Redacción Canal Abierto | Desde el comienzo del cepo, el dólar ya se disparó $4,64. Ayer, la venta de reservas del Banco Central para evitar una escalada aún mayor fue de US$570 millones, y elevó a casi US$20.000 millones el monto total que se perdieron desde las PASO. Sin embargo, hoy la divisa superó los $64. Y es que las canillas de la fuga son muchas y el Gobierno las cierra a medias.

“Si bien parte de estas subas tengan que ver con lo que suceda en el campo político este domingo, es posible que el lunes se renueven las presiones, siga goteando la pérdida de reservas y la presión sobre el mercado de cambios”, evalúa Luz García Balcarce, economista de la UBA.

Para la especialista, es muy difícil especular sobre lo que hará la gestión macrista con esta sangría, pero no le parece descabellado pensar que las restricciones para la adquisición de dólares podrían ampliarse -de los US$10.000 actuales, a menos de US$5.000 por mes-, pese a que el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, sostuvo que no piensan hacerlo.

“Cuando uno ve las estadísticas del mercado de cambios, se ve que la mayor parte de las compras son de menores montos, de ahorristas o de las empresas que se cubren –explica en diálogo con Canal Abierto-. El 70% de las personas compra menos de US$1.000 por mes, porque ante la caída del salario la capacidad de ahorro disminuyó notablemente, sobre todo a medida que sube el dólar. Lo mismo ocurre en las empresas: el 80% de las compras son de montos pequeños. Con lo cual, el Gobierno tiene margen para aumentar el cepo, porque en realidad una restricción mayor afectaría a una porción minoritaria y esto le daría más aire para evitar que se sigan perdiendo reservas y que el dólar siga subiendo”.

En efecto, según el balance cambiario de septiembre que acaba de publicar el Banco Central, el 66% de las personas físicas compró menos de US$1.000. Si tomamos a los que compraron hasta US$5000, llegan al 90%.

Y el cepo, en parte, funcionó. Si bien el ministro de Producción, Dante Sica, la consideró una medida “kirchnerista” que tomaron porque “no quedó otra”, ésta hizo que la demanda de dólares bajara de US$6.000 millones mensuales, en agosto, a US$3.000, en septiembre. Pero, anualizada, la fuga sigue representando la friolera de US$35.000 millones.

 

Las estrategias

Además, otro de los grandes problemas a resolver es la caída de los depósitos en dólares del sector privado. El retiro redunda en caída de las reservas, ya que por cada US$100 dólares depositados en una entidad bancaria, los bancos tienen obligación de depositar, en calidad de encaje, US$50. “Esto se fue moderando pero sigue existiendo. Tiene que ver con la desconfianza de la gente en el sistema bancario tras el corralito, que a mi juicio es poco fundada. No sucedió durante el gobierno de Cristina y tampoco veo al gobierno actual, en el caso de una reelección, con voluntad de hacer uso de ese recurso”, sostiene García Balcarce.

¿Cómo frenar, entonces, la corrida y la caída de reservas? Para Martín Burgos, economista del Centro Cultural de la Cooperación, existen varias herramientas que el Gobierno aún se ha negado a aplicar. “Restricción de la demanda y un tipo de cambio diferencial”, sugiere.

Más información: El cepo que viene

Para Burgos, se trata de aumentar el cepo, pero también de ofrecer una alternativa legal al mercado paralelo. “Hoy por hoy, pese al haber un límite a la compra, hay gente que necesita ahorrar en dólares por distintas razones. ¿Quién le vende a esa gente? La oferta de dólares proviene muchas veces del llamado ‘rulo’: personas que compran al tipo de cambio oficial y venden en el famoso dólar blue (ilegal), o de los pequeños ahorristas que empezaron a vender para llegar a fin de mes. No es mucha plata la que circula, es marginal, pero tiene impacto, sobre todo en lo mediático”, analiza.

Con esa lógica, el tipo de cambio paralelo es también un incentivo para que la gente saque los dólares que tiene en el banco y los venda en el mercado ilegal. Lo que genera, como vimos, caída de las reservas.

Para desactivar el mecanismo, Burgos imagina un desdoblamiento del tipo de cambio: uno comercial, y otro financiero. “Establecer un tipo de cambio diferencial para ahorro, más caro que el oficial (por ejemplo, a $80), haría que el Central se hiciese cargo de la compra de quien quiera vender sus dólares sin pasar por el blue. Esto le permite a la entidad recuperar los dólares y, al mismo tiempo, desincentivar la compra, que sería a un precio mayor. Es decir, reduce la demanda, porque le pone un costo, y le da un incentivo a la oferta”, explica el economista.

 

El tema de la deuda

El drama de la fuga se incrementa cuando se considera para qué quiere usar los dólares el Central: el pago de vencimientos de deuda.

“Hay vencimientos constantemente y a partir de diciembre van a seguir. En eso consta la pelea: para qué se van a usar las reservas, si para satisfacer la demanda de ahorro de las personas, o para cumplir con los vencimientos de deuda y evitar el default”, resume García Balcarce.

En un país donde el monto de las exportaciones anuales asciende a US$60.000 millones, una fuga superior a la mitad y vencimientos de US$20.000 millones anuales, como los de 2019, 2020 y 2021 son imposibles de afrontar.

Para Burgos, la única salida posible es mediante una estrategia de pinzas: “La fuga de capitales y la deuda externa son dos problemas importantísimos, que representan más de US$40.000 millones anuales entre los dos. Hay que poder recortar de los dos lados porque cuanto más los podamos reducir, más aire vamos a tener para crecer. Es importante tratar de que el tipo de cambio no suba, que se estabilice porque eso impacta directamente sobre inflación. Es hora de dejar de pensar en devaluar como una solución a los problemas argentinos porque lo único que hace es abrir la fábrica de pobres. Hay que ver de qué forma se puede reforzar el cepo para que no haya tanta salida de dólares, renegociar la deuda, y tratar de que haya continuidad entre lo que está haciendo Lacunza y lo que viene a hacer el próximo gobierno. Si eso tiene resultado, puede llegar a aparecer otra perspectiva para la Argentina”.

 

Ilustración: Marcelo Spotti

 

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