Por Carlos Saglul | Cambiemos ya no puede proponer “La revolución de la alegría” como aliciente para que se los vote en la próxima elección. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), dice que en los últimos años aumentó la depresión y el sentimiento de infelicidad en los argentinos.

Mientras que en 2010 el 7,5% de los consultados había mostrado una percepción negativa de su estado de salud, en 2018 la cifra trepó al 15,7%. En cuanto a «la felicidad», ésta registró un cambio de tendencia: mientras de 2014 a 2017 el nivel de infelicidad bajaba, en 2018 retornó el malestar registrado al comienzo de la década, con un 13,6% de personas que se consideraron «poco o nada» felices.

Con la fábrica de causas averiada

Apenas se conoció la candidatura de Alberto Fernández la diputada Mariana Zuvic  advirtió a través de la prensa que pediría su procesamiento, no quedó en claro la razón. No será fácil ahora  que el equipo de inteligencia paraestatal  a cargo de  Marcelo D ´Alessio, una verdadera fábrica de  causas truchas, está preso. Lo que quedó más claro fue la advertencia. La amenaza  pública.

Cambiemos instaló un nuevo estilo de hacer política, el del chiquero. Al otro día de oficializada la candidatura comenzaron a distribuir en las redes un video del  hijo de Fernández, que al parecer es transformista. ¿A quién puede molestar que el hijo de un ex funcionario se dedique al transformismo? Cambiemos acude a lo más miserable y retrogrado de la gente, el perjuicio, el odio contra el diferente. Cuando se escribe esta columna, un periodista que está procesado como parte del equipo de D´Alessio publica en Clarín que Fernández debe las expensas de un country.

La cosecha del miedo

La crisis le deja al oficialismo poco que ofrecer con credibilidad al electorado. El tema de seguridad es central. En estos días crecen las amenazas de bomba. Desde que maneja el  Ministerio de Seguridad, Patricia Bullrich nos ha defendido de “terroristas” mapuches, musulmanes, gitanos. Sus capturas fueron tapa, la liberación ocupó dos columnas en algún medio que no recibe pauta oficial. El “estilo chiquero” que exhibe la política de Cambiemos necesita de mucho olor a miedo. No es tan fácil conseguir mapuches, sirios o iraníes, gitanos. Por eso el peligro fundamental son los morochos, en especial jóvenes de barrios humildes. La policía mata una persona cada 22 horas. Después de felicitar a cuanto policía fusile “sospechosos” por la espalda, ya nada detiene la matanza. Los agentes disparan  y después preguntan. Su última hazaña fue la masacre de San Miguel del Monte en la que fueron asesinados varios adolescentes. Sus risas eran más estridentes que la voz de alerta policial, entonces les dispararon. La derecha siempre pensó que a la hora de votar la gente asocia a la derecha y el gatillo fácil, con “seguridad”.

La invasión zoombie

Un clima de miedo e inseguridad no puede prescindir del racismo que trata a los migrantes como bandas de zoombies que vienen a robar el trabajo, se valen de nuestras universidades gratuitas o se dedican al narcotráfico. A los habitantes de más allá de la General Paz también se los trata como extranjeros. El fenómeno de las calles inundadas de pobres que viven e n ellas fue explicado por el intendente Larreta. Se trata de “turistas” del conurbano que viene a dar una vuelta y se quedan a dormir por cualquier parte, defecan en la calle, comen de los contenedores de basura.

Esta gente que ensucia las hermosas baldosas y maseteros que metió Horacio Rodríguez Larreta por todas partes, pone en fuga al turismo, afean la ciudad, “son escoria”. Cambiemos ofrece una realidad paralela. Unos la proclaman, otros se la creen. Es el caso del señor que detuvo su coche, roció con nafta a dos mendigos que dormían para quemarlos vivos. El lunes anterior, los voluntarios de “Amigos del Camino”, una entidad que trabaja con los sin techo, trató de despertar a un anciano en Cerrito y Santa Fe. No lo logró, estaba muerto. Hace frío, no todos los sin techo logran sobrevivir la noche.

Al próximo gobierno no solo le toca recomponer la maltrecha economía. Lejos están los tiempos en que la política no era un envase vació donde solo se discuten consignas vacías. Las formas vacuas del espectáculo donde la mentira remplaza la verdad, el chantaje a los debates de ideas, la siembra de miedo para que el electorado se refugie en la seguridad que supuestamente brinda la derecha -que no defiende “los derechos humanos de los delincuentes”-. Habrá que remar mucho para salir de esta cloaca, volver al debate de ideas.

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