Por Federico Chechele | No habrá un mundo nuevo tras la pandemia. Más allá de las teorías de un nuevo orden mundial que renacerá tras la culpabilidad sobre los miles de muertos que dejará el coronavirus y las economías destrozadas, no hay ningún reguero seguro que permita pensar que la geopolítica cambiará sus formas, sino todo lo contrario.

En varios sectores de la sociedad, la cuarentena golpea fuerte y trae aparejado un montón de situaciones por las cuales no se puede dejar de pensar en el otro. Sobre aquellos que están más vulnerables ante un posible contagio, sobre aquellos que no tienen nada y ahora tienen menos porque no pueden salir a la calle a buscar lo poco que generaban, y, fundamentalmente, sobre aquellos que trabajan a destajo en situaciones precarias. Quizás los aplausos de las 9 de la noche nos generen algo de empatía, pero del otro lados avanzan y, una vez más, pretenden salvarse solos.

Ayer circuló un mensaje de WhatsApp, en la cobardía del anonimato, cuyo título era REBELION FISCAL. AHORA O NUNCA. Ante el parate de la economía debido a la cuarentena, sectores empresariales, dieron por terminada la tregua sobre el prójimo y salieron con los tapones de punta a proclamar BASTA DE ABUSO FISCAL.

“Unámonos TODOS en una REBELIÓN FISCAL. Dejemos de financiar a un Estado ingrato y abusador. Dejemos que se valga por sí solo, como lo hacemos nosotros. Llevemos juntos un mensaje contundente de BASTA DE ABUSO FISCAL. Que por una vez sea el Estado quien nos pida por favor que hagamos, en vez de nosotros suplicar para que nos dejen hacer. Refundemos Argentina sobre la base de lo que alguna vez nos hizo grandes: nuestro poder emprendedor”, rezaba el comunicado ante el escozor que causaba al ciudadano común.

Y agregaban: “A partir del 1 de Abril del 2020, SUSPENDAMOS POR 90 DIAS la PRESENTACIÓN y PAGO de los Impuestos más regresivos que tenemos: Impuesto a las Ganancias, IVA e Ingresos Brutos. Suspendamos por 90 días el pago de AUTONOMOS y MONOTRIBUTO. Si TODOS JUNTOS nos sumamos a 90 días de abstinencia fiscal, el Estado sentirá el poder generador de nuestro aporte”.

Lo más payasezco fue que remataron la proclama citando a José De (sí, con D mayúscula) San Martín: “No hay revolución sin revolucionarios”.

Nadie desconoce la catástrofe económica que dejará el final de esta pandemia. Tampoco hace falta ser muy inteligente para entender que con las fábricas, pymes y negocios con candados se perjudica al empresario que invierte y lxs trabajadores que, en su mayoría, hacen la diferencia por fuera del sueldo básico; y más teniendo en cuenta que están a merced de suspensiones o directamente despidos. Todos sabemos los perjuicios que esta cuarentena acarrea, pero como dijo anoche el presidente Alberto Fernández «una economía que cae siempre se levanta, pero una vida que se pierde no se recupera jamás» y remató apuntándoles a los anónimos que reprodujeron en las redes de manera pornográfica la rebelión fiscal: “De lo que se trata para muchos de esos empresarios es de ganar menos, no de perder. Muchachos, les toco la hora de ganar menos”.

Siempre es una cuestión de clase. Más allá de la apreciación personal que cada uno tenga del presidente – en estos días cuenta con una imagen positiva cercana al 70% – sus enunciados y decisiones políticas están enmarcadas en lo que la mayoría de la sociedad reclama: cuidarnos entre todos.

Aquellos que creemos que se está yendo por la senda correcta y entendemos que la economía continuará desmoronándose con el paso de las semanas, también entendemos que será una nueva cruzada que los que habitamos este país deberemos afrontar como lo hicimos decenas de veces en nuestros 200 años de vida.

Y hay otros que abusan de su poder dominante imaginando rebeldías que no conmueven a las mayorías. Ya se levantarán, como casi todos. Los únicos que perderán son los que pierden siempre. A quienes el Presidente anoche le pidió que hagan un esfuerzo en sus barriadas, quizá la frase más cuestionable porque no se trata de querer o poner el hombro, sino de cómo hacerlo.

Por eso la sensibilidad de la pandemia es una mentira. Están ellos y estamos nosotros. Y están estos últimos. Una cuestión milenaria.

 

Imagen tomada de: desdeabajo.info

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