Por Carlos Saglul | Rosalía Pellegrini es Secretaria General de la Unión de Trabajadores de la Tierra. Desde que se hizo cargo de esa responsabilidad lucha en dos frentes. Sabe de la urgencia de cambiar un sistema productivo y un Estado que defiende el lucro empresario por sobre la atención de la emergencia alimentaria que afecta a amplios sectores de la población. Por otro lado, tomó el desafío de empoderar a las trabajadoras  de la tierra para modificar una cultura patriarcal donde por ejemplo, la jornada laboral no tiene fronteras. La mujer trabaja la tierra a la par del hombre pero al volver al hogar se encarga de los hijos y la alimentación familiar.

Tierra, justicia y libertad

¿Cuál es el lugar de la mujer en el campo? Se tiende a pensar que el patriarcado tiene raíces profundas

-Es un ámbito donde se ve la violencia machista encubierta. Diariamente te chocas con las huellas del patriarcado. Pero también hay una violencia económica que está en las relaciones de producción. Las mujeres debemos trabajar a la par de los hombres por lo menos doce horas, realizar cargas, preparar los envíos al mercado. Hay que tener en cuenta que la familia agropecuaria paga 10 mil pesos la hectárea. Necesita miles  de dólares para poder mantener la producción, que significa por ejemplo alquilar elementos caros como un tractor.

Tragamos el mismo veneno que los hombres y nos explotan igual pero no tenemos el poder de decisión como para elegir las semillas, el tipo de cultivo, si vamos a comprar fertilizantes o no…

Vos fíjate que  para nosotras no hay frontera para la jornada de trabajo. Cuando nos vamos del campo, en la casa seguimos trabajando: la comida, los hijos. Hay que debatir estas cosas, cambiarlas.

Cómo se forma la Secretaría de Género de la Unión de Trabajadores de la Tierra?

-La Secretaría se inaugura en el 2017. Ya las mujeres veníamos haciendo talleres, charlas. El detonante de la conformación fue la agresión a una compañera por parte de su pareja que también era de la UTT. Después de un amplio debate decidimos expulsarlo pero nos dimos cuenta que necesitábamos un protocolo para este tipo de sucesos.

Los grupos de discusión comenzaron a ser más estables. Me sonrío porque me acuerdo que al hablar con las compañeras proponiendo juntarnos los sábados, todas saltaron: “tenemos que lavar ropa”.

Ahora el grupo es más estable. Establecimos métodos de autodefensa, acompañamiento de las compañeras agredidas. Estamos convencidas que las políticas de género deben atravesar toda la organización.

No tenemos en nada el mismo poder de decisión. A nadie se le ocurre preguntarnos por las semillas que se compran, la clase de cultivo, los  métodos de fumigación. Debemos ir a las reuniones con los funcionarios. Nuestro aporte debe estar en todos los ámbitos.

“Para nosotras no hay frontera para la jornada de trabajo. Cuando nos vamos del campo, en la casa seguimos trabajando: la comida, los hijos. Establecimos métodos de autodefensa, acompañamiento de las compañeras agredidas. Estamos convencidas que las políticas de género deben atravesar toda la organización. Nuestro aporte debe estar en todos los ámbitos”.

¿Cómo se explica que en un país productor de alimentos, tantos pibes coman de la basura?

-Lo que pasa es que en la Argentina la producción de alimentos no está orientada al sano vivir del pueblo. Es un negocio, lo que se produce es mercancía. Somos una economía rentista. Los productores malvenden su producción, la gente no la puede comprar porque esta carísima. Falta el Estado!

Si la prioridad es enfrentar el hambre, bajar el costo de los alimentos, ¿para que se siembra soja hasta en los canteros? El problema agrario hay que buscarlo en el origen de la patria cuando la oligarquía se apropió de la tierra de los pueblos originarios. ¿Cuántos apellidos de esos oligarcas se repiten en los gobiernos del Estado? Mientras esto no cambie, no tendremos una reforma agraria profunda que ponga la producción agrícola al servicio de la Nación y su gente, no de las minorías de siempre.

Ustedes han sido de los más reprimidos

Es la lucha por el espacio público. No quieren que estemos en la calle. Por un lado nosotros evidenciamos las necesidades populares, la emergencia alimentaria. Ellos (la policía) son el Estado represor que no quiere que quede en evidencia que se pueden vender alimentos a un precio justo. Ese día, había gente que venía del conurbano con su bolsita, los jubilados. Esa gente es el hambre que no se atiende. Nosotros la evidencia de que poco o nada se hace. No hay políticas.

«La producción de alimentos no está orientada al sano vivir del pueblo. Es un negocio. Los productores malvenden su producción, la gente no la puede comprar porque esta carísima. El problema agrario hay que buscarlo en el origen de la patria cuando la oligarquía se apropió de la tierra de los pueblos originarios. ¿Cuántos apellidos de esos oligarcas se repiten en los gobiernos del Estado?»

La organización tiene propuestas…

Se debería dar acceso al trabajador a tierras fiscales que pudiera hacerlas producir. Desde la UTT hemos demostrado que es posible cosechar verdura y frutas sin contaminantes y venderlas a precios accesibles a la gente.  En la Colonia Agrícola 20 de abril, que es tierra recuperada, se producen frutas y hortalizas baratas para la gente de la zona. En Lujan, los alimentos que vendemos cumplen una función social central. Debemos exigir políticas públicas centradas en la producción de alimentos a precios razonables, que el Estado trabaje por los derechos de las mayorías, termine con los monopolios y la especulación, que tenga una política activa para beneficiar al pequeño productor de frutas y hortalizas, active circuitos de distribución y transporte.

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