Por Carlos Saglul | Doctor en antropología, investigador del CONICET y docente de la Universidad de San Martín, Alejandro Grimson es autor de “Mitomanías Argentinas” y “Los límites de la Cultura”, entre otros libros.

Se dispone a publicar en estos días “¿Qué es el peronismo? De Perón a Kirchner, el movimiento que no deja de conmover la política argentina”. Pregunta compleja la del título de un texto que entremezcla el pasado y presente de los argentinos, y a la que el ensayista agrega definiciones muy interesantes. Por ejemplo, esa que subraya que el peronismo se define por sus antagónicos y no su ideología, si es que por esa vía que se une o se rompe, o bien si está a la altura o no del desafío histórico que platean las consignas de justicia social, soberanía política e independencia económica, que dice defender.

Elegiste una pregunta difícil, para algunos sin respuesta, como título de tu libro. ¿La encontraste?

-Si uno se propone entender el peronismo, lo primero que debe hacer es sacarse los moldes que tiene en la cabeza. Nos parece incomprensible porque tratamos de meterlo dentro de nuestros esquemas. Nos preguntamos, por ejemplo, si es de izquierda o de derecha. La idea es que la política es una larga línea con dos extremos izquierda y derecha.

Yo postulo pensar la política en cuatro dimensiones. Propongo pensar el peronismo como una relación con un otro, el antiperonismo. En el libro recorro la historiografía de los años 1945, 1955, 1973, 1990, 2001, el triunfo de Néstor Kirchner, las derrotas posteriores.

A partir de esos análisis podemos observar el cambio de relación que se verificó entre la gente y el peronismo. Eso es lo que nos interesa.

No es un libro sobre la ideología peronista o Juan Perón. Tratamos las implicancias culturales del peronismo en la vida de la Argentina, su traducción en la política, la capacidad de hegemonizar el escenario en cada uno de los momentos políticos.

Silvio Frondizi, como otros, decía que la crisis del peronismo siempre aparece cuando las condiciones de la economía no dan para alimentar por igual las necesidades de los sectores del poder económico y los trabajadores. Es decir, cuando hay que avanzar sobre la oligarquía, o justificar un reparto regresivo de la riqueza. Tu opinión…

-En el libro, si bien le doy importancia a la cuestión económica, insisto en la independencia de los procesos políticos. Las crisis del peronismo no se pueden explicar por una única causa, y menos económica. Pongamos como ejemplo el conflicto que se da en 1954 y 1955 con la Iglesia. O la violencia terrible que se desató en 1973, algo que no puede atribuirse al fracaso del Pacto Social o la crisis del petróleo.

El peronismo, cuando no tiene un “otro” enfrente -una alteridad clara-, no se puede unificar y entra en crisis. Eso deja a la vista las grietas de la definición que dice que cuando los peronistas aúllan como si se pelearan es porque se están reproduciendo. Aún hoy, a pesar de las diferencias existentes con el proceso que se dio en los ’70 cuando se enfrentaron distintas alas del movimiento, vamos a ver que la unidad o su imposibilidad son la clave del triunfo.

Perón pensaba que esa foto de la economía que es el “fifty fifty” podía ser tolerada por el occidente capitalista como modelo para frenar al comunismo. Ya sin comunismo, con el capitalismo financiero marcando el ritmo de la economía, esta fórmula que también defendió el kirchnerismo, ¿es viable?

-Eric Hobsbawm decía que más allá de los éxitos o fracasos de la Revolución Rusa, sin ella no hubiera tenido lugar el keynesianismo, el estado de bienestar. Y lo mismo se puede decir del peronismo, que fue alimentado por dos antagonismos: comunismo y capitalismo.

Perón se postuló como el único que podía frenar la penetración del comunismo a través de la mejora de la situación de los trabajadores. En la mitad del siglo XX, el poder capitalista tuvo que tolerar la expansión de derechos sociales como barrera contra el comunismo en muchos países de Occidente.

¿Qué es lo que está dispuesto hoy a negociar el capitalismo para frenar potenciales procesos revolucionarios que traerá la resistencia al ajuste, el empobrecimiento de las masas? Después del avance del capitalismo financiero en 1989 y el retroceso absoluto de los derechos sociales, vamos a ver en la etapa que viene si es posible revertir semejante cuadro. Es verdad que en América Latina y Europa se reproducen gobiernos de derecha, pero también es verdad que la reacción de las masas crece. Es un resultado abierto.

¿Esa herramienta de organización de la clase trabajadora que es el peronismo sigue vigente, tiene posibilidad de hegemonizar un frente que detenga la profundización del modelo neoliberal?

-Hay dos modelos para formular pronósticos políticos, y son opuestos. Uno se basa en la expresión de deseos. Por ejemplo, que se pueda conformar un frente antineoliberal. Creo, por el contrario, que un buen análisis no puede estar guiado porque lo que yo quiero, suceda. El peronismo tiene una chance fuerte que esta sintetizada en esa frase “con el peronismo solo no se puede, sin el peronismo tampoco”. Desgraciadamente no podemos asegurar que dirigentes y sectores peronistas estén a la altura del desafío que les plantea la historia.

El FMI manejando la economía bombardeada por el macrismo, Estados Unidos recargado como en las mejores épocas de la política de las cañoneras, un nazi gobernando Brasil en lugar de Lula. ¿Cuáles son las posibilidades del peronismo de volver a ser gobierno?

-Una cosa es volver a tener el gobierno, otra el poder. Si miras las encuestas, nadie dudaría que si hace bien las cosas puede ganar. Volver a manejar el poder es otra cosa distinta con el FMI manejando la economía del país. Pero ojo, no podemos perder de vista que ese partido está repleto de ex ministros de economía, funcionarios que han manejado crisis terribles. Ellos ahora deben estar pensando precisamente cómo lograr el poder que se necesita para iniciar transformaciones necesarias para mejorar la situación de la gente.

Que el peronismo le pueda hacer entender que, además de llegar al gobierno puede concentrar el poder para las transformaciones que la gente demanda, depende de que pierda o gane. Este punto define lo que pasará en las elecciones de octubre.

Foto: Pagina/12

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