Redacción Canal Abierto | Es verdad que cada vez se come menos en el país. Su costo se multiplicó con la gestión de este gobierno al que le pasaron cosas, y no logra controlar la inflación que según un ex presidente de Boca Juniors “es la demostración de tu incapacidad para gobernar”. Así y todo, el pan sigue siendo un insumo básico en la canasta alimentaria de los argentinos. Ya no será con manteca en la mayoría de los hogares, pero con un poco de dulce o de aceite y sal, uno se las rebusca.

Pero esta sana costumbre de comenzar el día con una rodaja de pan podría, en el futuro inmediato, tener sus riesgos. De prosperar la iniciativa del Gobierno y de la empresa Bioceres -que tiene al magnate “sin tierras” Gustavo Grobocopatel como uno de sus principales accionistas-, Argentina sería el primer país del mundo en aprobar y producir trigo transgénico. Por el momento, ya cuentan con la aprobación del SENASA y de la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), y el impulso del degradado a secretario de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, y del presidente Mauricio Macri. La que aún no da su aval es la Secretaría de Agroindustria… ¿razones sanitarias? De ningún modo: temen perder mercados ya que Brasil, nuestro principal comprador, prohíbe el trigo transgénico.

«Este trigo es resistente al herbicida glufosinato que es mucho más tóxico que el glifosato», sostuvo el ambientalista Carlos Vicente.

El invento desarrollado por Bioceres en colaboración con la empresa francesa Florimond Desprez (juntas conforman Trigall Genetics) es para obtener una variedad tolerante a la sequía, esa que le cortó las piernas al “mejor equipo de los últimos 50 años” y provocó la pérdida de hasta el 40% de la cosecha en 2018.

Ya en 2002, Monsanto intentó introducir la primera variedad transgénica del mundo en Canadá un producto que era resistente al RoundUp, el más famoso agrotóxico, de la misma empresa. Transcurridos menos de dos años, y gracias a las presiones de ambientalistas y usuarios, en mayo de 2004 anunciaron el retiro de este producto y la suspensión del desarrollo y los ensayos de campo de esta iniciativa.

 

Razones R$ (reales)

Brasil importa el 55% del trigo que consume. El 87% de esas importaciones en 2018 se originaron en nuestro país, 6 millones de toneladas de grano, la mitad de las exportaciones argentinas del cereal.

Pero la legislación brasileña no permite ni la producción ni la importación de este tipo de trigo. «Cualquier cargamento de trigo transgénico de una empresa argentina será sometido a análisis por la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad y, si hubiese más de un 1% de ese producto, no entrará», afirmó al diario La Nación el ex diplomático brasileño Rubens Barbosa, presidente de la Asociación Brasileña de Industrias del Trigo (Abitrigo).

Entre los productores locales la recepción tampoco es auspiciosa. El secretario Luis Miguel Etchevehere, que habla en nombre de la misma Sociedad Rural, no quiere aprobarlo. Santiago Rodríguez Ribas, productor de la localidad bonaerense de General Villegas, en declaraciones al periódico hispano El País, explicó con claridad el peligro: “Siempre queda trigo en las máquinas que cosechan, en los silos que almacenan, en los camiones. El sistema no está preparado para garantizar la no contaminación. Si mandamos un buque a Brasil y al hacer un análisis detectan el 0,004% de trigo transgénico rechazan el buque entero». De esta forma, advierte el productor, si comenzamos a cultivar trigo transgénico todo el cereal del país entrará en una categoría de menor precio y perderá clientes.

El genoma (la estructura genética) del trigo es entre 10 y 20 veces mayor que el de otros cultivos, como el arroz o el algodón, y su manipulación genética es más complicada. En consecuencia, tiene mayores problemas de inestabilidad, lo que implica mayores riesgos tanto para el agricultor, como para la salud de los usuarios y el ambiente.

En Canadá, luego del intento de Monsanto, el Consejo Canadiense del Trigo informó que el 87% de los compradores de trigo de ese país solicitan un certificado de que no es transgénico.

El 5 de febrero pasado, Bioceres llegó hasta el presidente Macri, quien los recibió y se involucró personalmente, fijando un plazo de 60 días para que las partes se pongan de acuerdo.

 

Razones sanitarias

El trigo HB4 es el evento ya aprobado por la Conabia. Es una variedad resistente a la sequía y al herbicida Prominens, que utiliza como principio activo el glufosinato de amonio. Otro producto basado en este componente químico se comercializa bajo la marca Liberty de Basf, y ha sido asociado a malformaciones y listado en la Unión Europea dentro de una lista de 22 pesticidas que deberían erradicarse del mercado del viejo continente. Basf dejó de venderlo en Alemania en 2011, pero lo produce en esa nación para su venta en el Tercer Mundo.

Entre las razones que advierten científicos y organizaciones ambientales, señalan que el genoma (la estructura genética) del trigo es entre 10 y 20 veces mayor que el de otros cultivos, como el arroz o el algodón, y su manipulación genética es más complicada y, en consecuencia, tiene mayores problemas de inestabilidad, lo que implica mayores riesgos tanto para el agricultor, como para la salud de los usuarios y el ambiente.

 

En acción contra el HB4

Más de 50 organizaciones ambientales han lanzado una campaña contra la aprobación del trigo transgénico y convocan a firmarla. Allí se señalan una cantidad de razones que ponen en peligro la salud, el ambiente y la producción de alimentos.

Carlos Vicente, miembro de Grain (y de Acción por la Biodiversidad) señaló en declaraciones a Charco de arena en FM La Tribu: “no queremos en nuestra mesa panes transgénicos. Este trigo es resistente al herbicida glufosinato que es mucho más tóxico que el glifosato, que ya el doctor Andrés Carrasco denunció como un herbicida tremendamente tóxico y que no debería llegar a nuestras mesas”. Sostuvo, además, que de aprobarse “se va a fumigar más, vamos a tener más pueblos fumigados y fumigaciones durante todo el año, porque el trigo se cultiva en el otoño-invierno y la soja y el maíz en verano, lo que va a implicar que tengamos doce meses corridos de fumigaciones al año. Además, sin ninguna duda, el pan de cada día tendrá glufosinato de amonio”.

 

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