Por Carlos Saglul | Aterrorizan los índices de pobreza, los cierres de empresas, el hambre. Aún asusta más la ceguera del presidente Mauricio Macri, la falta de reflejos, las decisiones tilingas como soltar el dólar para escarmentar al electorado. Ninguna de las medidas (anunciadas antes que asumiera el nuevo ministro de Economía, Hernán Lacunza, y no a través del nuevo funcionario, aunque sea para justificar el reemplazo) se ven eficientes para contener el enorme crecimiento de la miseria de estos días. Dejan en claro que es más de lo mismo.

Andar entre las góndolas de los supermercados, es algo así como una recorrida gratis en el “tren del horror” de algún parque de diversiones. Los únicos beneficiados por el descuento del IVA fueron, como siempre, los empresarios.

Un sector claramente mayoritario de la población volvió a utilizar la herramienta peronista para darle un golpe fatal al gobierno de Cambiemos. Lo interesante, es que más allá de la primera reacción de furia: “¡dejen subir al dólar para ver si aprenden a votar!”, Macri decidió menospreciar el impresionante veredicto popular. Quedó evidenciado en el consejo a sus correligionarios de la vicepresidenta, Gabriela Michetti: “Nosotros, universitarios, profesionales, licenciados nos cuesta entenderlo, pero de acá a octubre, tenemos que estar con los pobres”. ¿Y después Michetti, quién se los banca? Claro, ahí la llamamos a Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad… De aquí a diciembre, los náufragos de la Argentina macrista se multiplicarán.

El treinta de este mes -primero se había anunciado para el 23- en oportunidad de reunirse el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, la CTA Autónoma y organizaciones sociales se movilizarán para exigir un salario digno. La dirigencia peronista –en tanto- parece comprometida en no propiciar movilizaciones callejeras. Muchos de sus dirigentes temen, que el gobierno vuelva a sacar sus provocadores a la calle, para generar un clima de violencia que termine en el estado de sitio como en el 2001.

Hasta el FMI, que le entregó a Macri más de la mitad de sus fondos destinados a créditos por orden del presidente Donald Trump, teme quedar en la bancarrota y el ridículo, si la deuda que contrajo el actual gobierno se declara impagable. Basta leer el diálogo entre Macri y el candidato, Alberto Fernández para verificar lo poco que Macri entiende de Economía y los acuerdos con el FMI.

La carrera política del actual presidente ha terminado, quedará como una de las administraciones más ruinosas de la historia. Más solo que nunca, de acá a diciembre puede hacer mucho mal, si se pone “loco”. Hasta ahora la gente ha logrado hacerse escuchar en el marco democrático. Dejarla a merced de un gobierno que a esta altura no anunció ni una medida contra la recesión, es criminal. Se requiere un acuerdo social. La sociedad ya tendría que estar debatiendo el adelantamiento de las elecciones.

Las PASO, tan distanciadas de las presidenciales, han generado un presidente virtual, aún no asumido y otro, que teniendo los atributos del mando, no tiene credibilidad ni política para atender a la emergencia social. En este contexto, todo puede pasar. Mauricio Macri entra como ninguno en aquella definición de Marx, no de Carlos sino de Groucho, de los políticos: “La política es el arte de encontrar los problemas, hacer un diagnóstico falso, y aplicar después los remedios equivocados”.

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