Por Gladys Stagno | El martes 17, la Legislatura mendocina estuvo sitiada seis horas. La manifestación que logró que se levantara la sesión estaba compuesta por asambleas populares, organizaciones sociales y vecinos y vecinas autoconvocados y llevaba una sola consigna: “El agua de Mendoza no se negocia”. Adentro del recinto, los legisladores pretendían modificar la Ley 7722 para posibilitar el avance de la megaminería en la provincia. Y hoy lo intentarán de nuevo.

“La ley está vigente desde 2007. Fue impulsada por la población. Me acuerdo que era junio y hacía un frío terrible, pero hubo cortes de ruta, ayunos. Así se gestó la 7722. Para nosotros, esta ley es la guardiana del agua. Y la vamos a defender”. La que habla es María Teresa “Guni” Cañas, docente e integrante de las Asambleas Mendocinas por el Agua Pura, quien hoy formará parte en las múltiples manifestaciones que a lo largo de toda la provincia intentarán impedir que la Legislatura apruebe el proyecto del flamante gobernador Rodolfo Suárez en un trámite exprés.

La importancia de dichas modificaciones a la ley se concentra en el vaciamiento del artículo 1, que prohíbe el uso de cianuro, ácido sulfúrico, mercurio, y otras sustancias tóxicas similares en toda la minería metalífera que se practique en territorio mendocino. “El nuevo texto dice que queda permitido todo lo que lo esté en el país, y para lo único que mantiene la prohibición es para el mercurio, que prácticamente las megamineras ya no utilizan”, explica Marcelo Giraud, geográfo y asambleísta.

El interés de las megamineras en el suelo mendocino apunta, principalmente, a la extracción de cobre, oro y plata, como ocurre en gran parte de América Latina, a lo largo de la Cordillera.

Es la política

La intentona minera se da en momentos políticos y climáticos particulares. En lo que respecta al primer escenario, el presidente Alberto Fernández se reunió la semana pasada con el gobernador Suárez y días después, durante el almuerzo de fin de año de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) aseguró que tanto en Mendoza como en Chubut –otra provincia con leyes vigentes contra la megaminería– estaban las condiciones dadas para su avance. «En Mendoza logramos que salga una ley para que se involucre en la explotación minera y en Chubut hemos logrado que en la zona de la meseta podamos explotar oro y plata. Allí está nuestra riqueza y eso es abrirnos al mundo con inteligencia», manifestó el Presidente.

Las fuerzas que respaldan a Suárez (UCR) y a Fernández (PJ) constituyen la facción mayoritaria en la Legislatura y tendrían los votos asegurados para la modificación. Pero la cuenta no es tan sencilla. “El gobernador está diciendo que el radicalismo y el justicialismo, que son los partidos que quieren la modificación, cuentan con la mayoría de los votos. Creen que la democracia directa es un cheque en blanco y esa es una lectura política un poco cínica –analiza Cañas–. Hay radicales y peronistas que nos apoyan, la discusión es ultra transversal y hay mucha divergencia. Los bloques no van a votar monolíticamente”.

Y agrega: “Por otro lado, no paran de llegarnos adhesiones de todos lados: de diversas ONGs, de científicos del CONICET, movimientos feministas, el apoyo de los profesionales de la salud, de periodistas, artistas, de las comunidades mapuches. Que esto ocurra sólo se explica si hay un acuerdo político de liberar la zona para la megaminería, porque el lobby minero tiene un fuerte poder”.

Al cierre de esta nota, el Senado provincial le había dado media sanción a la modificación.


La cuestión del agua

En lo que refiere a lo ambiental, la cuestión en todavía más grave. Mendoza es, en términos geológicos, un desierto, atravesado por corrientes de agua que constituyen oasis alrededor de los cuales se erigen las ciudades. El agua nunca sobró, pero de un tiempo a esta parte sobra menos.

Estamos en una emergencia hídrica brutal. Estos últimos diez años fueron el período más seco registrado jamás en la historia. Los ríos mendocinos en este momento están teniendo entre el 35 y el 18% del caudal normal para esta misma época. Ninguno de los ríos tiene ni siquiera la mitad del agua que normalmente traen a esta altura del año –detalla Giraud–. Eso es consecuencia del impacto del cambio climático. Hay una tendencia muy definida de que a lo largo del siglo vamos a tener cada vez menos agua. Si vos le quitás agua al río para entregársela a las mineras en estas condiciones, es agua que le estás quitando a los otros usos que por la Ley de Aguas tienen prioridad, como el riego y el agua potable”. 

De esta manera, una de las grandes industrias mendocinas, la vitivinicultura, vería afectados sus intereses por el gran peligro que representa el avance de la megaminería en la reducción de agua para riego. Como consecuencia, no son pocos los agricultores y viñateros que acompañarán las protestas este viernes.

El otro peligro son las altas probabilidades de contaminación de los cursos de agua que una actividad extractivista de gran escala supone. “No se trata solamente de que se produzcan grandes derrames, como fue el de Veladero, en San Juan, sino de la liberación de metales pesados en el río”, agrega el geógrafo.

La ley guardiana

Desde 2007, la Ley 7722 sufrió muchos embates, pero hasta el momento no pudieron con ella. En 2015 fue ratificada como constitucional y su vigencia ha salvado hasta ahora al pueblo mendocino de las graves consecuencias ambientales que han padecido sus vecinos de San Juan.

Hoy, se defenderá con cortes de ruta a lo largo y ancho de toda la provincia, y vigilia al lado de los caminos. 

Ni el cerco mediático y la campaña de desprestigio desatada contra los asambleístas por los grandes medios locales, ni el código contravencional que criminaliza la protesta vigente en la ciudad capital evitarán la masividad de la movilización.

Para Cañas, la situación es clara: “Ésta es una ley que profundiza el cuidado de los bienes comunes. Y lo que se propone es una ley regresiva, que desprotege. Esta gente está atentando contra nuestra supervivencia. Lo que quieren hacer es suicida”.

 

Mitos y verdades sobre la megaminería
  • La generación de empleo: “En cualquier continente al que van, y cuanto más pobre y más en crisis coyuntural estén es peor, la principal carnada que le ponen al anzuelo las mineras es que va a haber más empleo, pero eso es realmente un mito. La cantidad de empleos en minería metalíferas registrados en todo el país no llegan a 10.000”, detalla Giraud.
  • Regalías para la provincia: La minería paga pocos impuestos y la mayor parte de lo que paga lo hace al Estado nacional. La provincia donde se desarrolla el proyecto sólo percibe el 3% de la facturación a cambio de dejar ir el patrimonio provincial.
  • Una necesidad del progreso: De América Latina sale entre el doble y ocho veces más, según el metal, de lo que los latinoamericanos consumimos. “El continente sigue teniendo esa matriz exportadora de naturaleza, a costa de cargar con la mochila ecológica. El consumo ajeno deja sus huellas y sus desastres en los territorios y las sociedades de nuestra América”, resume el geógrafo.

Recibí más periodismo de este lado

Nuestros temas