Por Carlos Saglul | El tema recurrente es la violencia. Hasta hace unos días la discusión era el cordero arrojado desde un helicóptero por diversión por uno de esos nuevos ricos que abundan en la Argentina desde la dictadura para acá. Ahora el tema cambió. Los medios están escandalizados por el asesinato del joven Fernando Báez Sosa muerto a patadas por un grupo de chicos de un club de rugby. Llaman a psicólogos, periodistas deportivos, dirigentes. ¿A qué se debe ese sentimiento de impunidad? ¿Y esa violencia que se repite, se expande?, preguntan.

Alfredo Yabrán, que del tema sabía mucho, cuando le preguntaron a que asociaba el concepto de poder, respondió en uno de los pocos reportajes que concedió: Impunidad.

No hay mayor impunidad que ser dueño de la realidad, de lo que está bien o mal. Aún de lo que sucede o jamás sucedió.

¿Cuántos medios se escandalizaron cuando el viernes pasado el presidente Donald Trump en una reunión con millonarios que aportan a su campaña les contó con lujo de detalles como asesinaron al general iraní Qasem Soleimani? ¿Existe Naciones Unidas? “El misil se acercaba. El oficial me dijo le quedan pocos minutos de vida. Era como una película”.

Los millares que acompañaron su cuerpo durante el funeral opinan que Soleimani, entre otras cosas, los salvo del horror que significaban las bandas terroristas del ISIS financiadas por Estados Unidos e Israel. Trump dice que asesinó al general “por terrorista”. ¿Pruebas?, ninguna.

¿Alguien habla de juzgar a Trump por asesinato? ¿Qué se sabe de los que murieron con el militar iraní, producto del misil? ¿A quién le preocupan los daños colaterales? -así se llama ahora a las masacres de inocentes-. Porque el poder no solo te dice cual es la realidad, le pone nombre a las cosas, te dice lo que se puede ver y lo que no.

Los consejos de Felipe

Es tanta la información, que la gente termina con la memoria frágil. Pocos se deben acordar de aquella frase memorable del canciller Felipe Sola cuando le preguntaron el secreto de mantenerse en el poder: “Hacerse el boludo”, dijo.

Uno no pudo menos que recordar el consejo cuando el gobierno argentino condenó al de Venezuela por impedir sesionar a la Asamblea Nacional. Independientemente de la opinión que merezca el gobierno de ese país, lo cierto es Juan Guaido perdió la presidencia de esa Asamblea a raíz las disputas internas de la oposición por el reparto de los millones de dólares con los que Estados Unidos trata de mantener vivo la ficción de un Estado paralelo. Ante la inminente derrota Guaido montó, con complicidad -una vez más- del cerco informativo norteamericano, un incidente que presentó como “La prohibición por parte de los bolivarianos”, de dejarlo ingresar en la sede legislativa.

Alberto Fernández, sin avalar al gobierno de Maduro, resiste las presiones estadounidenses para tratarlo como una dictadura y así posibilitar el último recurso del Departamento de Estado: la invasión por parte de ejércitos latinoamericanos a Venezuela. Parte de la delegación de Estados Unidos desistió de participar de la asunción de Fernández cuando verificó que habían sido invitados representantes venezolanos. Venezuela, el refugió brindado al presidente constitucional de Bolivia, Evo Morales, depuesto por un golpe orquestado por el Departamento de Estado son apenas parte de las diferencias con la administración Trump.

Israel optó por no enviar a su representante a la asunción de Fernández, luego de que la ahora ministra de Seguridad, Sabina Frederic sugiriera la posibilidad de sacar a Hezbollah del listado de organizaciones terroristas. Apenas horas después de la explosión de la bomba en la AMIA, Estados Unidos e Israel condenaron a la organización musulmana como supuesta autora del ataque. El fiscal Alberto Nisman, como lo demuestran aún revelaciones de ex agentes de la CIA en Buenos Aires, fue fundamental en la trama que justifica poner a Irán en la mira de los bombarderos norteamericanos.

Si se hubieran investigado en profundidad las causas del suicidio, las cuentas en el exterior del fiscal y a quienes le giraban fondos, seguramente la pesquisa hubiera tomado otro rumbo.

La piedra en el zapato

La principal piedra en el zapato de Alberto Fernández es Estados Unidos. Mientras Cambiemos realizaba en Buenos Aires un acto en homenaje al fiscal, algunos trasnochados insistían nuevamente en la versión de un comando venezolano-iraní como autor de la muerte. Para que no quede duda de quién es el productor de esta obra, ese mismo día nada menos que el secretario de Estado, Michael Pompeo, rindió homenaje al fiscal y pidió a todos los países que condenen a Hezbollah.

Estos hechos explican el contundente gesto del presidente Fernández de viajar a Israel, en su primera salida del país y marcan claramente los condicionamientos que la deuda externa significa para el país.

Rodeado por gobiernos de ultraderecha, ante la urgencia de acordar con el FMI para perfilar un plan económico, el gobierno argentino discute “la realidad” que tejen los delirios sangrientos de Trump, pero no tanto. Como México, que detuvo una caravana de millares de migrantes que intentaba ingresar desde Guatemala, en un claro guiño a Estados Unidos, aquí la receta también parece ser una de cal, otra de arena. Se resiste en condenar como dictadores a Nicolás Maduro y al depuesto, Evo Morales. Sin embargo, sí cederá seguramente en la calificación de Hezbollah y no sería raro que como con el atentado a la Amia, el suicidio de Alberto Nisman quede sin esclarecerse oficialmente. Una vez, más el Poder dictará la realidad.

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