Me gusta la democracia
porque permite apreciar
el arrollador avance
del que tiene libertad
para exprimir a unos cuantos
y aumentar su capital.
Si sientes ruidos de sables
es pura casualidad”

Ángel Parra

Por Carlos Saglul | El discurso de las derechas gobernantes se complementa con patrullas militares ante la rebelión popular que se va extendiendo. La mujer del presidente de Chile, Cecilia Morel le dice a una amiga que “los sublevados” vienen  a dejar sin alimentos a Chile, “son alienígenas” arriesga. Más terrenal, la ministra argentina de Seguridad Patricia Bullrich habla de “terrorismo” y el senador Miguel Ángel Pichetto atribuye los sucesos a una operación cubano-venezolana.  ¿Qué pasará este domingo si masivamente la gente vota al Frente de Todos? ¿Acusarán a Maduro de fraude a distancia a favor de Alberto Fernández?

Todo esto podría resultar gracioso si en Ecuador y Chile el pueblo no hubiera pagado su reclamo de dignidad con muertos, heridos. Observar las calles de ambos países a través de las cámaras de televisión recuerda más a las dictaduras de los setenta que a la reconquistada democracia. ¿Cuál era el discurso del terrorismo de Estado durante el gobierno constitucional de Isabel Perón en la Argentina? Los asesinados eran “agentes marxistas, infiltrados extranjeros”, “seres de ideas extrañas al ser nacional”. Es decir, extranjeros, gente sin lazos comunes, más fácil de ser exterminados sin  generar protesta. La vieja grieta, la verdadera grieta está más clara que en ningún otro país del continente. Fue la nación que más creció. Sin embargo la pobreza no se redujo. El reparto desigual de la riqueza que armó la dictadura jamás fue tocado: el 70 por ciento se concentra en manos del 5 por ciento más rico.

Días atrás, Sergio Massa estuvo en Estados Unidos (siempre ha sido un hombre de buenos contactos en el país del Norte), donde el Departamento de Estado le impuso sus reclamos para ayudar en la renegociación de la deuda externa, la enorme inversión de ese organismo para que los grupos económicos pudieran fugar del país el resultado de la rapiña de los años macristas.  Les molesta la posición neutral de Fernández en el tema Venezuela cuando Estados Unidos no abandona el delirio de invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca – TIAR-, para invadirla. También cualquier negociación comercial con China, indispensable para Argentina en varias áreas como energía. No han sido menores las presiones de los grandes grupos económicos reunidos en el coloquio de IDEA-Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina, que directamente pidieron se conserve a las segundas líneas del macrismo en el manejo de la cuestión económica durante el próximo gobierno.

El bloque de poder que manejó el país hasta el momento está lejos de retroceder ante el repudio popular, Macri como Piñera, que hasta ayer hablaba del “milagro chileno”, hablan de países que no existen o, en todo caso, creen que a su nación las habitan solo las clases que ellos defienden y que son las únicas que se han beneficiado con sus gobierno.

El neoliberalismo sigue siendo el principal enemigo de la democracia en el continente. Basta mirar las fotos de la represión en Chile y Ecuador, tener en cuenta las declaraciones de Patricia Bullrich para saber que a quienes hoy comienzan a sentir adversas las urnas, poco les importaría echar mano a las fuerzas de seguridad para acallar a esos que interfieren sus paraísos perfectos.

Piensan que en Chile, aquí, Ecuador, hay gente que debería entender que no tiene mérito para los supuestos derechos que demanda y les dio el populismo y son privilegios inaceptables. “La tecnología hace que sean necesarias cada vez menos manos de obra, muchos oficios no tienen destino”.

Hay provincias que son inviables, “zonas muertas para la economía mundial”. Ellos saben qué hacer con este problema y no los populistas que quieren cobrar más impuestos, reducir las ganancias, inventar trabajos inviables para los que sobran.

Quizá suena a exageración pero las dos grandes divisiones que hoy tiene el continente son la democracia populista y un liberal fascismo, una caricatura de democracia que sin mayores traumas –como ya lo hizo-, puede convivir con el terrorismo de Estado.  Estados Unidos como en los setenta vigila su patio trasero, son horas donde la unidad del campo popular cobra el valor de la sobrevivencia democrática.

 

Foto: Migrar Photo. (Chile)

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