exponente de la cooperación público privada.

Gerardo Bartolomé desarrolla una quinta parte del germoplasma de soja transgénica que se usa en el mundo. Su perspicacia: haber hecho semillas transgénicas durante el auge de Monsanto y la informalidad del productor agropecuario.

Eduardo Constantini es un inversor inmobiliario, dueño y creador de Nordelta, con negocios que se extienden hasta Miami. Su fortuna fue amasada, en gran parte, gracias a la especulación en las crisis financieras.

Federico Tomasevich administra activos financieros y es el principal colocador de deuda en la Argentina, Paraguay y Uruguay. Fue quien estructuró la de empresas y provincias durante el cepo cambiario y el conflicto con los fondos buitres.

Federico Braun es dueño de La Anónima, la segunda cadena de supermercados de la Argentina. Atravesó una vida con deudas licuadas, represión y quiebras.

Marcos Galperín es dueño de Mercado Libre, paladín del e-commerce y cráneo de una multinacional digital que sueña con disputarles a titanes del norte  la hegemonía en Latinoamérica.

Martín Migoya es uno de los cuatro titulares de Globant, empresa proveedora de servicios tecnológicos y desarrollos informáticos que combinan márketing digital con el mesianismo emprendedurista a lo largo y ancho del mundo.

¿Es la de Gerardo Bartolomé y el agronegocio la anatomía más argenta y con mayor proyección?

-V: Coincido. El de Bartolomé es un caso paradójico. Porque por un lado, hace desarrollos científico-tecnológicos muy avanzados, con mano de obra súper calificada, pero por otro lado no se orienta necesariamente a hacer manufacturas. A él le importa el mejoramiento de la semilla. Es verdad que no se le puede pedir que tire el centro y cabecee, pero esa idea de desarrollo vertical, de una industria que apoya los resultados de la fitogenética, les aplica valor agregado, los exporta y trae dólares, no lo encontramos.

G: Bartolomé y Sigman pueden ser lo más parecidos a un empresario tecnológico que desarrolla valor, pero al mismo tiempo no genera empleo. Después tenés tipos como Braun, pero en su caso la tecnología está ausente. Y finalmente tenés tipos que viven de la renta financiera o inmobiliaria, pero paradójicamente no dejan de ser dinámicos.

Constantini y Tomasevich son dos especuladores, hicieron contratos con el Estado. ¿Por qué están en el libro? 

-G: Constantini nos interesó porque el sector inmobiliario argentino es dinámico –y Constantini en especial-, a pesar de la deformidad y anomalía producto de su distorsión. Acá las casas se compran al contado, porque no hay crédito hipotecario. Y Constantini construyó una ciudad (Nordelta) a través de la bicicleta financiera. Esto habla de una dinámica argentina. La bicicleta te permite amasar fortuna.

-V: Por otro lado, es cierto que Tomasevich podría pensarse como un contratista del Estado, pero no es lo mismo que Macri. Porque generó ganancia por fuera de cierta tensión o diálogo con el Estado. Su negocio no está en la captura de los presupuestos públicos.

-G: Tomasevich es un fiel representante de la banca argentina; un sector financiero chico, pedorro, y que vive financiando al sector público, siempre en déficit. Tomasevich le dio oxígeno a un montón de provincias que evitaron transformarse en Estados fallidos gracias a esa chequera.

¿Cómo es la relación de todos con los trabajadores?

-G: De explotación, porque si bien algunos son grandes empleadores, tienen una explotación de clase durísima. En especial Braun, de La Anónima. Y nula, porque otros emplean mano de obra tercerizada, como Constantini y Tomasevich, o bien personal muy capacitado pero pequeño, como Sigman y Bartolomé. Son fiel reflejo del mercado de trabajo en todo el mundo: contratos pequeños, tercerización total o  deslaborización

V: A todos los entrevistamos promediando el primer año del ciclo político de Cambiemos y hay una coincidencia absoluta en la necesidad de profundizar la precarización laboral.

¿Quiénes se beneficiaron con la última corrida cambiaria?

-G: Todos, porque incluso Braun, que le vende papas al hombre a pie, es el único hipermercado que no tuvo pérdida a fin de año pasado. Con reflejos de oro, remarcó a tiempo. Ya sea por abaratamiento de la mano de obra o movidas financieras, palanquearon todos.

-V: No creo que Consultatio, la financiera de Constantini, haya quedado mal parada. Días atrás, Alejandro (Galliano) hizo una captura de pantalla del libro, donde describimos lo que pasa desde hace año y medio en la Argentina, dando a entender que él ya estaba capitalizado en dólares.

-G: Quien produce soja transgénica también está bien.

¿Se puede pensar en alguno de ellos atado como burguesía a un proyecto nacional?

-V: No, yo creo que se acomodan tratando de mantener su tasa de ganancia. Salvo Braun, que es lo más parecido a una burguesía tradicional con un mercado de operaciones local, el resto está financiarizado. Y al pensar sus negocios en escala regional (Sigman, en su caso, los piensa en escala global), no se atan a este tipo de proyectos.

-G: Nunca vas a poder gobernar para ellos, porque vuelan con el viento del mercado.

Muchos tiene la característica de ser polifacéticos.

-V: Braun es un tipo entrañable, porque se le escapa la tortuga todo el tiempo, dice espontaneidades. Constantini y Sigman nos generaron empatía por su trayectoria, la mirada sobre el mundo. A Constantini le gusta hablar en público, mientras que Sigman es un Rasputín de puertas cerradas que tiene sus obras de arte guardadas en un palacio.

Entre los perfiles no hay mujeres…

-G: Eso habla del capitalismo argentino. Es sintomático. En realidad están, pero detrás. Como Olga Martínez Blanco, en el caso de Tomasevich; las dos primeras esposas de Constantini (Teresa fue fundamental en su vida); Silvia Gold, la verdadera princesa de la dinastía farmacológica.

En términos generales todos han surfeado la grieta, ¿no?

-V: Globant, de Martín Migoya, es el mejor ejemplo. Se benefició muchísimo con la Ley de Software del kirchnerismo, Cristina fue a sacarse fotos a sus oficinas y en el mundillo empresarial se los acusó de ser empresarios filo K. Pero el día que Macri ganó la presidencia, se sacaron una foto a los abrazos con Marcos Peña.

-G: La grieta es una gilada para nosotros que lo vemos muy de abajo. Ellos tienen que hacer negocios. Así como nunca van a tener un gobierno completamente de su lado porque es imposible, tampoco van a ser abiertamente opositores. Tomasevich, por ejemplo, esperó a después de las PASO de 2015 para hablar mal de Cristina

¿Cuánto de ellos hay en este gobierno?

-V: A pesar de sus coincidencias ideológicas con muchos de los lineamientos del Gobierno, entre ellos las reformas fiscal y laboral, la apertura económica y el arreglo con los holdouts, su capacidad de injerencia directa en general no es alta. Tomasevich, que supo ser el gran colocador de deuda durante el kirchnerismo, no es una persona a quien se la esté escuchando mucho en esta instancia tan financiera. Hay en ellos una especie de macrismo crítico.

Crítico, pero por derecha.

-G: Bueno, no siempre. Tomasevich salió a decir que las tasas están demasiado altas. Ahí, tenés a un tipo keynesiano.

-V: Lo que quieren, de la boca para afuera, es el crecimiento de la economía; pero para adentro, están de acuerdo con medidas que son de ajuste. Están atados a esa contradicción, que es la que tiene el gobierno pero desde otro lugar.

 

 

 

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