Redacción Canal Abierto | Tras su paso por los festivales de Cannes y San Sebastián, Que sea ley llega hoy a las pantallas del país, en las que el público argentino podrá revivir la épica en torno a la lucha del movimiento de mujeres por que el aborto sea legal, seguro y gratuito .

Con testimonios estructurados en capítulos y registros de las movilizaciones realizadas durante los debates en el Congreso por la legalización del aborto, Solanas contó a Canal Abierto el origen del film, como se fue produciendo y las repercusiones, a favor y en contra, que la obra tuvo tanto en los festivales.

La película puede verse desde hoy en el Arteplex Belgrano, Malba, Cinemark Puerto Madero, Hoyts Quilmes, Cinema Devoto, Cinema San Martín (La Plata), Amadeus (Santa Rosa) y Cine Pico (General Pico), entre otros, aunque Solanas confía en que puedan agregarse salas en la medida que el público de distintas ciudades del país exija en los cines más cercanos que sea incluido en sus carteleras, ya que muchos se negaron a estrenarla aduciendo que no querían ofender a nadie.

“La temática hace 20 años que “no la entiendo», por decirlo de alguna manea. Yo crecí en Francia, donde el aborto es legal desde el ’74. Lo que me pasó fue que yo crecí y me hice adulto allá y jamás escuché hablar del tema. Es como que te digan que los chicos mueren de tétanos porque está prohibida la vacuna. Cuando me enteré de esto, en el 2000, me impactó tanto que de hecho en mi primer largo, que fue una ficción, en el tronco central de la historia, la protagonista aborta en cámara. Así que es un tema que hace tiempo que lo miro, lo observo, me leo todo”.

“El año pasado, cuando se presentó por séptima vez el proyecto de ley y se habilitó el voto por primera vez, empecé a ver eso con extrema atención. Además entendí que la Marea Verde tenía tanto vigor que creí que el dique iba a ceder. De hecho, cedió en diputados y tuvimos esa maravillosa media sanción. Esa mañana, viendo en directo la votación, me emocioné muchísimo. Ahí una voz me dijo que agarrara una cámara y fuera a filmar ya. A los tres o cuatro días estaba filmando un pañuelazo en el Congreso. Así de simple y de básico empezó todo”, planteó Solanas en diálogo con Canal Abierto.

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Así como vos te sorprendiste por esta situación de ilegalidad, ¿qué ocurrió en ese sentido cuando la película fue proyectada en los festivales internacionales?

-Con muchísima sorpresa generalmente, aunque en todas partes hay gente en tema, que sabe todo. La película empezó su vida en Cannes y, más allá de la emoción irresistible que hubo en la proyección en la sala, estaba esa incomprensión de cómo Argentina, un país al que se ve en la vanguardia en cuanto a temática de derechos humanos, que tuvo el juicio ejemplar a las Juntas Militares, casamiento igualitario, tiene el aborto prohibido. Son cosas que no van de la mano. Eso me pasó tanto en Francia en Cannes como hace unos días en San Sebastián.

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¿Cómo se planteó la estructura del film?

-Yo tenía una estructura muy instalada de lo que iba a ser, que era que la película fuera antes de todo de buena leche. Porque la película la hice para todos los argentinos que necesitan saber con claridad, más allá de números, una realidad indestructible. Eso es lo primero que muestra la película. La columna vertebral son testimonios en primera persona de víctimas que pasaron por eso o de familiares de mujeres que no están más para contarlo. Alrededor de eso hay capítulos: uno que trata sobre creencias, en el que vemos que uno perfectamente puede ser católico romano y al mismo tiempo estar de acuerdo con el aborto legal, seguro y gratuito. Nadie está a favor del aborto, uno lo que quiere es que la mujer tenga el derecho a decidir lo que quiere hacer con su vida y con su cuerpo, que son cosas muy diferentes. Hay otro capítulo de doble moral, porque hay mucha hipocresía en todo esto. Así que la película estaba estructurada con estos capítulos y con otro gran capítulo que es la realidad.

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¿Qué aporte esperás que haga el documental en función de una discusión que no terminó el 8 de agosto de 2018, sino que seguramente tendrá muchos capítulos en el futuro?

-Esto es un granito de arena, como el que aportan todos los que quieren que esto se resuelva. Por un lado, es un registro de este momento que es histórico y hecho con buena leche. Después, es un arma muy poderosa para tomar conciencia. Yo fui mostrando la película en mi círculo intimo, y sé de tres personas que pensaban diferente y cambiaron la opinión. Y no es que la película te lava la cabeza, sino que muestra una realidad que, una vez que la ves, si tenés un corazón no hay manera de decir que no te importa. Te plantea como es. Hay mucha gente que no está debidamente informada y tiene una postura moral o una creencia y se apega a eso sin ver que es lo que pasa del otro lado. Y la película lo muestra de manera quirúrgica. No es un panfleto, mi idea era hacer algo fiel a la realidad y de buena leche. Entonces pasa eso, que cuando vez esa realidad te das cuenta que es algo que está mal.

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Así como tuviste estas buenas respuestas, ¿tuviste algún tipo de reacción negativa?

-Hubo muchas salas que no quisieron la película para no ofender a cierto público, un argumento que es raro. Porque la película es absolutamente de buena leche, no le falta el respeto a nadie. No entiendo el argumento, cuando nadie obliga a nadie a verla. Hasta el afiche es respetuoso. Me entristece porque es una película para invitar a todo el mundo. Hubo todo un cuidado de que fuera así. Así que, si la vez no te vas a sentir atacado, vas a tener una buena experiencia de cine y vas a salir con un conocimiento muy sólido para poder opinar. Así que al público que quiera verla en distintos lados del país les digo que la pidan en la sala, porque es ahí donde nos piden las películas, son ellos quienes terminan decidiendo si la exhiben o no.

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Trailer del film

Foto: Juan Solanas en Cannes (REUTERS/Jean-Paul Pelissier)

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