Redacción Canal Abierto | Anoche, estalló el Gaumont. La sala porteña estrenó Andrés Carrasco, ciencia disruptiva, la película que narra la vida de Andrés Carrasco, el médico argentino especializado en biología molecular cuyo mérito y cruz fueron la misma cosa: denunciar que el glifosato enferma.

El documental de Valeria Tucci ahonda en la vida de quien fue presidente del CONICET y jefe del Laboratorio de Embriología de la Universidad de Buenos Aires, cuyo compromiso con la tarea lo llevó a la investigación que agitaría el avispero de la comunidad científica y, sobre todo, de los agronegocios.

Allá por 2010, el gigante Monsanto Company (hoy parte de Bayer), que comercializa los pesticidas bajo el nombre comercial de Round-up cuyo ingrediente clave es el glifosato, aseguraba que el mismo era razonablemente inocuo. Pero Carrasco lo investigó junto con su equipo y aportó pruebas sobre los efectos nocivos de la sustancia en el desarrollo de vertebrados.

El estudio de Carrasco, publicado en la revista Chemical Research in Toxicology, llegó a la conclusión de que inyectar dosis muy pequeñas de glifosato a embriones puede cambiar los niveles de ácido retinoico, lo que provoca los mismos defectos en la espina dorsal que los médicos comenzaron a ver de forma recurrente en las comunidades expuestas a las fumigaciones. El ácido retinoico, que es una forma de Vitamina A, es fundamental para combatir el cáncer.

La ciencia no es neutral

Valiéndose de tecnicismos, Monsanto desestimó sus resultados y el propio ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de entonces, Lino Barañao, desacreditó su trabajo. Entonces, Carrasco quedó en el fuego cruzado entre el Estado, la multinacional y la comunidad científica, en un momento en el que el uso del pesticida se había extendido en la Argentina. La película de Tucci se enfoca, sobre todo, en estos últimos años de investigación del científico, quien falleció en 2014 a los 67 años.

“La ciencia no es neutral, y si los científicos piensan que es neutral, están cometiendo no sólo un error, sino una irresponsabilidad, porque cada creación científica y tecnológica, y éste es un ejemplo está destinada a un propósito. Y los propósitos no siempre son virtuosos. Siempre hay un sentido, y los sentidos no son neutros, como quieren algunos colegas. Los sentidos tienen intenciones, contextos históricos, intereses económicos e ideológicos”, sostiene Carrasco en una charla que se oye en un fragmento.

El film viene de participar en el Terra di Tutti Film Festival en Italia; el 26° Festival Internacional de Cine del Medio Ambiente (Suncine) de Barcelona; y en el Festival Internacional de Documental Ecológico de Bozcaada (BIFED), en Turquía. En el Cine Gaumont (Rivadavia 1635, Ciudad de Buenos Aires) estará en cartelera hasta el miércoles 12, con entradas a $30.

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