Por Sergio Alvez | Las islas Apipé se encuentran sobre el río Paraná, a unos diez kilómetros del pequeño puerto de Ituzaingó, en la provincia de Corrientes. Este archipiélago fluvial está compuesto por los cayos Apipé Grande, Apipé Chico, San Martín y Los Patos, todas dentro del municipio de San Antonio. Esplendorosas en sus paisajes de monte, playas de arena y esteros, las islas albergan la existencia de unas dos mil personas que en su enorme mayoría se dedican a la pesca y a la agricultura de autoconsumo.

Son varias las singularidades de este territorio. Una de ellas es su proximidad de apenas 2000 metros con la represa hidroeléctrica Yacyretá, una de las más grandes del continente. Esta represa comenzó a operar en 1994, pero nunca proveyó de energía a la población de Apipé. Recién hace un par de años, luego de casi dos décadas de ver como la energía que se producía en sus narices se iba para Buenos Aires, las familias de la isla lograron que la represa los abastezca.

Pero el costo fue altísimo. Con su factura de luz de 13 mil pesos en la mano, la vecina Graciela resume la situación: “estamos a metros de la represa, sufrimos consecuencias muy graves con la construcción de esta obra gigantesca, no sabemos si no nos está enfermando, pero sin embargo pagamos facturas carísimas. Yo tengo un pequeño comedor, una heladera sola, y nos viene esta boleta.  Mucha gente no puede pagar la luz en la isla, o sea, se endeudan para pagar por la energía que se produce frente a ellos”.

La paradoja tarifaria explica de algún modo el carácter injusto de la matriz energética que impera en la energía y la región. Se produce energía a partir de obras de alto impacto ambiental y social, pero esa energía no beneficia a las poblaciones locales, sino que por el contrario, son las comunidades afectadas quienes además deben pagar tarifas exorbitantes por lo que, en este caso además, es un derecho humano: la energía eléctrica.

“La represa fue siempre algo malo”

Efraín, pescador nacido y criado en la isla, señala que “la represa para nosotros siempre fue algo malo. Nunca nos dieron la luz. Crecimos a oscuras hasta hace poco que trajeron una estación. Pero destruyeron mucho acá en la isla. Abrían las compuertas sin aviso, y el agua arrasaba con todo, se perdían olerías (fábricas artesanales de ladrillo), morían los bichos, se rompían los caminos, la gente perdía los ranchos. Nunca pagaron por eso, y ahora nos cobran carísimos por la luz”.

“Estamos a metros de la represa, sufrimos consecuencias muy graves con la construcción de esta obra gigantesca, no sabemos si no nos está enfermando, pero sin embargo pagamos facturas carísimas»

Memorioso y protagonista de la historia isleña, el pescador Lázaro también recuerda que “cuando se comenzó a construir la represa muchos hombres de la isla dejamos la caza, la chacra y la pesca para ir a trabajar para la EBY por un sueldo mensual. Muchos permanecieron hasta 15 años hasta que los echaron sin un peso a la calle. Yo ví morir a mucha gente en la obra en accidentes. Cambió todo. Cuando la EBY ya no nos necesitó, tuvimos que volver a buscar trabajo en la isla y pescar para sobrevivir. Tuvimos mucha fe y alegría cuando se comenzó a construir la represa, porque nos prometían que nos iba a cambiar la vida para bien. Que íbamos a tener luz gratuita, mucho trabajo, mucho turismo. Al final ni la luz nos dieron”.

Soberanía entregada

En guaraní, Apipé es una expresión similar a “aquí se parte”. La historia de la isla Apipé Grande, “se parte” para siempre en 1981, cuando el entonces presidente del gobierno de facto,  Leopoldo Galtieri, firmó un decreto mediante el cual Argentina entregó a la República del Paraguay la jurisdicción de las aguas del río Paraná que rodean toda la isla. Este regalo obedeció a un intento desesperado por acelerar la construcción de la represa hidroeléctrica Yacyretá.

“Un apipeano sin río es como un correntino sin tierra”

Desde entonces, los pescadores de la isla apenas pueden pescar en sus orillas. Para los malloneros argentinos de la isla, salir a pescar lejos de la orilla de Apipé, según cuentan, representa exponerse a las balas de los pescadores paraguayos o de la propia Prefectura de Paraguay.

Un reciente episodio refleja con elocuencia el contexto. El 13 de octubre de 2018, la Marina de Paraguay irrumpió en la Isla Apipé y obligó a la Municipalidad de San Antonio a suspender el torneo de pesca de costa que se realizaba en el marco de la 4º Fiesta del Pescador Regional “Memorias del Paraná”. El procedimiento estuvo a cargo del capitán Milciades Coronel González, quien, aduciendo la soberanía paraguaya sobre las aguas que rodean Apipé, amenazó incluso con decomisar los equipos de pesca de los participantes de la competencia.

“Acá si uno pone un pie en la orilla y el otro en el agua, se está en dos países a la vez”, bromea un mallonero.

“Fue un problema del gobierno militar, porque ellos se veían en el ocaso de su gestión y la necesidad de concretar el proyecto de la represa hidroeléctrica los hizo entregar la jurisdicción que rodea la isla” explica el ex intendente de la isla, José Teodoro Ojeda.

“Debido a esta situación, los habitantes de la isla nos vemos condicionados de realizar nuestras actividades, sobre todo en el río. No podemos tener desarrollo turístico y la actividad pesquera que caracterizó a este lugar está absolutamente diezmada”, añade el ex alcalde, quien durante su gestión activó varios reclamos a través de la Cancillería.

El incidente con la Armada Paraguaya motivó el arribo a las islas del gobernador correntino Gustavo Valdés, quien afirma que “un apipeano sin río es como un correntino sin tierra” y que elevó el planteo de recuperación de la soberanía de las aguas al propio presidente Macri.

El municipio de San Antonio, encabezado actualmente por la intendenta Candelaria Vargas, emitió en tanto, un comunicado en el cual aseguran que la comuna “a través de todos sus estamentos y dependencias continuará, como lo hizo hasta ahora, insistiendo ante las autoridades de la Provincia y de las instancias diplomáticas de la República Argentina, para lograr una solución definitiva a esta compleja situación que cercena los derechos elementales de subsistencia de los pobladores de Apipé”.

Otra problemática que tienen desde hace algunos años las y los isleños, es el elevado costo de la lancha que los lleva y trae al puerto de Ituzaingó, municipio dónde deben realizar un amplio abanico de trámites. Hoy, los pobladores de la isla pagan por el viaje – que dura unos 20 minutos- la misma tarifa que cualquier turista: 180 pesos. En 2006, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, proveyó de un servicio de lancha gratuito y exclusivo para la población isleña. Este servicio funcionó varios años. Ya no.

Cómo llegar

Desde el puerto de Ituzaingó, se debe tomar una lancha con capacidad para 16 personas, que funciona todos los días, cada hora, desde las 6 hasta las 12 y desde las 15 hasta las 18 horas. Para alojarse, la isla Apipé Grande dispone de algunos emprendimientos de cabañas y también hay campings y habitaciones en casas de familia.

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