Redacción Canal Abierto | Producto de la desbocada inflación (las consultoras estiman no bajará del 45% en 2018), los ingresos de los trabajadores continúan quedando muy por debajo del incremento de los precios. Según datos del INDEC, en lo que va del año sólo el sector público perdió 9,9% del poder adquisitivo del salario.

En este contexto, días atrás una cúpula cegetista devaluada tras la salida del triunviro Juan Carlos Schmidt y cada vez más tendiente al diálogo con el Gobierno volvía a dilatar la convocatoria a un paro nacional. Por la falta de consenso al interior de su Consejo Directivo respecto a la oportunidad y conveniencia de la medida -o bien por los aprietes tras bambalinas-, la decisión cegetista pasaba a un cuarto intermedio.

Lo cierto es que en el día de ayer la CGT terminó por desactivar la potencial huelga de 36 horas a cambio de un bono de “hasta $5.000 no remunerativo y en dos cuotas” que con el correr de las horas genera mas incertidumbres que certezas.

Tras una reunión con los líderes sindicales, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica salió anunciar con bombos y platillos la magra prebenda. Un bono que, por cierto, resultará una ganga para el Gobierno: hasta el momento no incluye a docentes y estatales.

A las dudas tras la comunicación oficial se sumó el reparo puesto esta mañana por la UIA. Según la entidad patronal, el “60% de las empresas no podrán hacer frente al pago de un bono de fin de año”. En respuesta, el propio Sica intentó echar un manto de certezas al afirmar que el adicional será “obligatorio” para los privados, aunque agregó que el carácter forzoso dependerá de los acuerdos paritarios alcanzados. En definitiva, la aclaración del ministro no hizo más que oscurecer la cuestión.

Por otro lado, el funcionario macrista anticipó que quienes tengan pendientes aumentos para los próximos meses, podrían pagarlo a cuenta de las futuras subas; y que incluso el Estado asistirá financieramente a las patronales.

Lo cierto es que los esfuerzos por desarticular el paro general, impulsados por el ala más dialoguista que responde al gastronómico Luis Barrionuevo, alcanzaron su objetivo y la CGT volvió a quedar en ridículo una vez más.

Cabe recordar que hace aproximadamente un mes salía a la luz un hecho que desbalanciaría el frágil equilibrio dentro de esta cúpula gremial: la renuncia del titular de Dragado y Balizamiento, Juan Carlos Schmid representaba el apartamiento del sector más confrontativo. Con su salida, también se resquebrajaría la estrategia de alianzas con movimientos sociales –entre ellos, CTEP y Barrios de Pie- y otros sectores del sindicalismo combativo, como la CTA Autónoma.

La salida de Schmidt no sólo devaluó y apuró lo que pareciera ser el epílogo de otra etapa más en la central obrera, surcada por una crisis de representación latente que la marca a fuego desde los noventa. También expresó los débiles lazos tendidos para conducirla, y expuso la tibieza con que impulsa el conflicto social.

Quien ya se perfila como actor central de las luchas que vienen, juntos a los partidos de izquierda y organizaciones sociales, es la CTA Autónoma que conduce Ricardo PeidroLa Central que acampó una semana entera frente al Congreso en rechazo del Presupuesto, ya anticipó una movilización contra el G20 y, aunque todavía no realizó el anuncio, se descuenta que también convocará a medidas de cara al debate en el Senado.

El gremio más influyente al interior de la CTA Autónoma, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) salió a criticar duro el bono y la actitud complaciente cegetista: “Lo único que ganan los dirigentes que están en la CGT es obtener la exclusividad de la representación de los trabajadores ante el Gobierno. Y lo que el Gobierno busca con esto es que le garantice frenar la conflictividad social y la protesta de los trabajadores frente a la gran agresión de sus políticas económicas”. Por cierto, incluso antes de que se conociera el magro adicional, la organización que conduce Hugo Godoy volvió a exigir la reapertura de paritarias.


Por otra parte, en otro extremo del universo sindical, el titular de la Unión Personal Civil de la Nación (UPCN), Andrés Rodríguez calificó el bono que discrimina a sus representados como “un paso adelante”. El 5 de junio pasado UPCN firmó un aumento paritario del 15% en tres tramos (3% en junio, 6% en agosto y 6% en septiembre) al que dos meses más tarde se le sumaron dos sumas fijas remunerativas y no bonificables de $2.000 y de $4.000 para los meses de octubre y noviembre respectivamente. Sin lugar a dudas, el acuerdo sellado por Rodríguez –y que contó con el rechazo de ATE- fue menor que las paritarias del sector privado, que actualizaron sus acuerdos salariales con porcentajes de entre 20 y 30%.  

Todo parece indicar que el modelo económico cambiemita -que hasta aquí resultó en crisis económicapérdida del poder adquisitivo y ajuste– tendrá su continuidad en 2019 con la probable aprobación de un Presupuesto a la medida del FMI. Varios serán los sectores que estarán en la calle para intentar ponerle un freno, aunque entre ellos no pareciera que vaya a estar esta oportunista y mansa CGT.

en octubre

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