Redacción Canal Abierto | “Acá hay una pelea por quién se queda con el negocio del transporte”, aseguró a Canal Abierto el delegado de la combativa Línea 60, Esteban Simonetta, quien agregó: “la toma del edificio no es más que una expresión de la falta de política obrera por parte de Roberto Fernández (titular del gremio), y de los intereses empresarios de un sector de la oposición”.

Las violentas imágenes que se dieron en la sede de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) -en la esquina de Moreno y Dean Funes, en el porteño barrio de Once-  reflejan algo más que una simple disputa interna sindical.

“El grupo monopólico DOTA, a través de su representación sindical, encarnada en la figura de Miguel Bustinduy, intenta quedarse con nuestro sindicato. Bustinduy, quien fuera aliado de Fernández, opera hoy bajo los intereses directos del grupo DOTA, liderado por la familia Faija”, explicó Simonetta.

El líder opositor -otrora oficialista- se formó como dirigente gremial en los años 90´, al interior del denominado Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA). Desde entonces sostiene una buena relación con el líder camionero Hugo Moyano, figura saliente de uno de los espacios gremiales que supieron combatir al menemismo.

Un hecho de importancia es que semanas atrás hubo elecciones en la UTA, pero Fernández impugnó la lista que presentada por Bustinduy. “Ni uno ni otro representan a los trabajadores del transporte”, lanzó el delegado de la Línea 60. “Para salir de esta crisis, hay que democratizar la UTA. Esto es, abrir las puertas y darle participación a los laburantes y delegados”.

“En el medio de este conflicto quedamos los laburantes y demandas que hoy son urgentes”, señaló. En efecto, mientras ambos sectores se disputan de forma violenta el sindicato, hoy un chofer que ingresa cobra alrededor de 33 mil pesos en mano.

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