Por Carlos Saglul | Se coincide en señalar que el ex senador Miguel Pichetto “no representa a nadie”. La aseveración es por lo menos ligera, si se tiene en cuenta la bienvenida que dieron a su candidatura “los mercados”. Subió la Bolsa. Bajó el riesgo país. Wall Street aplaudió. Después de los militares, nadie como la derecha del peronismo –que supo representar Carlos Menem– defendió tan bien los intereses del Poder Financiero. No en vano, el primero en recibir la noticia del ofrecimiento de la candidatura a la vicepresidencia a Pichetto, fue el caudillo riojano.

En conferencia de prensa, el propio Pichetto recordó su permanente mal humor y su poca pasión por seducir a las masas. Volvió a afirmar sus posturas reaccionarias y se plantó como un garante de la democracia, frente a la oposición que, amenazó, “nos volverá al autoritarismo”.

De alguna manera Pichetto adelanta el que será el discurso de campaña: asimilar la formula Fernández-Fernández al riesgo de caer en “el drama venezolano y la dictadura bolivariana. No es otro que el discurso del Departamento de Estado norteamericano, que también repitió Bolsonaro, cuando advirtió contra “los riesgos argentinos de volver al pasado y el populismo”.

“Los que lavan son los colombianos, la cocaína la traen los peruanos y la marihuana los paraguayos”, dice Pichetto. Macri adelantó que si gana acelerará el ajuste, necesita buscar enemigos imaginarios a través de los cuales desviar el malestar social.

“Los bolivianos no dejan turno en los hospitales para los argentinos, y ni que hablar de las universidades, repletas de colombianos y venezolanos”. El neoliberalismo tarde o temprano pasa a su etapa fascista. Es necesaria una ingeniería cultural que logre poner en el centro de la mira al “enemigo interno” a través de los medios.

Y si no alcanza, basta llamar a la inteligencia estatal para que ubique alguna familia árabe que viaje seguido a ver a sus parientes a Medio Oriente. Después de un par de primeras planas se los libera y, ¿quién se entera? Se puede revivir por un rato al comando venezolano-iraní-kirchnerista que “mató” a Alberto Nismam y tanto hizo para que Mauricio Macri ganara en 2015, junto al ahora condenado José López y sus valijas voladoras, con dólares que curiosamente nunca se quiso investigar quien se los había provisto.

Estados Unidos ha reemplazado los golpes militares por las operaciones llevadas adelante por el poder Judicial, servicios de Inteligencia y la prensa hegemónica. ¿Habrán escarmentado lo suficiente con la publicación del desarrollo de la operación para encarcelar al ex presidente Lula? ¡Difícil!

Cambiemos ha hecho una excelente elección con Pichetto. No hay proyecto de ajuste del actual gobierno que no haya contado con su apoyo. Su discurso encaja claramente en la doctrina de Seguridad estadounidense. Ahora, Macri debe preocuparse en ganar. Si lo hace tendrá una nueva preocupación: Los dueños del poder que hoy aplauden al flamante segundo de la fórmula son quienes hace rato perdieron toda confianza precisamente en Macri. Pichetto es un hombre con discurso, iniciativa política, aceitadas relaciones con los grupos económicos y la embajada. El Poder detrás del actual gobierno.

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