Redacción Canal Abierto | Finalizando un año de modorra parlamentaria y sobresaltos políticos y económicos, se espera que en la sesión de la Cámara de Diputados que tendrá lugar el próximo miércoles se trate el proyecto de Cupo Femenino en Festivales. La iniciativa, que cuenta con media sanción del Senado, plantea que en las grillas de los festivales de música se incluya un piso del 30% de las agrupaciones integradas por mujeres.

“Todo evento musical que abarque a más de tres agrupaciones sobre un escenario es un festival para esta ley. También abarca todo lo que son programaciones anuales públicas y privadas. En un centro cultural público que tiene una programación anual, esta tiene que haber programado un 30% de agrupaciones con mujeres”, contó a Canal Abierto Celsa Mel Gowland, una de las autoras del proyecto, que, como parte del camino a su tratamiento, participará junto a Romina Coluccio, integrante de la Cooperativa de Trabajo de la Comunicación Social y la artista Chocolate Remix, del conversatorio “Toca une, tocan todes”, sobre géneros y feminismos en la música. La actividad tendrá lugar a partir de las 20 en el bar Bombay, Buenos Aires 538, en Castelar.

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La inquietud sobre la legislación surgió a partir de estudios que mostraban que nuestro país era el más injusto en esta distribución: en 46 festivales de distintos géneros y de todas las regiones del país, solamente el 10% de los grupos que se presentaban tenían integrantes mujeres.

Al respecto Mel Gowland, contó que «recibimos un estudio de una revista chilena que se llama La Ruidosa en el que decía que Argentina era el peor país de Latinoamérica en cuanto a representación de mujeres en los escenarios, que era del 13%. Ahí nos dimos cuenta que teníamos que hacer nuestros propios estudios. En marzo de 2018 nos pusimos a analizar los 46 principales festivales del país, abarcando las 6 regiones culturales. Analizamos esos festivales durante un año y los números nos dieron peores: de 1605 agrupaciones musicales que pasaron por esos festivales durante un año, solamente 160 tenían una mujer en su conformación, lo que nos daba el 10%».

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«A partir de ahí, conformamos una mesa de música con referentas de todo el país, con representantes de todas las regiones, edades, géneros y pensamiento político. Ahí empezamos a pelear por el proyecto de ley, que se lo llevamos a la senadora Anabel Fernández Sagasti (NdA: senadora nacional por Mendoza. Bloque FPV-PJ), que lo presentó a la banca de la mujer, no como un proyecto propio ni de su bloque sino como un proyecto de esta colectiva de música. El proyecto entró con 14 firmas de 5 bloques. A partir de eso trabajamos muchísimo, juntándonos con senadoras y con todos los estamentos de la actividad musical, a excepción de productores y la asociación de managers. Así logramos la media sanción, casi por unanimidad. El proyecto fue girado a diputados, tuvo el dictamen positivo de las dos comisiones a las que fue girado. En la última reunión, en la Comisión de Cultura, logramos los acuerdos necesarios tanto con los productores como con los managers», prosiguió.

Desde que se planteó el proyecto, hubo voces vinculadas al ámbito que se manifestaron tanto a favor como en contra. Entre los últimos hubo músicos y, particularmente, productores de festivales. Su argumentación se basaba en la falta de músicas convocantes que traccionaran la venta de entradas para eventos de estas características. No faltó quién les sugiriera que organizaran su propio festival, sólo con artistas femeninas.

«Ese es un perro que se muerde la cola. Con toda lógica, ellos sólo piensan en la rentabilidad, no en democracia cultural, ni en la multiplicidad de voces ni en las posibilidades de expresar los distintos mundos sensibles que hay dentro de la música. El problema es que nuestros empresarios y productores sufren de miopía y de presbicia. De miopía, porque no nos vieron venir a las mujeres ni de lejos ni ahora que nos tienen delante de la nariz. Hay grandes productores de espectáculos y de festivales enormes que no conocen a músicas que cortan muchísimos tickets. Lo que les venimos diciendo es que se están perdiendo el negocio de la mujer en la música, que va avanzando en el mundo y ustedes vienen atrás», respondió Mel Gowland .

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El contexto en el que la ley busca su sanción definitiva no es el más apropiado para una iniciativa de este tipo. Se da sobre el final de un año difícil, en el tramo de una transición a menos de un mes del traspaso presidencial y con un contexto regional que presenta a la situación local como envidiable.

«Son tiempos muy convulsionados y estamos muy tristes por lo que está pasando en los países hermanos. También sabemos que hay otras urgencias en el país. Pero este no es sólo un reclamo de género, sino también laboral. Las músicas tenemos derecho a cobrar nuestros derechos de autor por nuestras actuaciones en vivo. Si no podemos tocar, no podemos cobrar. Y es el salario de las compositoras. Se vienen los festivales de verano y estamos haciendo mucha fuerza para que ya se empiece a cumplir en los festivales este año. Sabemos que quizá no sea una prioridad, pero si lo es para nosotras como trabajadoras de la cultura», concluyó la cantante.

 

 

 

 

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