Redacción Canal Abierto | Luego de casi 42 años de lucha y a meses de iniciado el juicio, Carlos Propato escuchó la sentencia contra ex directivos de Ford Motors Argentina por el secuestro de 24 trabajadores entre el 24 de marzo y el 20 de agosto de 1976.

Se trata de una causa emblemática que lleva casi 15 años en la justicia y desenmascara la participación fundamental de las empresas y sus directivos en las atrocidades cometidas por la dictadura en pos de imponer un modelo económico y social a su servicio. Se trata del primer proceso contra los civiles vinculados a secuestros y torturas.

Carlos es uno de los 13 obreros de la automotriz que sobrevivieron y contaron su historia al Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín que hoy condenó al ex jefe de Institutos Militares, el multi-condenado Santiago Omar Riveros a 15 años de prisión; y a los ex directivos de la empresa Ford Pedro Müller (jefe de Manufactura) a 10 años y Héctor Sibilla (Jefe de Seguridad de la planta) a 12 años.

El gerente de Relaciones Laborales, Guillermo Galarraga, era otro de los imputados, pero falleció en 2016. El presidente de la multinacional, Nicolás Courart, también estaba acusado pero lo alcanzó la muerte en 1989.

“Nos sacaron muy mal, cerca de las 11 de la mañana, nos subieron a la camioneta que dio la vuelta y nos dejó en “El Quincho”, y nos torturaron hasta después de las 10 de la noche, estábamos tabicados, pero calculamos la hora por el silencio y la luz”, recuerda Propato.

El tristemente célebre “Quincho de la Ford” fue un espacio cerrado, dentro del campo de deportes de la gigantesca fábrica automotriz del norte bonaerense, que durante el terrorismo de Estado fue cedida al ejército para utilizarla como centro clandestino de paradas intermedias en el camino hacia los destinos definitivos de las víctimas que pasaron por allí. Carlos Propato, que en ese momento era Delegado de la Comisión Interna, explica que “ese quincho lo hicimos nosotros, para disfrutarlo como lugar de esparcimiento, después que el ejército se hizo cargo lo cierran y se transforma en un lugar donde inclusive torturaron a secuestrados de afuera. Era un campo de concentración, los interrogaban, los torturaban y los llevaban a otros puntos”.

Los ex directivos de la Ford Francisco Sibilla (derecha) y Pedro Müller (izquierda), en la sala del Tribunal Oral Fedral 1 de San Martín.

En el marco del proceso de Memoria, Verdad y Justicia encabezado por los organismos de derechos humanos, familiares y víctimas sobrevivientes del terrorismo de Estado, los procesos contra empresarios cómplices y partícipes necesarios han sido los más complicados de desarrollar. Se cayeron causas emblemáticas como las que señalaban a autoridades de Papel Prensa, al Ingenio Ledesma de Carlos Pedro Blaquier, el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, Mercedes Benz, entre otras. El año pasado una Cámara anuló la condena que había recibido Marcos Levin, dueño de la compañía de transporte La Veloz del Norte, primer empresario sentenciado por delitos de lesa humanidad en nuestro país. Por eso, a pesar de las dificultades evidentes y en un contexto político adverso, la causa Ford podría marcar un punto de inflexión en los juicios que revelan la necesaria participación civil en la dictadura.

Sobre esto reflexiona Propato: “El terrorismo de Estado arrancó financiado por las grandes compañías, ahora estamos juzgando a dos empresarios porque las empresas no se pueden juzgar, por una ley nacional. Ellos dicen que no colaboraron, pero ¿Cómo sabían que nosotros, los 24, éramos los peores del barrio?, si éramos 10 mil adentro de la fábrica…”.

 

Fotos: La Izquierda Diario

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