Por Leo Vázquez | “Argentina Sin Hambre” es el nombre que lleva el plan integral presentado esta mañana en la Facultad de Agronomía por Alberto Fernández junto al que, a esta hora, ya se perfila como el próximo ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, que ya condujo esa cartera en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Nestor Kirchner. El especialista en temas sociales, hombre fuerte del massismo, explicó que se trata de “la primera política de Estado del Siglo XXI”.

Mientras el Presidente y su equipo recorren algunas ciudades enfervorizando a los votantes propios pero, al parecer, sin sumar nuevas voluntades -y se apura a lanzar medidas económicas tardías y anuncios para seguir acumulando por derechas o al menos frenar el drenaje (subsidios para familiares de soldados caídos en el ataque de Montoneros al cuartel de Formosa, la baja de edad de punibilidad, el reciente y encendido “a favor de las dos vidas” de Mauricio Macri, etc.)- la oposición apoya su campaña en propuestas que buscan detener el tsunami de complejidades estructurales que deja el experimento fallido de Cambiemos.

El candidato ganador de las PASO primero aseguró que aumentará 20% las jubilaciones y que reabrirá las paritarias para comenzar a reactivar el consumo, y hoy lanzó su pilar de campaña.

Se trata de una gran convocatoria, un plan basado en cinco ejes, apuntado a una primera etapa de refuerzo y acompañamiento a los lugares de contención, pero con un objetivo a mediano plazo orientado a “que las familias vuelvan a comer en su casa”.

Mejorar alimentación y nutrición, bajar el precio de los alimentos, generar mas ingresos y crear empleos, romper el circulo hambre-exclusión-pobreza, articular la red de alimentación con salud y el desarrollo local, implementar un sistema de alimentación sustentable, mejorando prácticas, producción y precios, son los puntos salientes del proyecto que involucrada al los ministerios de Desarrollo Social, de Educación, de Salud, y de Producción y Trabajo.

1-Como primer paso, la creación de un Consejo Federal de “Argentina sin Hambre”, que se propone una extensión de cinco períodos presidenciales, en el que participen las Universidades, las organizaciones sociales, las provincias, las empresas, los sindicatos, las iglesias, entre otros sectores. Y al mismo tiempo la puesta en funcionamiento del Observatorio Interdisciplinario “Argentina Sin Hambre”, con la función de realizar el monitoreo, seguimiento y evaluación del Plan.

2-Acceso a la Canasta Básica de Alimentos. Incluye una Ley de Góndolas, para que ninguna marca tenga más del 30% de la góndola y estén todos los productos disponibles y garantizar así la competencia por los precios bajos. El desarrollo de centros de comercialización para fortalecer la economía popular y a los pequeños productores. Producción de alimentos. Fortalecer cadenas de producción, federalizar los procesos.

3-Comercializacion y Economía Social. Atender la calidad nutricional. Mediante una serie de mecanismos que se enlazan detrás de la implementación de una Tarjeta de Alimentos que permita un seguimiento para garantizar la atención de las prioridades, como las madres y familias con chicos menores de 6 años. Una gran política nutricional federal sostenida principalmente en los Promotores de salud. Apoyo y fomento a los sectores pobres que producen alimentos. Facilitar mecanismos para la vinculación entre el pequeño productor y el consumidor. Reintegro del IVA a los beneficiarios de programas sociales.

4-Programa nacional de Seguridad Alimentaria. Articulación de controles de salud en jardines de infantes y en escuelas primarias y secundarias. Programas de educación y nutrición saludable. Articulación en forma integral a nivel provincial y municipal las políticas públicas alimentarias con las políticas públicas materno infantil, de primera infancia, de niñez, adolescencia, personas con discapacidad y adultos mayores.

5-Sistema Federal de Financiamiento. Financiado por un Fondo Federal de Alimentación y Nutrición sobre un la base de un porcentaje del presupuesto nacional. Compre estatal a los productores de la economía social y popular, de la agricultura familiar y campesina y a micro y pequeñas empresas. Transferencias de recursos Nación, Provincias y Municipios, con “adaptación regional a necesidades y costumbres locales”.

“Es imposible pensar un único programa para un país que tiene 24 provincias y 2200 municipios. Si una política sale bien en Godoy Cruz, Mendoza, es difícil que se pueda aplicar en Tres de Febrero, provincia de Buenos Aires, o en Palpalá, Jujuy, o en Pico Truncado, Santa Cruz… y si a alguien le sale bien en esos cuatro puntos, todavía le faltan 2196 lugares”, cerró Arroyo.

Hambre vs. droga

En las últimas horas el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires describió una realidad que cientos de referentes barriales vienen advirtiendo hace años, y es que las distintas instancias en la producción y distribución de sustancias se convirtieron en rebusques de las familias pobres, aún en casos no vinculados a consumos.

“La gente se dedica a vender droga porque se quedó sin laburo», dijo Axel Kicillof, y desde la oposición no tardaron en intentar cobrarle esa expresión. “Con su declaración pareciera de que Kicillof busca convertir a la PBA en una zona liberada”, escupió la ministra Patricia Bullrich.

Canal Abierto conversó con Lorena Pastoriza, fundadora de barrio Ocho de Mayo, en los márgenes del Río Reconquista, en la localidad de José León Suarez, partido bonaerense de San Martín, uno de los asentamientos que componen la denominada Área Reconquista, en donde la organización social se convirtió en la principal herramienta para combatir los males del sistema, agigantados con la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada.

“A esta altura –la droga- es parte de la economía de emergencia, de lo que sustenta muchas bocas, empezó con el tema de los soldaditos que eran los pibes que consumían, siguió con las madres que guardaban y hoy es parte de la economía de las familias”, dice.

“Antes la economía social era lo que se generaba en los barrios, los integrantes de una comunidad o mediante sus organizaciones entraban en un proceso de producción de algo o de intercambios, y de ahí algún mecanismo de financiamiento o consumo de bienes, eso es la economía popular, lo que hizo este gobierno claramente fue desmembrar eso”, amplia la dirigente barrial. .

“Quedaron miles y miles de familias sin ninguna otra moneda más que un AUH, un Argentina Trabaja o una Repro, entonces muchas mujeres que estaban en este tipo de emprendimientos lo que encontraron como salida de emergencia es guardar falopa en la casa”, dice, y sentencia: “En nuestro barrio, en este año, tenemos siete mujeres que fueron presas por tener droga en la casa, no vender, solamente guardarla”.

Y puntualmente sobre las declaraciones del futuro gobernador, Pastoriza no duda: “Celebramos que se reconozca esta realidad como un problema emergente de una situación social muy grave y mucho más compleja. Las familias no viven con un plan, lamentablemente la droga esta tan arraigada en el territorio que esta es una forma más de la micro-economía barrial de los que están en situación de indigencia. Decir la verdad no es hacer apología de la droga, es tener un diagnóstico acertado para saber cómo salir a combatir este flagelo”.

 

El comedor comunitario

La agrupación Ocho de Mayo tiene desde la fundación del barrio en 1998 un centro comunitario en el que las familias del barrio realizan y sostienen distintas actividades formativas y sociales, que últimamente debió recostarse sobre las urgencias alimentarias: “Habíamos dejado de ser un simple comedero para enfocarnos más en las tareas lúdicas, recreativas y educativas de los pibes, pero se empezó a ver que las necesidades eran cada vez más, como en 2000 o 2001, que se acercaban por la leche y el plato de comida más que por las actividades. En principio pasó con los pibes, pero después todo el núcleo familiar”, dice Lorena.

Justamente, el cuarto punto del plan presentado hoy por Arroyo apunta a la “Transformación progresiva de Comedores Comunitarios y Merenderos en Centros Comunitarios de Seguridad Alimentaria y Nutricional, donde junto a la alimentación se brinde el cuidado de la salud, controles sanitarios y educación nutricional”.

“No hay la cantidad de alimentos necesaria para semejante demanda, las familias de tapper –explica Pastoriza que son las que vienen a buscar, son entre 130 y 160, eso hay que multiplicarlo por cuatro o cinco platos en cada vianda. Y después el consumo interno: son alrededor de 80 pibes, y la UDI (Unidad de Desarrollo Infantil, con nenes de 2 a 5 años), que son 50 nenes más, que desayunan y almuerzan en el centro”.

Todo ese esfuerzo se sostiene con un equipo de nueve personas, que están “absolutamente desbordados. Nosotros tenemos el respaldo de nuestra cooperativa ciruja de reciclado de residuos, sino sería imposible, pero esa no es la realidad de la mayoría de los comedores”, aclara.

 

Descargar el proyecto completo: ARGENTINA SIN HAMBRE

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