Redacción Canal Abierto | Desde bien temprano, parte de la opinión pública gira en torno a la resolución firmada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, para establecer un Servicio Cívico Voluntario para jóvenes de entre 16 a 20 años en manos de Gendarmería.

El tema no sólo dominó redes sociales, los portales de noticias y programas televisivos más vistos fueron tomando posición –desde las críticas profundas hasta consideraciones elogiosas-, reseñando antecedentes (como el caso “Carrasco”, que desencadenó la eliminación de la colimba), entrevistando a especialistas o referentes de los derechos humanos.

En el medio, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro encabezaron una conferencia de prensa en la que, lejos de aclarar sus objetivos y funciones, aportaron indignación y estupor al anuncio de la medida. “Es para los chicos que hoy no están haciendo nada, que están en la calle y no están estudiando, que han abandonado el secundario”, aseguró con frescura el funcionario de la cartera educativa.

El nuevo Servicio Cívico, que se implementará a partir de septiembre en una primera experiencia piloto, funcionará en seis provincias y albergará hasta 1200 chicos entre 16 y 20 años. Según detalló Bullrich, incluiría entrenamiento físico y técnico. Además, la polémica ministra agregó que la inserción del programa con las Fuerzas brindaría “una masiva posibilidad de darles a los jóvenes una salida, un camino hacia la libertad”.

Más allá del potencial riesgo en tanto reforzamiento del discurso de “mano dura”, lo cierto es que -en pocas horas- la iniciativa viene cumpliendo su objetivo y ya es un éxito en la estrategia mediática del Gobierno.

Desde que se lanzó la carrera presidencial, Cambiemos buscó desesperadamente correr a la economía del eje de debate de cara a las PASO. No es para menos, sobre todo en medio de una profunda crisis inflacionaria y recesiva como la que viene atravesando nuestro país, en particular desde un año a esta parte.

En este sentido, hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) sumó malas nuevas en materia económica, aunque aprovechó para justificar sus vaticinios negativos ante una supuesta “incertidumbre electoral”.  Si bien días atrás había aprobado el desembolso de otros 5.400 millones de dólares y cosechado elogios de parte del flamante titular interino del FMI, David Lipton, el organismo de crédito recortó los pronósticos de crecimiento para 2019 y 2020. Además, reconoció una suba en las estimaciones inflacionarias.

A su vez, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en mayo en 62%, tres puntos por debajo del registrado en el mismo mes del año pasado

En buena medida, los resultados electorales en las provincias también motivo de alarma en el círculo presidencial. Hace aproximadamente un mes, los escrutinios en Formosa, San Luis y Santa Fe elevaron a 13 las derrotas para el oficialismo en lo que va de 2019. Es tal la debacle que a inicios de este año Marcos Peña había ordenado la confección de un mapa electoral con las provincias en las que el partido podía ganar y concentrar recursos de campaña: pecaron de optimistas, de las 14 que pretendían ganar sólo obtuvieron una.

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