Por Federico Chechele | Domingo a la noche. Desde el búnker de Cambiemos, Macri admitió que hicieron “una mala elección” y mandó a dormir al país sin dar a conocer los resultados. Amanece y explota el dólar con una devaluación del 30%. El Presidente responsabilizó a los votantes y al Frente de Todos por la corrida cambiaria. No hizo ninguna autocrítica sobre la pobreza, despidos o fuga de divisas. Al otro día pidió perdón por su discurso y explicó que «estaba sin dormir». Aclaró que «no hay un Presidente virtual, el presidente soy yo» y el dólar subió cinco pesos más y el riesgo país saltó a 1.950 puntos. Lanzó medidas económicas insuficientes. Le respondieron que no puede congelar las naftas. Pasó de una resolución a un acuerdo y tampoco. Crisis de confianza y Ley de abastecimientos. Carrió explicó que hay mucha gente «que está esquiando» y por eso no fue a votar en las PASO y arremetió: “Nos van a sacar muertos de Olivos”. Anunciaron que la inflación de julio fue de 2,2% y se prevé 5% para agosto y más de 6% en septiembre. Rumores de cambios en el Gabinete. Nadie quiere agarrar. Bajo el lema “Cuidar a los argentinos” anunciaron la eliminación del IVA a los alimentos de la canasta básica. Un gran colapso ideológico.

Desolado, el Gobierno padeció la semana más intensa desde que nació el PRO porque nunca imaginaron que todo lo que venían pregonando podía sufrir el revés electoral del domingo pasado: María Eugenia Vidal quedó a 18 puntos y Mauricio Macri a 15. Se votó para ver cómo venía la cosa, terminó siendo irreversible y se dio por finalizada la Revolución de la Alegría.

Con el diario del lunes, parte del Gobierno se reprochó si no hubiese sido conveniente haber decretado un feriado cambiario para frenar la embestida de los mercados. No ocurrió, según Martín Redrado el propio Macri lo fogoneó. Después el mandatario lo utilizó para meter miedo al electorado a pesar de que todos lo sabíamos, aun los que no somos “los mercados”. Pero claramente la culpa no es nuestra. El lunes, el jefe de Estado dijo lo que dijo con el corazón, lo que realmente piensa. El martes, tras la lluvia de reproches, salió a pedir disculpas pero en modo electoral. Llegó siempre tarde. Incluso, con el anuncio de las medidas económicas, volvió a subestimar al electorado.

Por dentro y por fuera del Gobierno le reclamaron más apertura, pero durante los casi cuatro años de gestión se dedicó a dejar gente en el camino y nunca convocó a nadie, más allá de sumar a último momento a Miguel Ángel Pichetto, Alberto Rodríguez Saa y Alberto Assef… Banalizó la palabra diálogo y consenso, y las consecuencias están a la vista. Hoy, varios sectores le piden el adelantamiento de las elecciones; y hasta el Círculo Rojo propuso que se baje de la candidatura de octubre para subir a Roberto Lavagna, pero desde su espacio ya rechazaron la iniciativa.

Macri lanzó medidas económicas que apuntan directamente a la clase media que significarán 40 mil millones de pesos. Para costearlo, avisaron que destinarán el dinero previsto para la obra pública (más desempleo) y quitarán el IVA. Una vez más, el Gobierno decidió no ir por los que más tienen. Rechazó subir las retenciones -el campo también le votó en contra- y  la alícuota de los bienes personales: Cuidó a los suyos.

Alberto Fernández no sólo ganó ampliamente la elección del domingo, también se posicionó frente a los que le endilgan que es manipulado por Cristina Kirchner. Más allá que los mercados le marcaron la cancha con un 30% de devaluación consumado su triunfo, y Wall Street salió a exigirle definiciones concretas sobre la presión del dólar y los bonos. Luego de manejarse con cierta cautela, Fernández habló, señaló que el dólar a 60 pesos era el correcto y se frenó la corrida.

Además se divulgó que en la conversación telefónica con Macri le pidió que renegocie la deuda con el FMI y que cuide las reservas del Banco Central antes de dejar su cargo. La respuesta del todavía Presidente fue: «Déjenme llegar a octubre”.

Dibujo: Marcelo Spotti 

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