Por Revista Cítrica | ¿Habrá algo más importante para la propia subsistencia humana que tener certeza sobre la sanidad y procedencia acerca de los productos que consume una población? ¿Existe forma de negociar semejante responsabilidad? Parece ser que para el gobierno de Mauricio Macri la respuesta a ambos interrogantes es “sí”.

Claro es que ni el propio Presidente, ni ninguno de sus funcionarios, lo admitirán jamás, y mitigarán dudas con argumentos poco sostenibles. Y del otro lado, está el acto de fe; es decir, aquellos que opten por creer, y quienes no lo hagan. Pero si de certezas se trata, estas brillan por su ausencia.

Así como los ajustes que se dieron en diferentes áreas, como las de Salud, Educación, y Cultura, el macrismo también destazó el sensible sector del Senasa.

Se trata del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, un organismo sanitario del Estado encargado sobre todo de la fiscalización y certificación de los productos y subproductos de origen animal y vegetal, sus insumos y residuos agroquímicos, así como la prevención, erradicación y control de enfermedades de animales, incluidas las transmisibles al ser humano, y de las plagas vegetales que afectan a la producción agropecuaria del país.

Toda esta biblioteca se cae en pedazos ante los ajustes y despidos que se multiplican, y se convierten en un claro mensaje que podría decodificarse como un ‘desprecio al consumo interno y a la salud pública’.

Sin los controles del Senasa, es factible que aparezcan enfermedades curables, otras erradicadas, “y en zonas que -sobre todo- pueden hacer un desastre”.

Carina Maloberti, delegada de ATE Senasa, señala que “ajustar y despedir, y que no haya controles sanitarios sobre lo que comemos, es una combinación que es vulnerable a cualquier zoonosis o epidemia que quiera expandirse. Nosotros somos una pieza clave, no sólo en la salud pública del comercio exterior, sino también en la defensa alimentaria local”.

“Las hipótesis sobre que se pueda tener ‘por accidente’ una epidemia, existen y se agravan. Pero también debe considerarse algo intencional, como contaminar agua o cultivos. Esto se ha hecho más de una vez en el mundo. Si este tipo de cosas ocurren, el país queda indefenso”, advierte.

“Las hipótesis sobre que se pueda tener ‘por accidente’ una epidemia, existen y se agravan”

“También vulnera lo económico porque en cualquier momento, cualquier país, cualquier mercado abierto, se te cierra, como ha ocurrido con la fiebre aftosa. Y se te derrumba la economía. También está el tema de la defensa territorial con respecto a la intencionalidad de contaminación o ingreso de enfermedades en los cultivos o en animales. Son puntos claves en los que quedás expuesto directamente”, explica la especialista.

Cabe destacar que el Senasa no solamente controla las barreras zoofitosanitarias en las fronteras con otros países, sino también las internas. “Hay distintos estatus. Por ejemplo, en la Patagonia no podés entrar con carne con hueso, ni con manzanas, porque lo que está del otro lado es libre hasta de pesticidas, o de vacunas. Todo eso también tiene que ver con la territorialidad y el federalismo que tiene el Senasa, junto al INTA”.

“De 14 centros regionales pasaron a 9. Hay centros regionales que agrupan varias provincias, y a su vez a cientos de oficinas locales en pueblos chiquitos y distintos lugares. Todo eso lo fueron cerrando. Van recortando y despoblando la presencia del Estado con respecto al tema de la salud y sanidad, la defensa y la soberanía alimentaria”, señaló.

MÁS DESPIDOS. AHORA EN JUJUY

Los primeros despidos ocurrieron en Litoral. Después, en la Patagonia. El plan fue el retiro del Estado Nacional, darle más pseudo poder a las autonomías provinciales, con lo cual el poder político del Senasa se redujo a la mínima expresión, y las empresas transnacionales adquirieron más posibilidades de negociar con mayor facilidad sobre las tierras. Sin Estado no existe salud, educación y producción. Sólo empresas salvaguardadas por una salvaje militarización policial. “Es una ocupación: tierras, agua, aire, ocupaciones empresariales al servicio de naciones externas, fragmentando comunidades locales”.

Luis Lazarte, delegado de ATE Senasa en Jujuy, más precisamente en la zona de Paso de Jama, ubicado a 350 kilómetros de la capital San Salvador, denunció que fueron despedidos dos trabajadores que tenían cargos en el ente de regulación de alimentos.

“Venían desempeñando sus funciones desde hace 9 y 20 años respectivamente. Estamos en estado de alerta y movilización. Vamos a solicitar la reincorporación inmediata. Y de no ser así, vamos a tomar alguna medida de fuerza”, señaló Lazarte.

Agregó que, en concordia con la natural deshumanización del gobierno de Cambiemos, “a los compañeros se les aviso telefónicamente. Ni siquiera esperaron a que llegue algún telegrama o notificación”.

Lazarte detalló que estos despidos se enmarcan en “el desguace que se viene implementando en toda la gestión macrista. Están desguazando el Senasa en particular y el Estado en general. Por lo tanto, hay muchísimos compañeros que se ven afectados con estos achiques. Lo único que argumentan es que son razones operativas, pero a nosotros nos está faltando personal en todos los puestos fronterizos, en todas las barreras”.

Uno de los trabajadores echados es Raúl Sokolowski, quien contó: “Trabajo hace 9 años en Paso de Jama. Si hubo alguna causa o motivo para mi despido, nunca lo supe, nunca me informaron absolutamente nada”.

Lazarte explica la gravedad del saqueo estatal al Senasa. “Quedarnos sin controles tiene una afectación sobre la salud pública en toda la Argentina, porque nosotros controlamos, custodiamos y certificamos todos los alimentos que llegan a cada uno de los argentinos. Esto implica un peligro y un riesgo muy importante para todo el país”.

Detalla además que “controlamos los alimentos que se importan y se exportan, certificamos la calidad de los mismos, y también que estén libres de agrotóxicos, de enfermedades, bacterias, plagas. El impacto sobre la población es enorme”.

El Senasa es el único organismo estatal con aval internacional que puede garantizar la calidad de los alimentos, resguardando la salud de la población y la calidad de las exportaciones e importaciones.

“Sin Senasa no hay alimentos seguros, no hay prevención de enfermedades, y lo que sí hay es peligro de epidemias. El control sanitario de los alimentos es una función que el Estado Nacional no puede delegar. Consideramos que las severas medidas de ajuste, la reducción de presupuesto, y la tercerización de funciones a privados, generan un verdadero peligro para todo el pueblo argentino”, señalaron los trabajadores.

“Sin Senasa no hay alimentos seguros, no hay prevención de enfermedades”.

Agregaron que “los trabajadores del Senasa estamos en contra del vaciamiento del organismo y defendemos nuestra fuente de trabajo. Estamos en contra de delegar funciones porque eso provoca un riesgo para la salud pública de toda la población y daña el estatus sanitario exigido por los países importadores de nuestros productos”.

Cabe destacar que el Senasa se ocupa -por ejemplo- de cuidar el advenimiento de la Aftosa, del picudo algodonero, de las langostas, de la verificación sobre el uso de agrotóxicos, de la lobesia y del HLB, entre otros. También certifica todo lo que tiene que ver con el mercado interno y que le llega a la mesa de cada uno de los argentinos.

“Lo más gráfico es tomar una lata de conservas, o leche, o algún otro alimento, y solamente es darlo vuelta, y va a tener una etiqueta del Senasa, si es que ese alimento ha sido certificado correctamente. Tendrá el logo, una etiqueta, y un número del Senasa; y eso significa que pasó por el control necesario”.

LA IMPORTANCIA DE SOBREVIVIR PARA CONTARLO

¿Qué es lo que no se controla a partir de los despidos?

-Por ejemplo, -señala Carina- en el Puerto de Buenos Aires han sacado controles a pedido de las empresas, y están controlándose ellos mismos. Todo lo que tiene que ver con la exportación de granos y el resto del control portuario arriba de los buques no se está haciendo. Ni lo que ingresa, ni lo que sale. Es para evitar barreras arancelarias y controles de mercancías. Se controla el papelerío, pero no arriba del buque. El Senasa es policía sanitaria y agente preventor. Una tiene la facultad de actuar rápidamente si presencia alguna irregularidad. Pero nos corrieron de ahí. Ocurre algo similar con el tema de los cítricos en todo el litoral. Hay acuerdos con grandes empresas de Tucumán. Entonces cierran todos los cítricos en el litoral. Estos son los negocios ‘entre amigos’ que tiene el Gobierno. Al no controlar, no ayudás a las producciones cítricas del litoral argentino, y las haces quebrar. Sin control de plagas, el litoral no tiene capacidad de  competir con algunas empresas amigas del gobierno.

Matías Levin, ex miembro del Senasa, ejemplifica la problemática: “Te puedo dar el ejemplo del limón. Si en Entre Ríos, que tiene naranjas y limones, le sacás los controles del Senasa, el país que te compraba deja de hacerlo, porque hay tratados internacionales al respecto. Entonces aparecen los empresarios en Tucumán, se monopoliza la producción y ponen aeropuertos para sacar los limones directamente hacia Estados Unidos. Con ese accionar del gobierno fundieron Entre Ríos. Eso está ocurriendo ahora. Los campos inundados. La gente cosecha para vender en la ruta, porque los empresarios ya se retiraron. El que pudo se va para Tucumán. El que no, no sé. Hará otra cosa”.

Carina señala también que el productor más chico no puede competir porque no tiene la asistencia debida. “Entonces no puede competir en el mercado interno, y sobre todo en el externo. Hay varias enfermedades transmitidas por roedores, que se trasmiten a las familias productoras, además del riesgo en la producción -por ejemplo- del pollo. De igual manera ocurre en el porcino. Al no tener el control de condiciones sanitarias, no sólo no se puede producir, sino que también afecta a la salud y pone en riesgo de muerte a toda la localidad. Cuando vos dejás todo al ‘libre mercado’ y el ‘gane quien gane’ estamos expuestos a este tipo de cosas”.

Actualmente existen índices elevados de gripe A, gripe porcina, entre otras. ¿Esto tiene que ver con el colapso del Senasa?

-Sí. Tiene que ver con el comercio tan grande que hay entre Brasil y Argentina, y el tema de los porcinos. Estamos hablando de toda esa frontera en la que denunciamos que el gobierno quitó los controles. Brasil fue el primero que puso el grito en el cielo cuando empezaron a levantar los controles y se redujo la verificación sanitaria que hacía el Senasa. Primero, porque le generaba riesgo sanitario a ellos, pero además por el tema de la comercialización -sobre todo en porcinos- que es un caso muy riesgoso.

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El gobierno conducido por Mauricio Macri no tuvo mejor idea -apenas asumido- que llevar a cabo una legislación que afectaba directamente al Senasa, y que rezaba que los entes -estatales y empresariales- interesados se autocontrolen. “Eso fue lo primero que hizo Macri cuando asumió. Un desastre. Toda la lucha de los pueblos contra las fumigaciones, contra los agrotóxicos, todo eso lo certifica la Secretaría de Agroindustria con el Ministerio. Es decir, les importa muy poco las muertes, las malformaciones. Nosotras hemos ido con compañeras profesionales del Garrahan a certificar el tema de las malformaciones en las áreas de fumigación, y cuando al libre mercado le soltás la mano y lo dejás hacer cualquier cosa, pasan por arriba de nuestra gente sin importarles nada”, señala Carina.

Matías explica que “es como una doctrina Chocobar pero sanitaria”. Ahí tenés un paralelismo. El Senasa también cumple un rol social dentro de la agricultura familiar, que es una de las áreas más golpeadas. Significa estar en contacto con el pequeño productor, que es quién está todo el día laburando. Hablarle e informarle sobre agrotóxicos es fundamental, porque mucha de la contaminación que vive el pequeño productor es porque -quizás- uno compra un litro de agrotóxico y después se lo reparten en botellitas, y nadie tiene la medida, y le ponen a ojo, y ponen cualquier medida, a cualquier cultivo. Ante todo eso, el Senasa intercedía, y lo evitaba.

En este sentido, Carina sostiene que lo del Gobierno es un modus operandi, y que se trata de un mito el concepto mentado de que se trata de “improvisados” y que “no saben lo que están haciendo” o “no conocen el Estado y las políticas públicas”.

“No les interesa”, asegura Carina. “Ellos tienen muy en claro lo que quieren. Cuando despidieron, no despidieron porque sí y en cualquier lado, ni a mansalva. Ellos hicieron todo un relevamiento al que le llamaban ‘dotaciones óptimas’, y no te explicaron nunca el proyecto de país que quieren. El hecho de que ‘si no funciona, reconviértanse’ es parte de todo esto. Y ellos no terminan de imponer su sistema porque no pueden doblegar completamente la resistencia de los trabajadores y trabajadoras”.

“Estamos resistiendo el avance sobre los puestos de trabajo, el deterioro salarial, la precarización. El desmembramiento del trabajo colectivo, la autogestión de control sanitario por parte de los productores. La merma de la calidad del trabajo. Hoy los privados se ‘autocontrolan’, como Cargill y Monsanto. El Senasa pasó a ser una escribanía de ellos”, denuncia Carina.

“Nosotros estamos en el corazón de la bestia. Nuestro ‘patrón’ son esos poderes. Ellos lo ven como una gran empresa en favor de sus propios negocios. El saqueo es brutal, tremendo. Así y todo, queremos seguir dándoles pelea”, concluye.

 

Fotos: Juan Pablo Barrientos

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