Por Carlos Saglul | La muerte de una niña y su padre en las aguas del Río Bravo tratando de ingresar ilegalmente a los Estados Unidos conmovió a amplios sectores, hasta el presidente de los Estados Unidos derramó algunas lágrimas de cocodrilo. Se repite la historia de aquel bebe, Aylan, ahogado en el Mediterráneo.

Miles de niños, viejos, jóvenes, mujeres, hombres seguirán muriendo tratando de encontrar un lugar donde vivir dignamente. Paradójicamente, todos ellos son originarios de regiones ricas en alimentos, petróleo, litio, saqueados por los países desarrollados donde sueñan vivir y, en ese intento mueren. El Río Bravo, el Mediterráneo, no son otra cosa que la forma en que Occidente ha resuelto resolver el problema de la pobreza.

Se repiten las historias de europeos procesados por la justicia de Occidente por haber tratado de salvar la vida de inmigrantes o darles la mínima asistencia humanitaria. El colonialismo sangriento del paraíso neoliberal no se compadece ante la Injusticia de la matanza de inocentes, solo lo conmueven algunas muertes fotogénicas.

Clara Valverde es autora del libro “De la necropolítica neoliberal a la empatía radical”. La escritora explica que “necro” es la palabra griega para muerte. “Las políticas neoliberales son unas políticas de muerte. No tanto porque los gobiernos nos matan con su policía, sino porque dejan morir a la gente con sus políticas de austeridad y exclusión. Se deja morir a los dependientes, a los sin techo, a los enfermos crónicos, a las personas en lista de espera para operaciones, a los refugiados que se ahogan en el mar…”

Valverde, parece, describe sin querer lo que pasa en la Argentina. Aquí Estados Unidos, “la promesa más cercana de un futuro mejor”, está muy lejos. Se puede llegar por tierra o avión. Se ha duplicado la cantidad de gente que se va a Miami o a probar suerte en España. Las reglas migratorias son cada vez más duras. Solo algunos profesionales pueden emigrar. Aquí los pobres superpueblan las cárceles, mueren desnutridos, por falta de asistencia sanitaria o medicamentos que no pueden comprar. Los mata por centenares el glifosato. Para los medios no existen. Salvo quizá, muy de vez en cuando, a través de una buena foto, si es posible de niños. El genocidio neoliberal es global.

“Las políticas neoliberales son unas políticas de muerte. No tanto porque los gobiernos nos matan con su policía, sino porque dejan morir a la gente con sus políticas de austeridad y exclusión. Se deja morir a los dependientes, a los sin techo, a los enfermos crónicos, a los refugiados que se ahogan en el mar…”

¿De qué se puede acusar a un niño? ¿Podemos decir que no se esmeró lo suficiente, de acuerdo a los valores que recomienda la meritocracia? ¿Qué estaba biológicamente destinado a ser un marginal? En la muerte de un niño tratando de escapar de la pobreza, que en realidad debería calificarse de asesinato, la Humanidad, a través de la necropolítica neoliberal mata a su propio futuro, genera monstruos que ejecutan o consienten. Comete el error criminal de creer que el hombre puede sobrevivir al costo de deshumanizarse.

Dibujo: publicado en peopleenespanol.com

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