Redacción Canal Abierto | El rectángulo comprendido entre Rivadavia, Entre Ríos, Hipólito Yrigoyen y Luis Sáenz Peña, en el centro porteño, abarca tres manzanas. Ese predio, la Plaza Congreso, y todas sus calles aledañas fue ocupado este 9 de marzo por cientos de miles de almas que coincidieron en un documento que contiene 39 veces la palabra “deuda”.

“La deuda es con nosotras”, afirma el texto que fue leído en el escenario montado frente al Congreso Nacional. Y así lo entendieron quienes se manifestaron en la jornada de lucha que acompañó el IV Paro Internacional Feminista en la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras.

Un paro que fue por todo. Porque sea ley la Interrupción Legal del Embarazo, por la separación de la Iglesia del Estado y el no pago de la deuda contraída con el FMI “ilegal y fraudulenta”. Por la reivindicación de las grandes mujeres invisibilizadas por la historia, y el reconocimiento a las originarias y afrodescendientes. Por la ESI. Por la memoria de las activistas travestis que dieron los pasos necesarios para la derogación de los edictos policiales y la conquista de la Ley de Identidad de Género. Por las que ya no están, víctimas del femicidio que en la Argentina se lleva una vida cada 26 horas.

Un paro que también fue contra todo. Contra el extractivismo. Contra la forma de vida impuesta por el capitalismo neoliberal. Los fundamentalismos religiosos, los fascismos, y el racismo. Contra la precarización laboral, el trabajo no remunerado y la informalidad. Y contra la justicia clasista y patricarcal que encarcela mujeres que se defienden, resisten o abortan.

“El transfeminismo popular, antipatriarcal, antiracista, antibiologicista, anticapacitista, anticlerical, anticapitalista, antiimperialista y transversal seguirá fortaleciendo las acciones en cada territorio, en cada comunidad, en cada barrio, en las fábricas, en las casas, en los hospitales, en las calles, en el campo, en las universidades, en cada sindicato y en cada conflicto, en cada lugar hasta que todo sea como lo soñamos”, remata el documento que terminó de leerse pasadas las 19.

La Plaza permaneció llena hasta entonces. Luchando “hasta que valga la pena vivir”, dijeron.

Trabajadoras somos todas

Una vez más, la columna sindical marchó unida. Como un buque insignia del sindicalismo argentino, el feminismo de todas las centrales obreras logró unificar tras la misma consigna y bandera (“Trabajadoras somos todas”) la columna más nutrida de la marcha que llenó la Plaza Congreso.

La CTA Autónoma, la Corriente Federal de los Trabajadores, la Confederación General del Trabajo, la CTA de los Trabajadores, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, la Corriente Clasista y Combativa y la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo lograron por cuarto año consecutivo un hito en la lucha obrera: un paro con adhesión gremial absoluta.

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