Por Federico Chechele | Sábado, 24 de agosto de 2019:

-¡Mauricio, venite!

-¿Estás seguro?

-Sí, esta gente está cantando a favor tuyo

-¿No será peor?

-Todo es peor…

Ellos

Algo parecido a este diálogo sucedió cuando un montón de personas se agolpaba hacia Plaza de Mayo en apoyo al presidente Mauricio Macri. Que se hayan movilizado en “apoyo” no sería un problema, el revés electoral fue demasiado y tienen derecho a manifestarse. Muy distinto es arrogarse la facultad de velar por la República y marchar en contra de un resultado democrático, verdadero motivo de la marcha.

Durante el gobierno de Macri se fugaron 125.000.000.000 de dólares, se perdieron 300.000 empleos en blanco, se duplicó la Deuda Externa, se triplicó la Inflación, se perdió el 50% de los sueldos de los que aún siguen ocupados y se generaron 4.300.000 pobres; sin embargo, esta gente se movilizó para salvar la República.

Se autodefinen “gente de bien”, se creen mejores y más de uno se debe retorcer pensando que su voto vale uno como el de cualquier otra persona. Dicen que “van a ser meses duros los que vienen, por nuestra moral”, pero apoyaron la propuesta del productor rural que les prometió dinero a sus trabajadores si el actual Presidente llega al balotaje, la verdadera meritocracia PRO.

En busca del milagro cantaron “Mauricio no se va, Mauricio no se va”, y desde el balcón de la Casa Rosada se vio a un Presidente desorientado con el puño cerrado, lanzando gritos, abrazando al aire y dándose palmadas en el pecho. Hasta les abrieron las vallas para que se acerquen un poco más a vivar a su verborrágico adalid e insultar a los opositores.

En cierta forma se disfruta que estén tan enojados y enojadas, porque desde este lado, se los respetó cuando llegaron al gobierno mediante el voto y ahora se van por la misma vía democrática. Y debemos reconocer que han mejorado. Sin intención de caracterizar a quienes marcharon el sábado pasado, sabemos, porque muchos de ellos lo han dicho en vivo por la televisión y a través de las redes sociales, que fueron los que celebraron el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, se hicieron los distraídos durante los sucesivos golpes militares, son los que se han beneficiado con las políticas neoliberales y creen que el FMI trae soluciones.

No sufren hambre, pueden pagar los tarifazos, creen que Standard & Poor’s es algo bueno, se dejan convencer con poco, no tienen argumentos y ven a los empresarios que nos gobiernan como personas exitosas a seguir. Por eso reaccionan con odio de clase, son vengativos, nunca pensaron en el otro y desacreditan todo lo cercano a lo popular. Y lo peor, creen, igual que el Presidente, que la tragedia económica que se suscitó después de las PASO es culpa nuestra.

Hasta son merecedores de este nuevo hito de la comunicación política que llevó adelante Mauricio Macri cuando desde el balcón les habló a través de sus celulares, dándoles la espalda. ¡Les habló de espaldas! No conciben la masividad.

Y si el plan de descomposición económica sigue acelerando hacia el abismo -lo que a esta hora parece inevitable-, rápidamente se darán  cuenta que la gran mayoría de ellos no estaba invitado a la fiesta real, y pondrán el grito en el cielo cuando no puedan retirar sus dólares de los bancos. Y les volverán a dar la espalda!

Durante el gobierno de Macri se fugaron 125.000.000.000 de dólares, se perdieron 300.000 empleos en blanco, se duplicó la Deuda Externa, se triplicó la Inflación, se perdió el 50% de los sueldos de los que aún siguen ocupados y se generaron 4.300.000 pobres.

Nosotros

La contracara se vio cuatro días después cuando los sectores populares rebalsaron la avenida 9 de Julio para exigir mejores condiciones de vida. Los que se movilizaron el miércoles son los que se esfuerzan a diario para atender sus necesidades y las del otro, las mujeres que sirven la olla para darle de comer a miles de niños con hambre, los que se sobreponen todo el tiempo a circunstancias atroces.

Pero también los que luchan. No marcharon para responder a la movilización del 24, lo hicieron porque la hacen siempre, hace años, mucho antes que Macri llegue a Balcarce 50. Son los que resistieron los despidos, los que frenaron leyes antipopulares, los que recuperaron las empresas de los dueños que huyeron con deudas y los que arman cooperativas de trabajo. Y, fundamentalmente, los que a través de su desarrollo territorial garantizan la institucionalidad que no puede sostener el Gobierno. Sin ellos, hoy Argentina colapsaría socialmente.

La UCA informó esta semana que en un año creció un 5,8% la cantidad de niños y adolescentes que tienen hambre.

Pero además se organizan, debaten y analizan en asambleas barriales lo que definen los otros y tienen propuestas que son cajoneadas en el Congreso o que no son implementadas por el Ejecutivo. Y, sobre todo, obtienen buena parte de su legitimidad mostrando soluciones, contra la pobreza y el desempleo, por fuera del sistema económico institucionalizado.

Son los y las que perdieron el trabajo tras el cierre de más de 20 mil pymes y los que se quedaron sin changas porque la clase media se quedó sin plata. Son las madres y los padres que saltean las comidas para amortiguar el mes, los que comen pero no se alimentan de las bondades del Estado. Son, en definitiva, los que informó la UCA esta semana: en un año creció un 5,8% la cantidad de niños y adolescentes que tienen hambre.

Porque a los barrios del Conurbano no llega nada. Sólo 4 de cada 10 chicos reciben asistencia del Estado, las cloacas son invisibles y por eso tomaron la decisión de castigar a la gobernadora María Eugenia Vidal. No les importa si tiene cara de buena o si toca timbre, tienen necesidades urgentes, diarias, de vida o muerte, y no hubo respuesta.

Son dos países distintos, la enajenación del odio y la esperanza. Mientras un sector hizo una diferencia escandalosa durante estos años, millones se convirtieron en pobres. Pero no se quedan quietos ni quietas, ganan las calles, se expresan como clase trabajadora, pelean por un trabajo digno y le avisaron a este gobierno y al que viene que tienen que dar una respuesta inmediata. Los otros dan pavor y lloran. 

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