Por Carlos Saglul | Ariel Garbarz es especialista en telecomunicaciones, trabaja en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Ingeniero en electrónica, profesor de Seguridad y cyber-colonización de la Universidad de Buenos Aires. Prestigioso perito, consultor de la Justicia que ayudó a resolver varios casos de espionaje telefónico. Como Fiscal Informático viene denunciando que se está gestando un fraude electoral de proporciones para los próximos comicios presidenciales. Sus denuncias coinciden con las de los partidos políticos de la oposición pero hasta ahora  la justicia, a días de las elecciones, brilla por su ausencia.

-¿Cómo entienden se llevaría adelante el fraude?

En estas elecciones por primera vez vamos a utilizar el voto electrónico. Se ensayó con la boleta electrónica en Buenos Aires, Tucumán y Salta pero no tiene nada que ver con esto. Esta elección tiene la particularidad de que los ciudadanos van a votar en boletas de papel como siempre, con las mismas urnas, los fiscales. Todos van a hacer lo que hicieron siempre. Nadie va a notar ninguna diferencia hasta las seis de la tarde. Después de que se confeccionen las actas con el recuento de los votos, se van a trasmitir de cada escuela -y esta es la novedad- mediante  actas digitalizadas a través de un software de la empresa Smartmatic que tiene la posibilidad de transformar esa información.

Se hizo pública una cartilla técnica donde ellos mismos advierten que su software tiene la posibilidad de transformar la información, lo que obligó al inicio de una investigación por parte del fiscal Jorge Di Lello. Justamente Di Lello es el que me explicó que la justicia electoral solamente puede actuar una vez que se produjo el delito.

Mientras tanto se hicieron pruebas. Los partidos políticos solo pudieron participar en la del último sábado. Se pudo verificar justamente lo que dice la cartilla de Smartmatic: El escaneo que se hace en las escuelas tiene un formato pero llega al centro del conteo con otro formato. Son digitalizaciones distintas que muestran que se alteran las actas de escrutinio. Así como se cambia el formato se puede cambiar al contenido.

«La hipótesis que manejamos los fiscales informáticos del Frente de Todos es que van a tratar de usarlo para reducir al mínimo la diferencia entre las fórmulas. De ese modo, van a instalar en la opinión pública que se está cabeza a cabeza».

-Lo que afirmás es escalofriante. ¿Qué hacen los partidos políticos ante esto?

Los tres principales partidos de la oposición con mayor caudal electoral se presentaron a la Justicia pidiendo que se aparte a esta empresa y que se vuelva al sistema que utilizamos siempre. Pidieron que se utilice el fax común con el que nunca existieron problemas desde que volvió la democracia. ¿A qué se debe este apuro de cambiar a días de las elecciones el sistema de trasmisión de votos?

Lo peor es que este software es absolutamente ilegal ya que no puede ser verificado por los fiscales informáticos porque “el código fuente es propietario”. Dicho en criollo, significa que las instrucciones del programa están encriptadas. Es lo mismo que me soliciten como fiscal informático que verifique el código de Windows o de Word. Ese software lo vamos a conocer cuando sea tarde, después de la elección.

-La pelota está en manos de la Justicia pero es absurdo que espere que se cometa el delito para actuar. ¿Qué opción queda?

-Reitero, me lo dijo el fiscal Jorge Di Lello. No obstante, hay otro resquicio legal que nos permitiría sacar del medio este software. Su utilización viola el artículo 108 del Código Nacional Electoral que dice que todos los partidos políticos tienen que poder verificar el software con la debida antelación. Ya mismo, la Justicia debería estar prohibiendo este software, sin embargo no se expide.

-¿Te queda alguna esperanza que la Justicia funcione?

Si los apoderados de los partidos políticos son claros en la denuncia ante la jueza María Servini de Cubría no le va quedar otra que prohibir la utilización del software, más allá de que su superior, la Cámara Nacional Electoral, haya dicho ya que las cuestiones tecnológicas no son de su competencia sino exclusiva responsabilidad del Ministerio del Interior.

«Necesitamos que todos vayan a votar y tener la mayor cantidad de fiscales posibles. Deben sacar una foto con su celular del acta de escrutinio. Además tienen que pedirle al presidente el certificado fiscal. Es una copia del conteo firmada por el presidente».

-¿Cuál es la idea de hacer ahora el fraude y no esperar a las elecciones generales?

Entramos en lo hipotético. El 11 de agosto se realizan las Paso que es la encuesta abierta más importante y representativa. Supera cualquier estudio de consultora o encuesta. Ahí se va a ver cuál es la diferencia de puntos entre las primeras dos fórmulas que tienen posibilidades  de ganar. Si como está previsto, se utiliza este software, la hipótesis que manejamos los fiscales informáticos del Frente de Todos es que van a tratar de usarlo para reducir al mínimo la diferencia entre las fórmulas. De ese modo, van a instalar en la opinión pública que se está cabeza a cabeza.

Todas las encuestadoras hablan de una  gran diferencia de puntos. Por eso, primero tendrían que achicar la diferencia mediante un conteo fraudulento. De esta manera se prepararía el terreno para terminar con el fraude el 27 de octubre dándole la victoria a quien contrató este software a pesar de estar cuestionado por todos.

-¿Qué deben hacer lo fiscales?

Necesitamos que todos vayan a votar y tener la mayor cantidad de fiscales posibles. Deben sacar una foto con su celular del acta de escrutinio. Además tienen que pedirle al presidente el certificado fiscal. Es una copia del conteo firmada por el presidente. Muchos fiscales no lo saben pero es el único documento que la Justicia Electoral va a aceptar para las presentaciones judiciales que se realizarán si no se puede parar el fraude. Ante muchas denuncias la Justicia va a actuar. Pero no en el escrutinio provisorio sino en el definitivo que empieza 48 horas después y dura dos semanas. Si utilizan este software, los argentinos solo debemos confiar en el conteo definitivo.

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